Las previsiones de crecimiento económico del FMI se han revisado en función del contexto internacional. El mundo crecerá 3.2%. África puede tener un buen año. La India es la economía que más crece. China modera su crecimiento y Estados Unidos crecerá 2.3%.
México va a crecer a la mitad del promedio global. La pregunta incómoda es: ¿Somos el enfermo de Occidente? Llevamos 25 años con una relativa estabilidad macroeconómica, logro que hay que conservar. Tenemos estabilidad con escaso dinamismo. Hace 25 años se decía que los gobiernos divididos impedían hacer las reformas que catapultaran al país. Después se habló de la discordia republicana, generada por una izquierda que no se sentía conforme con las reformas del “Pacto por México”. Pero ahora nos encontramos ante gobiernos unitarios que han hecho reformas constitucionales a su antojo, destruido contrapesos y manejado los presupuestos como han querido. Tenemos, además, una presidenta con el 70% de aprobación y un control férreo de la estructura territorial.
El vecino, del que dependemos muchísimo, a pesar de sus vacilaciones e improvisaciones, en el acumulado ha crecido más que México.
No hay manera de ignorar, pues, que algo está dañado en el circuito nacional. Los últimos datos del consumo hablan de una economía que pierde dinamismo y el debate sobre el incremento de precios ha adquirido proporciones enormes. Hoy tenemos el componente de Medio Oriente para explicar el incremento de los combustibles, pero el gobierno sabe que los precios han subido por los impuestos, los aranceles y las cargas sociales. Todo eso se tiene que pagar y está impactando en los precios.
El discurso gubernamental ha tratado de posicionar el mensaje del crecimiento económico como prioridad, así como modificar (en un sentido modernizador y pragmático) el sector energético. Sin embargo, tiene su relato un punto débil y es que al mismo tiempo que destraba nudos ideológicos, manda el mensaje de que la modernización política y administrativa no acompaña esta estrategia, sino que apunta hacia un modelo de partido hegemónico. Morena tiende a ser un partido de la época de Ruiz Cortines: un partido ligado al gasto público. Por lo tanto, aquellos que lo controlan siguen estando en condiciones de asegurarse posiciones en los cargos de elección popular y usan el gobierno como su plataforma. Vuelve la simbiosis partido/gobierno.
La historia reciente nos demuestra que no podremos tener un crecimiento económico saludable con un control político de los jueces y un sistema electoral que propende a la corrupción y a la compra de votos. La concentración de poder en el Ejecutivo no mejora las capacidades operativas del gobierno. Ahí está su sector energético o la incapacidad manifiesta de concluir una línea de ferrocarril que conecte al AIFA con la Ciudad de México.
Si lo que quiere CSP es crecimiento económico, debe renunciar a la concentración de poder en favor de una eficiencia técnica del gobierno. Hace unos días se anunciaba que tendríamos becas hasta por 1 billón de pesos y mi pregunta es, ¿se puede mantener un gasto así sin crecimiento o sin discutir seriamente si es la mejor manera de usar el dinero de los impuestos? Desde una lógica electoral es impecable, pues el gobierno se asegurará cada vez más clientela, pero es muy probable que el país siga en esta inercia económica que nos ubica a la mitad de lo que crece el mundo.
Si fuésemos Suiza o Suecia, tal vez un crecimiento moderado no sería problema, pero seguimos siendo un país subdesarrollado que necesita crecer más que los ricos si quiere disminuir las brechas que nos separan de las economías más prósperas.
Analista. @leonardocurzio

