Torreón.— Jaime y Heidy, dos , construyeron una vida en Kansas City, . Allá vivieron 15 años y tuvieron cuatro hijos. Lo que comenzó como un sueño, tras huir de su país por la violencia de las maras, terminó con detenciones y deportaciones por parte del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) que dejaron a la familia fracturada y con pocas esperanzas de reunirse pronto.

Jaime y Heidy se encuentran en el , en Torreón, . Sentados en el patio del albergue, se comunican con uno de sus hijos por el celular, pero la mala conexión les impide mantener una conversación.

“Hablan en inglés, pero uno los hace hablar en español”, comenta el padre, Jaime, con una sonrisa que le ayuda a paliar la distancia.

Heidy, de 36 años, tenía tres semanas de embarazo cuando la arrestaron. Foto: Francisco Rodríguez / EL UNIVERSAL
Heidy, de 36 años, tenía tres semanas de embarazo cuando la arrestaron. Foto: Francisco Rodríguez / EL UNIVERSAL

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La pesadilla de la familia comenzó en julio de 2025 cuando Heidy fue detenida mientras se dirigía a su trabajo en un restaurante. “Fue una emboscada”, comenta sobre aquel día. Pasó siete meses en un centro de detención donde —asegura— recibió un trato “terrible”, enfrentando, incluso, la falta de insumos básicos de higiene.

“La mayoría de los hispanos llegan enfermos, no los atienden. Cuando los ven que están casi muertos empiezan a moverse”, dice.

Heidy, de 36 años, tenía tres semanas de embarazo cuando la arrestaron. Duró siete meses luchando por su permanencia. A pesar de que su defensa presentó un expediente médico resaltando que uno de sus hijos, de 14 años, es un niño con necesidades especiales que requiere medicamentos costosos, finalmente fue deportada el 6 de febrero pasado, poco antes de su audiencia final y con más de siete meses de gestación.

Su intento por volver a la frontera estuvo marcado por el horror, pues en un lugar cercano a Gómez Palacio, Durango, fueron secuestrados y extorsionados. Foto: Francisco Rodríguez / EL UNIVERSAL
Su intento por volver a la frontera estuvo marcado por el horror, pues en un lugar cercano a Gómez Palacio, Durango, fueron secuestrados y extorsionados. Foto: Francisco Rodríguez / EL UNIVERSAL

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“El juez de inmigración sabía que yo iba a tener el niño. Les salió mejor deportarme antes”, denuncia.

Jaime, de 43 años, quien se dedicaba a la instalación de pisos de madera y alfombras, cuidaba de su familia con la esperanza de que liberaran a Heidy. Él fue arrestado en enero; cree que fue rastreado a través de la información que proporcionaba al enviar dinero a Heidy a la cárcel.

Recuerda que conducía su automóvil cuando los policías de ICE le cerraron el paso. “Cuando yo salí atrás de la casa, veo una troca, se me pegó atrás, casi me pegaron, y se me puso otro enfrente y se me fue otro por el lado, me encerraron”, relata sobre su detención. Fue deportado el 13 de febrero.

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“Mi mundo se me quebró”, dice al recordar el dolor de dejar a sus hijos atrás.

Intento por volver

Ambos fueron deportados a Guatemala, su país de origen. La pareja inmediatamente intentó regresar a Estados Unidos. Salieron de Guatemala el 16 de febrero. El autobús llegó al norte de México.

“Nuestro destino era Ciudad Juárez [Chihuahua]para buscar trabajo ahí y que nuestros hijos pudieran llegar a la frontera y verlos”, explica Jaime.

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Pero su intento por volver a la frontera estuvo marcado por el horror, pues en un lugar cercano a Gómez Palacio, Durango, fueron secuestrados y extorsionados.

“Atrás de Gómez Palacio había un retén de inmigración. Nos bajaron, ahí estaba una policía. Me revisaron bien todo. Me pegaron a mí, me golpearon todo. Me dijo uno que iba a llamar al jefe y que el jefe iba a hablar con nosotros. Me llevaron a un baldío, me amarraron los pies, me pusieron las esposas y me empezaron a pegar. Llamé a mi hermano y me mandó 20 mil pesos mexicanos. Si no, me hubieran matado”, relata.

Después de aquella experiencia, Jaime permaneció por días con insomnio debido al trauma.

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“Ya no... tenemos miedo”, confiesa Heidy sobre si seguirán su viaje hasta Estados Unidos. Ella también presenta síntomas de trauma e insomnio tras el secuestro. Está a unos días de dar a luz.

La pareja relata que el mayor impedimento para la reunificación con sus hijos es la falta de recursos económicos para costear un abogado y el miedo paralizante, tras la violencia sufrida en México.

Sus cuatro hijos (de 16, 14, 10 y 7 años) permanecen en Estados Unidos, bajo el cuidado de una amiga de la familia. “Ellos (sus hijos) nos esperan, pero les decimos que no se puede ahorita hacer nada. No tenemos dinero, no tenemos nada”, platica Heidy.

Los rostros de Jaime y Heidy son de desesperanza. Han tomado una decisión difícil: después del nacimiento de su quinto hijo, regresarán a Guatemala.

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Su única esperanza de reunificación es que cuando su hija mayor cumpla 18 años, ella pueda viajar a Guatemala para verlos. Sin embargo, esa opción tampoco es fácil. Heidy ya no tiene familia en su país de origen; Jaime tiene a su mamá y un hermano.

Jaime asegura que, como padre, no se puede resignar, aunque reconoce que por ahora, el regreso a su país natal es la única opción para salvar sus vidas.

Por ahora esperarán en Torreón, a que nazca su quinto hijo, quien será mexicano y llevará por nombre Cruz.

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vr/cr

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