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En el Diario de Acayucan, Gumaro Pérez Aguilando —a quien las autoridades vinculan ahora con la delincuencia organizada— era El Hombre de Rojo, un sobrenombre que se le adjudicó debido a la sección en la que publicaba nota roja y recorría colonias trepado en una motocicleta vestido del mismo tono.
Los habitantes de las colonias lo ubicaban por el color que portaba en sus ropas; era un hombre que no paraba de trabajar.

Hace siete años fundó un periódico digital denominado La Voz del Sur, que combinada con su empleo en el ayuntamiento de Acayucan, donde elaboraba boletines oficiales.
Ayer el gobierno de Miguel Ángel Yunes Linares, a través de la Fiscalía General del Estado (FGE), determinó que el reportero Gumaro Pérez Aguilando no era periodista.
En un comunicado, informó “que no existe testimonio alguno de que el hoy finado se dedicaba a ejercer el periodismo”; así, de manera unilateral, le retiró la designación de periodista.
Más tarde, la Fiscalía General del Estado de Veracruz informó que las primeras investigaciones sobre el asesinato de Gumaro Pérez hacen presumir que estaba vinculado a un grupo delictivo que opera en el sur de la entidad.

Mediante la extracción pericial de datos, imágenes y conversaciones obtenidas a partir de su aparato telefónico móvil, al cual tuvo acceso mediando toda formalidad de ley, se encontraron conversaciones con integrantes de la delincuencia.
Destacó que existen registros proporcionados por el área de Prevención y Readaptación Social, dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP), de múltiples visitas realizadas por el finado a Gil “N”, alias El Negro, quien se encuentra recluido en un centro penitenciario y a quien se le vincula con el liderazgo del citado grupo delictivo.
Su esposa, Adelina Mendoza Hernández, aún recuerda las dos pequeñas aves que le regaló Gumaro como una forma de representar su vida en pareja; procrearon a un niño de seis años, quien se encontraba en la escuela cuando mataron a Pérez.

Gumaro se quedó en el salón de primer grado donde se realizaba el festival de fin de año, mientras que ella salió al patio donde jugaba su hijo. Cuando se despedía del niño, se escucharon los disparos.
Los menores y padres de familia presentes salieron corriendo. “Una persona que tiene a su hijo en el mismo salón que el mío me dijo que era mi esposo y como yo tenía ahí a mi hijo le dije que no era cierto”, relató. Lo que más recuerda es que Gumaro era un hombre pacífico, bueno y que amaba a su hijo.
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