Mucho de especial tiene la actriz y exmodelo Ana Elena Noreña,, para haber cautivado a la fama.

Cuando era muy joven, junto con su madre, consiguió un trabajo de empleada doméstica para Edith Head, conocida por diseñar para los icónicos Marlon Brando y Marilyn Monroe.

Luego, su belleza la llevó a obtener el primer lugar en el concurso Miss Los Ángeles, lo que la llevaría después al modelaje en México y a integrarse a la televisión y poco más tarde al cine.

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Era 1970 y ella, de 26 años, deslumbraba a todos con su belleza, incluido un joven que acababa de lanzar una canción, “La nave del olvido”, y había dejado con la boca abierta al mismísimo Marco Antonio Muñiz al interpretar “El triste” en el Segundo Festival de la Canción Latina (predecesor del OTI).

Eso fue en marzo. El flechazo entre y ella se dio dos meses después, recuerda: “Me conquistó el día que nos conocimos. Le impresionó mi piel y me dijo que si me podía dar un beso en el hombro. Y yo le dije, ‘claro’, así de tranquilo. Eso fue en mayo y empezamos a salir en julio, todo ese medio año, pero luego se encontró con la Kiki Herrera y se fue, pero luego volvió ya para nunca dejarnos”.

Herrera, 20 años mayor que el Príncipe de la canción, fue la primera esposa del cantante, pero Anel fue su gran amor los siguientes 15 años, en los que vivieron una relación mediática y, se diría, pasional, de la que rescata a sus dos hijos, José Joel y Marysol.

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“Era un hombre sincero, un hombre bueno y divertido. Pachangueador. Tuvimos dos hijos maravillosos que nacieron de un gran amor. Entonces, eso me da un saldo muy a su favor. Fue un hombre bueno, que le cantó al amor y que quiso que con su música todo mundo encontrara el amor y lo viviera”, lo define.

La exmodelo hoy tiene 79 años y asegura que se encuentra en la mejor etapa de su vida, dedicada a ser ministra evangélica, y dispuesta a hacer una retrospectiva de su vida con .

¿Cómo hace usted para verse tan bien?

Pues mira, te mentiría si digo que comer bien o hacer ejercicio, porque ni como bien ni hago ejercicio (risas). Pero he vivido una vida sincera, muy afortunada, y el día de hoy más afortunada que nunca.

Es el mejor momento de mi vida, la verdad. No es cosa de juego la edad, pero la verdad tengo la dicha de poder pasarla muy bonito. Entonces eso me da pie para podértela recomendar, a ustedes los jóvenes, que tarde que temprano van a llegar aquí, a esta edad.

¿Qué opina de la vejez?

Es algo que no podemos evitar y realmente es la etapa más importante de tu vida porque la vida no es cómo la empiezas, es cómo la terminas.

Tú te puedes entregar en el momento de partir de este planeta a través de una muerte tranquila, un cuerpo que haya sido verdaderamente útil para mucha gente, que haya amado mucho, que haya sufrido mucho también, pero que al final, tienes un final feliz porque sabes que te vas al Cielo. Yo soy cristiana y el Cielo yo lo aseguro todos los días. Todos los días. Mando mi RSVP, ¿no? Para que me aparten mi lugar (risas).

¿No le da miedo la muerte?

No, al contrario. Miedo te debe dar quedarte en este mundo y que no te puedas salir por ti mismo. Eso sí que te aterre. La muerte es nuestra mejor respuesta a iniciar una vida real. La vida empieza en el Cielo, no aquí. Aquí fue un tiempo de aprendizaje. Si puedes entender eso en tu corazón y tu alma, se te soluciona el problema de la vida.

¿Añora algo de los 70?

No, no volvería a ser joven, ¿eh?

¿Por qué?

Porque es una incertidumbre y es un caos, para mí fue muy fuerte. Sin embargo, siempre salía adelante por la gracia de Dios y porque siempre encontré gente buena.

¿Vivió muchos momentos malos en su juventud?

No, más bien equivocados. A veces tomas malas decisiones y aunque te perdones, hay una deuda.

¿Cómo era de adolescente?

Muy bonita y eso te lleva a diferentes lugares, pero nunca me encontré con gente equivocada.

¿Fue noviera?

No, pero conocí gente muy interesante hasta que conocí a mi marido, que fue el único muchacho soltero que conocí.

Era muy romántico, yo creo…

Era lindo, lindo. Era muy mexicano con respecto al civismo, quería mucho a su país, su patria. Un hombre que le encontraba siempre lo positivo a la vida. A raíz de que nos casamos decía yo, “gracias a Dios”. Pero con la fama llegan acciones y momentos, y algo a la sensibilidad de tu humanidad que se llama ego. Estamos hablando de una persona que es ídolo, que lo conoce todo el mundo, que le cantó al amor siempre y que pese a todo, tuvimos una vida muy linda.

¿Cómo salieron adelante ante los momentos difíciles?

Dejándolos pasar, sin hacer mucho estruendo, pero llegó un momento en que ya no pude. Estaban mis hijos creciendo y la verdad, ya no. No quise que lo vieran mal.

Y su muerte fue muy...

Ya no supe nada de su muerte, porque se lo quedó la muchachita ésta allá (su hija Sarita) y lo encerró hasta que lo mató, digo, hasta que se murió. ¿Me entiendes? Murió solo en un lugar donde te llevan para que te mueras. Ya no volvimos a saber nada de él. Bueno, a mis hijos no se los dejó ver nunca la hermana. Ya no supimos hasta que un día dijo: ‘ay, se murió mi papá’.

¿Y qué opina de eso?

No te puedo decir nada, pero realmente no, no era una buena persona. Da impotencia porque no pudimos hacer nada.

Le gustaría ser recordada...

Como una buena mujer, que amó a sus hijos, a sus nietos y a mi país. Pero más que nada, con gratitud con Dios de haberme permitido servirle en un momento de mi vida, hace 27 años que lo conozco. Yo voy a las iglesias y doy mi testimonio cristiano y eso ha sido en mi vida el motorcito.

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