No va a pasar nada” … “No hay nada que temer”. Son palabras dichas por el gobernador de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, horas después de ser señalado por la justicia de los Estados Unidos de ser un participante en la estructura del narcotráfico del Cártel de Sinaloa. Cuando fue candidato al gobierno de ese estado en la campaña del 2021, dice el documento de acusación del Departamento de Justicia, se reunió con los hermanos Guzmán para pactar ayuda. Ayuda que se materializó secuestrando a decenas de personas que hacían campaña en favor de candidatos de oposición y también en el robo de urnas enteras.
Así ganó Rocha el cargo que hoy le da fuero, de la mano de la delincuencia organizada. Según la acusación, ya estando en el gobierno, siguió colaborando con el Cártel de Sinaloa para permitir que la droga saliera del estado y llegara a los Estados Unidos.
Testimonios tan precisos que permitan semejantes acusaciones pueden venir de declaraciones precisamente de las personas con las que colaboró Rocha. Me refiero a los señores Guzmán que, en diferentes momentos, estuvieron presos en la misma cárcel del estado de Illinois. Me refiero al Centro Correccional Metropolitano de Chicago. Actualmente, sólo Joaquín Guzmán López está recluido en esa cárcel. El caso de Ovidio Guzmán es diferente. Estuvo en esa cárcel, pero hoy está bajo resguardo de las autoridades de Estados Unidos en una ubicación secreta.
Este selecto grupo de morenistas lo completan el exsecretario general de gobierno de ese estado y hoy Senador Enrique Inzunza; el alcalde de Culiacán, Juan de Dios Gámez; el vicefiscal Dámaso Castro, el ex secretario de seguridad del estado, y ojo, el general retirado, Gerardo Mérida. La lista la continúan el exsecretario estatal de finanzas, Enrique Díaz; el exjefe de la policía estatal de investigación de la Fiscalía, Marco Almanza; el exjefe de la Policía de Investigación, Alberto Contreras; el exsubdirector de la policía estatal, José Dionísio Hipólito, y el excomandante de la policía municipal de Culiacán, Juan Valenzuela.
Todos enfrentan las mismas acusaciones: conspiración para la importación de narcóticos, así como por la posesión y conspiración para el uso de ametralladoras y dispositivos destructivos. Para el caso de Juan Valenzuela se añaden las acusaciones de secuestro con resultado en muerte y conspiración para cometer secuestro con resultado en muerte.
Es triste, pero previsible, que el gobierno federal salga, como lo ha hecho, para arropar a los suyos. Actuando como gobierno de partido. Además, haciéndose el ofendido porque la acusación desde los Estados Unidos se hizo pública y no se mantuvo en reserva, como le hubiera encantado a Palacio Nacional. Que nadie lo supiera.
Pero hoy lo sabe el país entero y fuera de nuestra frontera: Rubén Rocha es un narcogobernador, Inzunza es un narcosenador, Gámez es un narcoalcalde y así con el resto de los narcos o de presuntos narcos. Para este momento, ya da igual decirles presuntos o no. Hace muchos meses que se ha hablado de la complicidad de Morena y varios de sus integrantes con la delincuencia organizada. Ya algún día platicamos en este espacio cómo el presidente de EUA, Donald Trump, está convencido de que el expresidente López le mintió cuando le decía que combatía a la delincuencia organizada, cuando realmente los dejó trabajar a sus anchas en su periodo de “gobierno”. Y por eso Trump comenzó esta cacería.
Periodista. @ConFeregrino

