Han pasado ocho años de la muerte de Marie José Tramini viuda de Paz y de que debía cumplirse la voluntad del Premio Nobel de Literatura: que su archivo personal pasara a resguardo de El Colegio Nacional —si su esposa no establecía otro destino, como no lo hizo—, también han pasado tres años de alcanzar los 25 años de la muerte del Nobel de Literatura Octavio Paz y de que debió acatarse su segunda voluntad: que su archivo quedara abierto a consulta pública. Sin embargo, las dos voluntades del poeta las ha incumplido el Sistema Nacional DIF de la Ciudad de México —albacea de la masa hereditaria de los Paz que quedó intestada— lo que ha llevado a amigos del intelectual mexicano a cuestionar no sólo el incumplimiento de las dos voluntades del poeta, sino a señalar que no hay certeza de dónde y en qué condiciones están los papeles de Paz.
El pasado 19 de abril, justo en el 28 aniversario luctuoso de Octavio Paz, el historiador Enrique Krauze hizo un llamado a Salvar el archivo de Paz y solicitó la intervención de la Presidenta de México para que hacer cumplir las dos voluntades del Nobel: entregar el archivo a El Colegio Nacional, del que fue miembro, y a abrir su acervo para la consulta pública. De inmediato, también a título personal, varios intelectuales, estudiosos y amigos del autor de El laberinto de la soledad, Piedra de Sol y Posdata, manifestaron su respaldo y exigencia. Consultados por EL UNIVERSAL, Malva Flores, Guillermo Sheridan, Adolfo Castañón y el propio Krauze mantienen y respaldan la exigencia. Pese a la demanda pública, ni el DIF ni la Secretaría de Cultura ni el INBAL han contactado a Enrique Krauze ni han emitido una comunicación como respuesta. Como se ha vuelto habitual, optaron por el vacío, el silencio y peor aún, el desdén ante la voluntad del máximo exponente de las letras que ha tenido México.

En agosto de 2025, la presidenta Sheinbaum instruyó a la Secretaría de Cultura federal a retomar la intermediación entre el DIF y El Colnal, como apunta Krauze en su columna publicada en Reforma, sin que la titular de la dependencia, Claudia Curiel actuara. Así han pasado ocho meses.
Ante todo han pasado ocho años y el archivo de Octavio Paz no ha sido entregado como lo dispuso Paz en testamento notariado con fecha de 17 de noviembre de 1997.
“Desde 2018 El Colegio Nacional se apersonó en la sucesión testamentaria de Octavio Paz. Hemos estado presentes en el proceso judicial para solicitar que se le permita a El Colegio Nacional ser parte de la sucesión conforme a lo dispuesto por el propio testamento de Octavio Paz”, afirma el abogado de El Colegio Nacional, Eduardo Kanahuati, quien asegura que a lo largo de estos años es que se fueron realizando adjudicaciones parciales del acervo de Paz por lo que han interpuesto amparos, “son cinco amparos en total relacionados con cinco adjudicaciones parciales que ha interpuesto El Colnal” y “las adjudicaciones del proceso judicial han sido siempre al herededro universal, que es el Sistema DIF de la Ciudad de México”.

El abogado señala que como institución cultural y sobre todo con el interés de cumplir con la voluntad de Paz, que fue miembro muy activo de El Colegio Nacional, su preocupación fundamental es la preservación del archivo, pero “no tenemos otro tipo de información técnica o más precisa de lo que constituye este archivo personal porque no se nos ha permitido un canal de cooperación más activo. Ese es justo nuestro llamado”. Saben lo que la Secretaría de Cultura ha dicho, que se conforma de 137 mil 277 fojas” y se han inventariado 298 mil 965 bienes.
Sin embargo, el notario Ángel Gilberto Adame, estudioso de la obra de Paz, ha visto que Cultura federal ha venido difundiendo parte del archivo. “A principios de año publicaron algunas cartas, hace poco publicaron que encontraron un cuadro. Eso no es de ellos, no tienen por qué estar difundiendo, es patrimonio de El Colegio Nacional. También ahí se está incurriendo en una falta”, dice y agrega que se suma al incumplimiento de las dos voluntades de Paz y al ser autoridad, hay responsabilidad.
“De entrada, hay una sanción ética, pero además disponen de unos bienes que no son de ellos. Son expresamente por voluntad de Paz propiedad del Colegio Nacional. Y al aferrarse a no soltar el archivo, podrían incurrir en responsabilidades administrativas e incluso penales”.
Hasta principios se año se sabía que el archivo del Nobel estaba en “La Perulera”, un inmueble en Tacuba que en abril de 2023 fue inaugurado como Casa María José y Octavio Paz, donde el acervo era catalogado e inventariado; pero el pasado 27 de febrero, el INBAL informó que, en coordinación con el DIF, trasladará las más de 137 mil 277 fojas que integran el archivo de Paz al Centro Nacional de Conservación y Registro del Patrimonio Artístico Mueble (CENCROPAM) que tendrá nueva sede en la Bodega Nacional que es parte del Proyecto Chapultepec, pero es una obra sin concluir.
A la exigencia de salvar el archivo Paz se suma el ensayista Adolfo Castañón y por “muchas razones”, la poeta y ensayista Malva Flores. Ella asegura que “es una obligación no sólo moral, sino también legal, cumplir honradamente con la voluntad del poeta; en segundo lugar, porque El Colegio Nacional ha probado sobradamente sus capacidades como institución cultural y el DIF no tiene ni la facultad inherente a sus funciones de preservar el legado cultural de nadie, ni tampoco el personal capacitado, técnica y culturalmente, para hacerlo” y que basta ver lo que este régimen ha hecho con la casa donde se supone que preservan algunas pertenencias del poeta y cuyas actividades de difusión dejan mucho qué desear” y que. todo es opacidad.
Castañón no tiene idea de cuáles pueden ser las causas para no entregar el archivo, califica el acto de “lamentable negligencia”. Para Malva Flores es una acción incomprensible y casi podría definirlo como “un capricho, una arbitrariedad nacida de la impunidad: ¿por qué lo hacen? Porque pueden, parece que nos dicen. No creo que sea desdén por difundirlo. Es una mezcla de varias cosas: Octavio Paz representa todo lo que este régimen detesta: la libertad, la democracia, la pasión crítica. Por otro lado, interviene la simple y llana ignorancia mezclada con un resentimiento imperdonable en instituciones culturales, pero que se ha filtrado en todas las áreas de cultura del país”.
EL UNIVERSAL ha solicitado respuestas al DIF de la CDMX y a la Secretaría de Cultura federal, pero hasta el momento hay silencio.
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