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Afuera del Palacio de los Deportes, la tarde se volvió gris y amenazaba tormenta. En el metro Velódromo, la marea negra avanzaba sin prisa, sin importar el clima, sudaderas, playeras e imagenes de San Chino Moreno -líder de Deftones- marcaban el paso hacia el recinto, mientras el puente peatonal se saturaba hasta no dejar espacio libre.
Adentro, antes de que las luces se apagaran por completo, el público ya había organizado la clásica ola que cruzó el domo. El guitarrista apareció primero y, detrás de él, el resto de la banda; cuando salió Chino Moreno, el grito fue inmediato, rebotó en el techo y regresó multiplicado. La primera canción, “Be Quiet and Drive (Far Away)”, apenas comenzó y el piso empezó a vibrar con los brincos.
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Entre playeras levantadas, vasos en el aire y empujones, el concierto arrancó sin cortes. La banda no dejó espacios muertos: una canción tras otra, sin pausas, como si el setlist estuviera pensado para no soltar la tensión. Más adelante, Chino Moreno tomó el micrófono y habló:
“Échenle un vistazo. Esta noche es la última del tour por Sudamérica, del tour en México. Esta es la jodidamente increíble forma de terminar esta maldita gira aquí con ustedes. Los mejores malditos fans del mundo, así de claro. Esto es lo real”.
La escenografía se mantuvo sobria, con escalones entre la batería y la tornamesa, una pantalla al fondo y luces distribuidas en el suelo y los costados. El cantante cruzó el escenario de punta a punta, subió y bajó las escaleras y sostuvo el ritmo con un micrófono con cable que no condicionó sus movimientos.
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El público respondió en el mismo tono. En la zona general aparecieron los primeros moshpits y, alrededor, quienes no entraban al círculo optaron por el headbang constante; nadie se quedó quieto.
“No puedes estar cansado. No estoy cansado. Solo intento cansarte. Levántate”, dijo antes de “Sextape”.
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Formados en Sacramento en 1988, Deftones formó una trayectoria que va más allá de cualquier etiqueta; aunque en sus inicios fueron asociados al nu metal, su sonido se construyó a partir de capas y atmósferas que en vivo se traducen en una descarga continua. Canciones como “My Mind Is a Mountain”, “Hole in the Earth”, “Swerve City”, “Around the Fur”, “my mind is a mountain”, “milk of the madonna” y “Change (In the House of Flies)” formaron parte del setlist.
Después de poco más de una hora, la banda dejó el escenario. El regreso no tardó en llegar con el encore: “Cherry Waves” abrió el último bloque, pero fue “My Own Summer (Shove It)” la que detonó la reacción más intensa de la noche.
El cierre con “7 Words” dejó una sensación extraña por la duración, menor a lo habitual, pero suficiente para confirmar lo que el propio Moreno había dicho: México respondió como “los mejores malditos fans del mundo”.
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