Hay numerosos bienes cuyo origen se dio entre las clases más necesitadas y que en gran medida eran estrategia de sobrevivencia e ingenio popular. Al paso del tiempo demostraron ser de buena calidad y dejaron de ser productos populares para convertirse en bienes de lujo. La ropa de mezclilla es uno de los primeros productos gentrificados, de eso hace mas de cien años. Contemporáneamente colonias populares, como la Doctores en CDMX, se encuentra en dicho proceso, igual que la lucha libre y el futbol.

La paella es un producto de origen popular. Ante la escasez de alimentos se cocinaba una cazuela de arroz acompañándola con sobrantes de otros platillos fuertes. Con el tiempo se hicieron especialidades de mariscos o de carnes rojas. Contemporáneamente es un producto caro. Por lo menos barato no es. Casi se podría considerar alimento de lujo, pero de origen enteramente popular.

Al igual que en el caso del origen de muchos artículos, se pierde en la Historia el origen de la ropa de mezclilla, pero hay consenso en que se trataba de una tela resistente al trabajo, tanto en campo como en minería, por lo que era utilizada principalmente por la clase trabajadora. Al paso del tiempo se convirtió en un artículo, si no de lujo, sí al menos de uso generalizado y no de uso exclusivo de la clase popular.

Dentro de las bebidas alcohólicas hay por lo menos tres que han pasado por el mismo proceso. En las películas de Pedro Infante, ¿con qué se emborrachaba el personaje que después soltaba un grito y se ponía a cantar? Lo más probable es que fuera tequila o aguardiente. El tequila era totalmente popular hasta que se convirtió en una bebida emblemática nacional y con ello dejó de estar al alcance de las manos de la mayoría de la población. Lo mismo ocurrió con el mezcal: hace un par de décadas era común encontrar mezcal artesanal en vasijas de barro; hoy ese envase está en desuso y la bebida es cada vez más cara. El pulque se encuentra en el mismo proceso: de ser una bebida detestada y calumniada, está en proceso de convertirse en una bebida gourmet.

La lucha libre mexicana está en peligro de extinción. La transmisión por TV abierta ha provocado que las clases populares dejen de asistir a las arenas. En su lugar, hay pocas entradas, pero a precios elevados. Hace poco tiempo una empresa estadounidense compró a una de las principales empresas mexicanas. En resumen, el deporte espectáculo se encuentra en el mismo proceso de gentrificación que otros servicios.

La inauguración del mundial 2026 nos permitió ver que el futbol es también ya un deporte gentrificado. Los precios de los boletos para entrar a algún partido no permiten que el común de los mortales pueda ingresar a los estadios a ver los partidos en vivo. La ropa y demás productos que se ostentan como “originales” tienen un precio que igualmente los pone lejos del alcance de la mayoría de la población.

Las posibles multas en restaurantes, bares y cantinas, por transmitir los partidos del mundial sin pagar los derechos a la FIFA hacen que no cualquiera pueda disfrutar de un partido con familia o amigos disfrutando de una bebida. En pocas palabras, el futbol dejó de ser un deporte popular. Se gentrificó.

Lo que llama la atención es que la FIFA sea una organización de la sociedad civil sin fines de lucro. En tales términos no existe tanta diferencia entre este organismo y la Cruz Roja Internacional. Una fomentando el deporte y otra salvando vidas. Ambas dicen no tener fines de lucro. Sin embargo, la primera se comporta como lo haría el peor de los monopolios: intenta obtener ganancias y beneficios por todos los medios posibles: entradas a los estadios, comisión en las barras, cobro por derechos de transmisión y un largo etc. La FIFA, ¿Siempre ha sido así o en algún momento perdió el rumbo?

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM.

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