Un meme que surgió como broma terminó por convertirse en anécdota: el de la preocupación no por el incremento de la inteligencia artificial, sino por la reducción de la natural. En otros momentos, autores de renombre internacional han señalado que, contra lo que se pueda creer o pensar, la gente que vive en poblaciones rurales tiene mayores habilidades cognitivas que los citadinos, entre ellas, la memoria. La razón es simple: los aparatos tecnológicos tardan más tiempo en llegar al campo que a las ciudades. Así, mientras un campesino es capaz de reconocer a la memoria el uso de plantas silvestres medicinales, en la ciudad hemos perdido incluso la habilidad para leer un mapa como en su momento lo fue la Guía Roji.

Por allá en la década de los setenta, Eric Fromm relató en Psicoanálisis de Campesino Mexicano, que la carencia de recursos tecnológicos obligaba al campesino mexicano a usar su memoria y a descansar en lápiz y papel para tomar notas de teléfonos y direcciones. Por su parte, Jared Diamon, en obras como Armas, Gérmenes y Acero, así como en Colapso, señala que no hay punto de comparación entre un recolector silvestre en África o Nueva Guinea y un Doctor en cualquier disciplina y de cualquier ciudad del mundo: el primero advierte qué hierbas son venenosas y cuáles se “disfrazan” de otras para evitar ser comidas y en su lugar, envenenar a quienes las consumen. En las CDMX tenemos un ejemplo claro de ello, la pingüica y el piracanto: ambos pequeños, rojos pero el primero comestible y el segundo venenoso. Ambos disponibles en parques y jardines públicos.

Sin estudios universitarios ni académicos. Sólo experiencia, pero con una capacidad impresionante de reconocer vegetales comestibles y los que son venenosos a pesar de su parecido, gente del sector rural parece tener más habilidades naturales que los citadinos. Los de las grandes urbes tenemos la gran ventaja de tener casi todo al alcance de la mano, literalmente, pues en cualquier momento se le puede preguntar a alguna IA sobre cualquier tema e inmediatamente emiten alguna respuesta.

Muy probablemente para del deterioro cognitivo comenzó con el uso de calculadoras, que provocaron que poco a poco la gente perdiera la capacidad de realizar actividades tan simples como sumar o restar. Observe en los mercados públicos quienes tienen mayor capacidad de realizar las cuentas al momento de comprar cualquier producto, como frutas y verduras: mi apuesta es que las personas adultas de mayor edad lo harán mejor y sin ayuda de calculadora en contraposición a los jóvenes.

El otro dispositivo que nos robó memoria es el celular: pregúntese a usted mismo si, además de su propio número, recuerda el número de alguien más. Es más fácil recordar o buscar por nombre que memorizar los números importantes. Un punto a favor de la tecnología y uno en contra de la memoria humana.

En este contexto es que se realizó el examen de admisión a la UNAM en línea. Los datos que circulan en redes sociales muestran un claro sesgo en los resultados de años previos contrastados con el 2026. No cabe duda de que algo pasó. La hipótesis más plausible es que el examen hecho en línea sólo mostró la capacidad para resolver exámenes auxiliados por la IA y de falta de ética de miles de estudiantes.

La tecnología llegó para quedarse. La IA no se irá, por el contrario, seguirá evolucionando y ayudando a resolver muchos problemas que como especie nosotros mismos hemos creado, por ejemplo, el más dramático: el del cambio climático. Sin embargo, la IA debe ser una herramienta, de ningún modo puede ser el amo. El reto que enfrentamos es utilizarla adecuadamente, con responsabilidad y, simultáneamente, no perder nuestras habilidades cognitivas como la memoria, la comprensión lectora o la aritmética básica. No es un tema menor y las universidades son la primera línea de defensa en este tema.

Docente de la maestría en Economía, FES-Aragón-UNAM.

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