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Lalo España tenía 17 años cuando murió su padre, pero incluso hoy, a sus 54, sigue haciéndose una pregunta: qué habría pensado de las decisiones que tomó en su vida, incluida la de asumirse abiertamente homosexual.
“Me hubiera gustado saber qué pensaría; en su momento todo eso era innombrable, por el contexto de venir de una familia católica”, comenta el actor en su cuarto de ensayo.
En 2012 decidió asumir públicamente su homosexualidad, a raíz de la muerte de su pareja, Ranferi Aguilar. La noticia sorprendió a la opinión pública, pues siempre había mantenido su vida privada con gran reserva.
“Yo ya había salido del clóset con mi círculo más cercano, pero verlo (a Ranferi) en un hospital me hizo pensar: ¿cuánto tiempo perdimos?, ¿cuántos viajes no hicimos? Pidiendo dos camas para que en el hotel no dijeran: ‘Uy, son dos hombres que se aman, qué terror’. Fue algo muy tonto y perdí mucho tiempo”, reflexiona.
Esa inquietud encuentra eco cuando llega a sus manos el libreto de Las heridas del viento, obra que se estrenará el 19 de mayo en el Teatro Milán.
La pieza aborda la historia de un hijo que acaba de perder a su padre y se enfrenta a una parte desconocida de él, al encontrar cartas de amor que éste le escribió a otro hombre.
“Esta obra ha sido un bálsamo hermosísimo. A mí me provocó querer sentarme con mi padre y decirle: ‘Papá, platícame cómo fueron tus papás contigo’. A lo mejor, por cultura, en ese momento no hacíamos esas cosas, no nos deteníamos a preguntar: ‘¿Qué pasa contigo?’”, dice el actor.
Un papel íntimo
La historia avanza cuando, a partir de ese hallazgo, el hijo, interpretado por Markin López y Claudio Morales, decide buscar a Juan (España), expareja de su padre, para entender qué hubo entre ambos y replantear la relación que tuvo con él.
“En este momento de mi vida, en el que cumplo 34 años de carrera, estoy en busca de trabajos que me reten, que me lleven a tocar distintos registros, porque la vida se pasa rapidísimo y tengo muchas ganas de hacer cosas como actor”, señala España.
El actor de Pastorela dice sentir conexión con los dos personajes, ya que comprende la inquietud del hijo y la soledad de Juan, porque, como todos, también ha experimentado el dolor de un amor no correspondido.
“Juan me cayó como anillo al dedo, porque me pega en cuanto al corazón y la reacción humana, de que hasta con una mirada te puedas ilusionar y no pasa nada, pero sí perdemos mucho tiempo y la oportunidad de enamorarnos de nosotros mismos”.
Considera que en la actualidad la comunicación no es mejor, pues los padres no sólo enfrentan la brecha generacional con sus hijos, sino también la tecnológica, que ha metido a las nuevas generaciones en un mundo más veloz y ha complicado la comunicación entre ellos.
“Si el adulto no es capaz de desconectarse para ver una película o una obra de teatro, ahora imaginen a los más chavos”, lamenta.
Respecto a por qué decidió ampliar su registro actoral, España aclara que siempre ha querido ir más allá, no sólo por un reto profesional, sino como una experiencia personal.
“Vivimos en un medio muy cruel donde es muy fácil que nos etiqueten como actores, y como mi carrera se ha inclinado mucho hacia la comedia, creo que es bonito que el público pueda ver otras facetas de mí”, explica.
“Y más que demostrar, pienso que la vida se pasa muy rápido y no hay que quedarnos con ganas de nada”, añade el actor de 54 años.
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