Desde ya hace varios años que no hay tiempo para estar con la familia o con las amistades, el tiempo libre, de ocio, no existe, porque de ser así, se considera perdido y no se recupera porque no hay productividad. Esto es, sin producción, no hay dinero para vivir o sobrevivir, porque así hemos aprendido a intercambiar nuestro tiempo por trabajo pagado: a veces dando nuestras horas de alimentación y a veces de sueño, lo que implica que cada vez hay menos autocuidado y menos tiempo para las demás personas.
Lo anterior ha sido estudiado desde diferentes áreas, una de ellas la sociología; muestra cómo se transforman las estructuras sociales, económicas, políticas, culturales con los hechos cotidianos generando la comprensión de las diversas realidades y contextos.
Aparentemente, con el uso de la tecnología se ha facilitado dicha transformación de las estructuras, sin embargo, parece que se han generado otras formas de comunicación, de comprender la realidad y de continuar con prisa, haciendo cada vez más actividades para producir más, pero ¿qué está pasando con las relaciones afectivas, con las emociones, con el bienestar físico, emocional y espiritual? Son casi nulos, pues no hay tiempo, sólo hay prisa, no hay pausa, sólo hay cansancio.
Por ello, se propone considerar el amor, la paz, la dignidad, la calma, el tiempo, el cuidado y los cuidados como elementos esenciales del estudio de las estructuras sociales actuales para comprender las aristas y los matices, saber que podemos cambiar nuestras realidades en donde cuestionemos la inercia de cada día, el cansancio, el trabajo y su productividad, el tiempo que dedicamos a cuidarnos y a cuidar, el tiempo que dedicamos a saber cómo nos sentimos. Es por esto por lo que se considera hablar de la Sociología de los cuidados, centrada en las actividades de bienestar interdependiente para generar cambios en la vida cotidiana, con los que no sólo sobrevivamos al agotamiento, sino en el que las personas, mujeres, hombres u otras identidades y seres sintientes, vivamos dignamente con esperanza, en donde los recursos se redistribuyan, en donde las personas seamos empáticas y nos interesen las otras personas y especies. Esa es una forma de tener esperanza y no rendirnos ante la vorágine de la rapidez.
Luz María Galindo Vilchis
Doctora en Ciencias Políticas y Sociales por la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Maestra en Estudios de las Mujeres, Género y Ciudadanía por la Facultad de Filología del Instituto Interuniversitario de Estudios de Género por la Universidad de Barcelona. Maestra en Políticas públicas de igualdad de género: Agentes de igualdad de género por la Universidad Autónoma de Barcelona. Maestra en Estudios de Género por El Colegio de México. Licenciada en Psicología por la Facultad de Psicología de la UNAM. Coordinadora del Diplomado Violencias y Diversidades, del Seminario Estudios interseccionales de la desigualdad social y del Seminario permanente interinstitucional Familia y Diversidad, todos del Instituto Mora.
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