Carlos A. Herrera Anda
Miembro del Comité de Tecnología CICM
Vicepresidente XLI Consejo Directivo
Las grandes ciudades suelen mostrarse al mundo a través de sus obras más visibles: estadios, avenidas renovadas, iluminación, señalización, transporte y espacios públicos. Sin embargo, su verdadero desempeño no se mide en la fotografía previa a un evento internacional, sino en su capacidad para operar bajo presión. Una tormenta intensa, una vialidad inundada o una estación saturada pueden revelar la fortaleza o la fragilidad de años de planeación urbana.
El Mundial 2026 será una fiesta deportiva, pero también una prueba de estrés para nuestras ciudades. La llegada de miles de visitantes incrementará la demanda de movilidad, seguridad, agua, energía, drenaje, servicios urbanos y protección civil. Si se suma la temporada de lluvias, el reto deja de ser sólo logístico y se convierte en un desafío de ingeniería, operación y coordinación institucional.
Las lluvias intensas exacerban problemas acumulados. Una coladera obstruida, un paso a desnivel inundado o una bomba que falla suelen ser el resultado de mantenimiento insuficiente, de infraestructura envejecida, de hundimientos, de basura o de falta de monitoreo. La lluvia no siempre crea problemas; muchas veces sólo los hace visibles.
Frente a esta realidad, la ingeniería civil debe avanzar hacia una gestión más inteligente de la infraestructura. No se trata sólo de construir más obras, sino de conocer mejor el comportamiento de las existentes. Sensores en colectores, pluviómetros urbanos, cámaras, drones, información geográfica y modelos hidráulicos pueden anticipar las zonas críticas, priorizar las cuadrillas y reducir los tiempos de respuesta.
La infraestructura inteligente no consiste en llenar la ciudad de dispositivos sin criterio. Significa integrar tres capacidades: medir, analizar y actuar. Medir para saber qué ocurre en tiempo real; analizar para convertir datos en decisiones; y actuar para que la información llegue a quienes operan la ciudad.
Una herramienta relevante es el uso de los gemelos digitales: representaciones virtuales que permiten simular escenarios. En una ciudad sede del Mundial, podrían anticipar coincidencias de lluvia intensa, saturación vial, congestión peatonal, fallas eléctricas y transporte limitado. Su valor no está en la imagen tecnológica, sino en mejorar las decisiones.
El Mundial debe verse como una oportunidad para dejar capacidades permanentes: inventarios de infraestructura crítica, mapas de riesgo, protocolos interinstitucionales, monitoreo, mantenimiento predictivo y datos útiles para la ciudadanía. Si la tecnología sólo sirve durante el evento, se habrá perdido una oportunidad; si permanece como herramienta urbana, el beneficio será duradero.
La tecnología no sustituye el criterio profesional, la inspección en campo ni la experiencia de quienes operan la infraestructura; los fortalece. Por eso, la digitalización debe ir acompañada de rigor técnico.
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