El teatro es el lugar favorito de Mónica Huarte; es donde, dice, ha explotado al máximo su capacidad interpretativa.

Los personajes más diversos, como el de Dulce, la maestra de kinder, del musical Mentiras, hasta una dura abogada penalista en la obra Requiem, son una muestra de eso.

“Los textos que he tenido la oportunidad de interpretar en teatro me han hecho llegar a las profundidades más oscuras del alma y a los lugares más sublimes que puedo tocar, y como pasas tanto tiempo analizando las líneas llegas a conclusiones importantes, algo que no sucede en medios como la televisión, porque ahí todo es más rápido”, comenta Huarte.

Aún así , en la última década lo que más le ofrecían a Mónica eran historias de comedia en series y películas, alguna que por supuesto aceptó, reconoce, como la serie 40 y 20, o Pena ajena, incluso ha hecho doblaje con trabajos como La vida secreta de tus mascotas y Emoji: la película.

Pero ella quería algo más, demostrar que podía ser una actriz dramática, y así resultaron los filmes Oliverio y la piscina y Señora Influencer.

“Siento que me encasillé en comedia muchos años, y decía, es que puedo hacer muchas cosas: conmover y hasta horrorizar, que la gente sienta rechazo, pero también analizándolo dije: ¿para que me hago tonta? Esto es lo mío, la comedia es algo que se me da muy fácil y es muy gozoso”.

Volver a su género

Cuando llegó a sus manos el libreto de Nunca he estado en Dublín, Huarte supo que esa era una obra para volver al género que tantas satisfacciones le ha dado, y además compartiría escenario con Silverio Palacios.

Aquí se cuenta la historia de Luz María (Mónica Huarte) y Javier (Silverio Palacios), que esperan junto con su hijo Martín (Miguel Tercero), el regreso de su hija Verónica (Daniela Méndez), quien ha vivido los últimos tres años en Londres y llega con una sorpresa que pondrá contra la pared a toda la familia y evidencia el lado más patético de sus padres.

“A pesar de que es una comedia tiene muchas capas, muestra cómo los papás tienen una distancia brutal con los hijos, desde la tecnología hasta cómo las nuevas generaciones tienen otra forma de pensar; está muy bien escrita y es muy divertida", dice sobre esta obra que se estrena este miércoles en el Foro Shakespeare.

Mónica explica que si hay algo que le gusta de Luz María, su personaje, es que se trata de una mujer con un carácter muy fuerte y muy controladora, pero a lo largo de la trama se la va cayendo esta careta y va mostrando sus vacíos emocionales.

“Todos venimos un poco rotos, nuestros papás también tuvieron su historia y vienen cargando unas heridas por sanar, luego los hijos traen su propia maleta de otra clase de problemas... Seguramente habrá mucha conexión con la gente”.

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