El hombre moderno tiene en la Tierra alrededor de 300 mil años, tiempo en el cual se pensaría que ha logrado edificar una sociedad pacífica, equitativa y responsable.

Pero en pleno siglo XXI las cosas parecen decir lo contrario y personajes tan crudos y elementales como los de la obra Edi y Rudy demuestran el poco avance que hemos tenido.

“Yo diría que es un ensayo sobre la estupidez humana vista desde la estupidez, es decir, son personajes que por necesidad y porque su entorno no les permite otra forma de desarrollo”, dic el actor Silverio Palacios, uno de los protagonistas de esta obra, que estrena hoy en La Teatrería.

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Él junto a la actriz Mónica Jiménez dan vida a Edi y Rudy, respectivamente, dos amigos que llevan demasiado tiempo juntos. Tanto, que comparten todas sus rutinas, pero también una relación tóxica con bromas pesadas, silencios incómodos y reproches que nunca se dicen de frente.

Para Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, director, esa dínámica desde sinsentido también es un reflejo de la sociedad mexicana. Él ve un México de primer mundo y otra marginal, estos últimos buscan afrontar la vida desde donde pueden, para lo cual echan mano de su creatividad.

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“Están sitiados por la ignorancia, por la miseria, por una incapacidad de poder salir de su entorno. Entonces, solo tienen que dejarse llevar por la corriente”, consideró. de fondo y forma.

La obra fue escrita en 2003 por el dramaturgo mexicano Luis Enrique Gutiérrez Ortiz Monasterio, mejor conocido como LEGOM; 23 años después sigue teniendo una gran actualidad.

“En este texto tengo grandes ventajas: una, el dramaturgo que da unos diálogos, que a pesar de ser cortos y parecer superficiales, nos descubren a dos seres humanos muy complejos. Segundo, tengo dos viejos lobos de mar que la pescan al vuelo”, señaló el director Manuel Domínguez.

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Aunque este texto está escrito para dos actores, el director decidió hacer algo cuando quién iba hacer a Rudy decidió dejar el proyecto y reflexionó algo sobre el creador de la obra; pensó que si se trataba de un autor subversivo, que le apuesta a la provocación, ¿por qué no poner a una mujer dando vida a un hombre muy básico? Así fue cómo decidió que la actriz Mónica Jiménez era la ideal para el papel.

Silverio reconoce que, al principio, se le dificultó ver un hombre en Mónica, ella comenzó a mostrarle el personaje con cierta rudeza y comenzó a darse entre ellos la actitud que tienen los amigos varones: que se comunican con golpes, empujones y palabrotas.

“Estamos transitando unos tiempos complejos para cuestionarnos muchas cosas, además en el teatro hay una tendencia en este momento en la cual se interpela el diálogo de los géneros en escena de esta manera. Me he divertido enormemente y no saben lo liberador que ha sido para mí decir ‘soy un macho’”, indica Mónica, a quien no disfrazaron de hombre.

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