Durante casi 50 años, Isabel Karam y Jorge Elías compartieron un matrimonio. Pero cuando su hija menor, Giselle Elías Karam, comenzó a revisar miles de horas de videos familiares, descubrió que permanecer juntos durante décadas no significaba necesariamente haber vivido la misma historia de amor.

Su madre tenía 19 años cuando se casó y, como revela Dedo de novia, documental dirigido por Giselle y disponible actualmente para renta o compra en plataformas digitales, no estaba enamorada. La presión por formar una familia pesó más que sus dudas. Jorge, en cambio, estaba convencido de que Isabel era la mujer con quien quería estar.

“No es una historia de amor de Disney en donde se casó enamoradísima con su príncipe azul. Mi papá sí estaba muy seguro, se notaba su alegría y la tristeza de mi mamá. Sin embargo, creo que hay muchas partes de un amor que se fue construyendo”, explica Giselle.

La directora evita reducir esos 48 años a una historia de infelicidad. Entre ambos también hubo alegría, compañía y momentos que los obligaron a sostenerse mutuamente, como la muerte de una hija y la enfermedad de otro de sus hijos.

La pregunta sobre sus padres inevitablemente terminó llevando a Giselle hacia su propia historia. Después de que su matrimonio durara sólo tres años, comenzó a cuestionarse por qué una relación como la de ellos había permanecido durante casi medio siglo mientras la suya no.

La posibilidad de elegir es precisamente una de las diferencias que encuentra entre su generación y la de su madre. Aunque considera que la presión por encontrar pareja, casarse y formar una familia todavía existe, también observa a más personas dispuestas a cuestionar ese camino y construir una vida fuera de él.

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Incluso la maternidad ha dejado de ser, para algunas mujeres, una condición indispensable para sentirse realizadas. Giselle se incluye entre ellas: no tiene hijos y se define feliz.

Dos culturas frente al machismo

La historia familiar de Dedo de novia también atraviesa la identidad mexicano-libanesa de Giselle.

“Este lado del machismo sí es muy compartido tanto entre libaneses como mexicanos, donde el hombre era la figura de poder y la mujer se sentía un poquito reprimida. En eso creo que es casi lo mismo. Sin embargo, sí veo que ha cambiado, que hay más apertura para dejar ser a la mujer, para que se sienta plena laboralmente y pueda hacer lo que quiera”, celebra.

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Isabel tenía 19 años cuando se casó sin estar enamorada.
Isabel tenía 19 años cuando se casó sin estar enamorada.

Para la realizadora contarla también significó convertir su historia en una reflexión sobre las mujeres que hoy pueden hacerse una pregunta que otras generaciones anteriores no: no cuánto puede durar una relación, sino si todavía quieren permanecer en ella.

“Hacer el documental me sirvió muchísimo. Lo que aprendí es que sí deseo amar y ser amada pero desde la libertad, no desde sentirme enjaulada. Y creo que sí se puede encontrar. Bueno, tengo la esperanza”.

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