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Mañana la Junta de Gobierno del Banco de México nos dirá de qué tamaño es el incremento en la tasa de interés de referencia. Es decir, el nuevo precio al que los bancos privados compran el dinero para luego venderlo a sus clientes a través del crédito.
Ya el 17 de noviembre esta tasa alcanzó 5.25% cuando la Junta decidió incrementarla en 0.50 puntos porcentuales, una decisión que aquí consideramos tibia dadas las expectativas sobre el incremento de los precios para 2017 y la fuerte depreciación cambiaria que se reavivó después del triunfo de Donald Trump en las elecciones del 8 de noviembre pasado.
Así que, desde esta perspectiva, la Junta de Gobierno del banco central quedó a deber, con una tasa poco competitiva para retener los capitales y con un peso
que continuó haciéndose añicos después de conocer la decisión del Banco de México.
Por eso es que ni siquiera pasa por la cabeza de cualquier analista sensato que la tasa de referencia se mantenga sin cambios.
El consenso de los analistas anticipa que mañana el banco central anunciará un incremento de entre 25 y 50 puntos base de acuerdo a la encuesta de Banamex divulgada el 6 de diciembre pasado. Ello llevaría a que la tasa objetivo cerraría el año en un rango que va de 5.50 a 5.75%, para continuar con su tendencia ascendente durante 2017.
Sin embargo lo que haga la Junta de Gobierno en este rango no parece suficiente aún como para enviar señales firmes a los inversionistas globales a fin de que volteen sus ojos a México.
Todo este tiempo los funcionarios del gobierno mexicano ha estado jugando con fuego y las consecuencias sobre el peso han sido desastrosas para los ciudadanos, aunque temporalmente luzca como una estrategia inteligente desde Los Pinos al hacer más competitivas a las exportaciones, al atraer a una mayor cantidad de turistas y al financiar la cuenta pública. Son espejitos de corto plazo.
La confianza de los capitales hacia México sigue siendo endeble principalmente por un manejo político de sus finanzas públicas incluyendo las finanzas de Pemex, por el raquítico crecimiento económico que las debilita aún más y por los riesgos adicionales que entraña la llegada de Trump para el comercio bilateral. No por nada las tres calificadoras de riesgos más importantes del mundo han colocado en perspectiva negativa la deuda soberana del país.
La decisión que tome mañana la Junta de Gobierno del Banco de México no va a enderezar el corazón de esta desconfianza que se traduce en mayores niveles de riesgo soberano y, por lo tanto, en una demanda de mayores premios por ese riesgo.
Sin embargo la decisión de la Junta será leída desde dos ópticas: La institucional y la monetaria. En el ámbito institucional la Junta de Gobierno aún debe sacudirse la sombra del intervencionismo desde Hacienda y Los Pinos en sus decisiones; sombra que se acentuó con la renuncia del gobernador Agustín Carstens el 1 de diciembre pasado, apenas 11 meses después de que había sido ratificado para un segundo periodo al frente del banco central. Esta crisis institucional sobre la autonomía del Banco de México solo se sacude con decisiones contundentes en el sentido de su mandato constitucional, que es preservar el poder adquisitivo del peso.
En el ámbito monetario no hay duda sobre la creciente inflación de los últimos meses en términos anuales. La inflación de 3.31% de noviembre, después de 3.06% de octubre, confirma la tendencia alcista que va en la dirección del consenso de los analistas de un cierre de año en alrededor de 3.40%. Pero eso no es todo.
La contaminación de los precios internos por la depreciación cambiaria continúa y el impacto de los precios de las gasolinas en la inflación general al consumidor, ha llevado a que las expectativas de los analistas superen el 4% para el próximo año. Algunos como los de Banamex estiman una inflación de 4.80% para 2017, un nivel que rompe la estabilidad de los precios y mete a la economía en un círculo peligroso de devaluación-inflación.
Así que, por razones institucionales y monetarias, la Junta de Gobierno tendrá que dar un golpe de autoridad para romper la formación de expectativas de un mayor deterioro en el nivel de los precios y de una mayor paliza sobre el peso mexicano.
Si a lo anterior se le añade la incertidumbre sobre las exportaciones y las remesas de los mexicanos por la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, entonces la vulnerabilidad sobre las finanzas públicas y el peso mexicano se magnifican con consecuencias impredecibles aún sobre el valor del peso y la inflación. Mañana la Junta de Gobierno tendrá la palabra.
Twitter:@SamuelGarciaCOM
E-mail:samuel@arenapublica.com
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