La advertencia de Carstens y las omisiones de Meade

Samuel García

Una nueva alza de la tasa objetivo hacia 5.50% en estos momentos sí tendría efectos nocivos sobre los pronósticos de crecimiento para 2017

Agustín Carstens envió ayer una señal explícita a los inversionistas: El banco central elevará la tasa de interés de referencia tanto como sea necesario en caso de que Donald Trump gane las elecciones en Estados Unidos el próximo martes 8 y esto derive en consecuencias adversas para la economía de México.

El gobernador del banco central lo dijo así en Milenio Televisión: “Independiente del resultado, tendrá consecuencias, espero que positivas, podrían ser negativas, en todo caso ahí tendríamos que ajustar nuestra posición de política si es necesario”.

Qué bueno que Carstens se pronuncia sobre acciones concretas para responder a una potencial situación de elevada volatilidad financiera en momentos en que las finanzas públicas —y particularmente el gasto público— se encuentran en franca ‘reparación’ y de cara a un periodo electoral que genera mucha desconfianza de su éxito entre los inversionistas.

Por eso era necesaria la declaración desde las altas esferas del banco central.

A diferencia del gobierno federal que ha preferido mantener un discurso propagandístico sobre la fortaleza de la economía y las finanzas públicas, Carstens ya había advertido que el reiterado mensaje de Donald Trump de aplicar una política de mayor proteccionismo hacia México tendría consecuencias de un ‘huracán’ para la economía nacional.

Y es que el peso mexicano —que ha sido vapuleado desde el último trimestre de 2014 con una depreciación superior al 40% frente al dólar— en las últimas semanas volvió a debilitarse mientras crecían las intenciones de voto favorables a Donald Trump.

Ha llamado la atención de los analistas económicos que una depreciación cambiaria tan importante -en una economía abierta y con un elevado porcentaje de bienes comerciables- no se haya traducido en mayores niveles de inflación. Al contrario, en esta etapa el gobierno ha presumido la inflación anual más baja desde que se tienen registros. Pero esto no podía permanecer así. La fuerte depreciación del peso ha generado inflación en los insumos y bienes intermedios y su impacto sobre los bienes al consumidor ya se resienten, de allí que se hayan elevado las expectativas inflacionarias para 2016 y 2017.

Si bien una victoria de Trump es el escenario más adverso para México, desde la perspectiva de Carstens, tampoco el gobernador ha sido convincente sobre una situación holgada para México con una victoria de Clinton, después de que la candidata demócrata no mostró sus preferencias sobre la relación comercial con México durante la campaña electoral.

La intención de Carstens, a cinco días de la elección presidencial en Estados Unidos, era enviar el mensaje de que hay capacidad de respuesta en México ante una ola especulativa en contra del peso, particularmente desde la política monetaria. Un alza importante de la tasa de referencia sería la respuesta.

Pero el gobernador buscó reforzar esa idea con aquello de que está “discutiendo” con el secretario José Antonio Meade la implementación de un ‘plan de contingencia’ para enfrentar cualquier adversidad derivada del martes 8.

La discusión, a la que alude Carstens, tendría que ver con tres vertientes:

La primera es con la política cambiaria. Es decir, con los mecanismos para la venta de dólares de las reservas internacionales a fin de enfrentar alguna oleada especulativa, en tanto que el secretario de Hacienda preside la Comisión de Cambios. Una paridad de 22 pesos por dólar no luce descabellada para ningún inversionista en un entorno adverso como el descrito por Carstens, aunque es probable que la Comisión de Cambios no actúe hasta que el tipo de cambio no rebase estos niveles, incluso hacia los 25 pesos por dólar. (No se nos olvide que el mejor aliado de Hacienda para equilibrar las finanzas públicas son las ganancias cambiarias que le entregará el banco central en abril de 2017).

La segunda es la política fiscal y, concretamente, un nuevo anuncio de recorte al gasto público que refuerce los objetivos de consolidación fiscal prometidos. Este es un terreno de difícil convencimiento para los analistas e inversionistas que no han visto, en las cifras, recortes reales al gasto.

Y la tercera vertiente de un plan de contingencia es el convencimiento al interior del gobierno sobre el tamaño del alza en la tasa de interés. Y es que una nueva alza de la tasa objetivo hacia 5.50% en estos momentos sí tendría efectos nocivos sobre los pronósticos de crecimiento económico para 2017, sobre los costos de la deuda pública y de la deuda del sector privado.

Si bien el gobernador y la Junta de Gobierno del banco central ya lo habían advertido en las minutas de sus reuniones de política monetaria, el gobierno federal no ha sido claro sobre el tamaño de estos riesgos.

Ayer Carstens lo advirtió tal cual. Aunque el mal menor para la economía mexicana es la victoria de Clinton.

Veremos.

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