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Las ternas o el sometimiento de la Corte

Salvador García Soto

En las dos propuestas del Presidente se mantiene la consigna de meter a la SCJN a un tercer ministro “de equipo”, que completaría el control que ya avanzó con los ministros Ortiz Mena y Medina Mora

Con las dos ternas que envió al Senado el pasado 13 de noviembre, justo antes de su viaje a Turquía, el presidente Enrique Peña Nieto confirmó que, por encima de las múltiples voces de la sociedad y del Poder Judicial que se expresaron para exigirle que integrara su propuesta con juristas independientes y con trayectoria impecable, al final él decidió —en ejercicio de su facultad constitucional— presentar dos propuestas que, si bien cuidaron las formas, al garantizar la cuota de género con una terna exclusiva de mujeres, en el fondo llevan la misma intención que desde el inicio de su mandato ha tenido el grupo peñista: controlar y someter a la Suprema Corte de Justicia de la Nación a los designios del Poder Ejecutivo, con ministros a modo y cercanos al equipo gobernante.

Porque aunque en un principio la vorágine informativa de los atentados en París pasó a segundo plano el tema de las ternas, en las que finalmente Peña Nieto eliminó a sus primeras opciones (como Raúl Cervantes, María del Carmen Alanis o la magistrada Martha María del Carmen) en las dos propuestas del Presidente se mantiene la consigna de meter a la Corte a un tercer ministro “de equipo” que completaría el control que ya avanzó con los ministros Alfredo Gutiérrez Ortiz Mena y más recientemente con el ministro Eduardo Medina Mora. La tercia se completaría con el procurador fiscal Javier Laynes, que es claramente el favorito del grupo peñista y quizás el que más le interesa que llegue a la Corte, mientras que de la terna de mujeres, aunque ahí sí cuidaron tres propuestas que provienen de la carrera judicial de escalafón y sin mucho brillo, se menciona a la magistrada Norma Lucía Peña. El resto de los postulados, serían casi “de relleno” para el Ejecutivo.

Las ternas que ya están bajo análisis en el Senado y que al parecer serán aprobadas en un proceso rápido para evitar la crítica y el desgaste, confirman además que el poder en el gabinete de Peña Nieto sigue estando en manos de un solo hombre: Luis Videgaray Caso, secretario de Hacienda, quien tiene notorios vínculos con el jurista Laynes, pues fue su maestro en el ITAM, y además de hacerlo procurador fiscal, después de una vida dedicada a la academia, ya había intentado convertirlo en ministro de la Corte en la pasada designación de marzo, cuando su nombre fue insistentemente mencionado, pero al final el propio Videgaray decidió cambiarlo por el del ex procurador Medina Mora.

Si todo sale como lo planearon en Los Pinos —y para ello ya hay gente de Videgaray que cabildea intensamente en el Senado los votos clave del PAN, en una operación a cargo del coordinador priísta Emilio Gamboa—, Peña habrá logrado en tres años colocar en la Corte a tres ministros incondicionales y cercanos. Y con Laynez cerrando la pinza, se corrobora la idea que el grupo mexiquense tiene de lo que debe ser el Poder Judicial: un ex director del SAT, un ex procurador general de la República y ahora un procurador fiscal; tres figuras persecutorias cuya formación profesional y visión de la “justicia” es proteger al Estado, entendido éste no como el todo que significa, sino como “proteger al gobierno” y más concretamente al Presidente que los encumbró, sin carrera judicial de por medio, al máximo tribunal del país.

El futuro de la Corte: ¿conservadora y en retroceso? El otro efecto que tendrían las dos designaciones que está a punto de realizar el Senado es que, al otorgarle el control al Ejecutivo, se produciría un enorme retroceso en el avance aún inacabado que había logrado la Suprema Corte para convertirse en un verdadero poder autónomo del Estado, a partir de la reforma judicial de 1995 impulsada por Ernesto Zedillo.

Todo lo que se avanzó con Zedillo y que había ganado la sociedad mexicana al contar con una Corte que por primera vez en su historia intentaba quitarse el yugo del Poder Ejecutivo y luchaba por convertirse en un verdadero Poder, perfilando fallos de una Corte garantista y vigilante de los derechos humanos, contrapeso del presidencialismo histórico, ahora está a punto de cancelarse con Peña y su grupo, en su afán enfermizo de control.

Porque con tres ministros “pro Ejecutivo”, sumados a otros cuatro de los actuales ministros de línea conservadora: Margarita Luna Ramos, Fernando Franco González Salas, Jorge Mario Pardo Rebolledo y Alberto Pérez Dayán, el equilibrio de fuerzas en la Corte se inclinaría definitivamente a la línea “conservadora”, caracterizada por una interpretación más formal, casi letrista, de la Constitución y mucho más proclive a los intereses del Ejecutivo.

En el ala liberal, con la salida este mes de los ministros Juan Silva Meza y Olga Sánchez Cordero prácticamente se quedarían solos Arturo Zaldívar Lelo de Larrea y José Ramón Cossío —con el agravante de que se odian uno al otro— y en una línea no tan definida el ministro presidente Luis María Aguilar y la posible nueva ministra Norma Lucía Peña, a quien expertos en el tema judicial consideran “una buena magistrada, pero gris y buena redactora de sentencias”.

Así que eso es lo está en juego en las designaciones que muy pronto realizará el Senado. Para el grupo gobernante, la posibilidad de consolidar su poder en lo que resta del sexenio e incluso más allá de su administración con el sometimiento y control de la Suprema Corte de Justicia de la Nación; para la sociedad un posible retroceso si se consuma el nombramiento de por lo menos un ministro más cercano e incondicional a la Presidencia. Ya lo dijo el ministro presidente, Luis María Aguilar, el pasado 17 de octubre: “Un juez que no es independiente es todo menos un juez. Es el escribiente o el mandadero de alguien, pues la independencia que aleja de la corrupción es la esencia de esos funcionarios”. Y lo dijeron también muchas voces de académicos, congresistas y dirigentes de la sociedad civil. Pero nada de eso escucharon en Los Pinos donde todo indica que más que ministros y juzgadores independientes e imparciales, lo que quieren son, precisamente, escribientes y mandaderos.

 

Notas indiscretas… Tal como se lo dijimos desde el jueves, Andrés Manuel López Obrador se convirtió ayer, en una votación fast track, en presidente nacional de Morena. Lo cual no deja de ser un mero formalismo porque ya en los hechos era el único mandamás de su partido. Lo interesante ahora será ver dos cosas: primero, qué tanto el cargo lo protege de la reforma electoral que anunció Manlio Fabio Beltrones para evitar que promocione su imagen y su campaña presidencial en los spots de su partido, y segundo, qué tan fuerte, folclórico y entretenido va a ser el agarrón entre dos gallos de peso completo y largos espolones como son el tabasqueño y el sonorense de aquí a 2018. ¡¡¡Hagan sus apuestas!!!... Ayer se apuntó el “primer candidato independiente al gobierno del DF en 2018”. Con un video difundido en YouTube y en las redes sociales, Hugo Rodríguez Barroso, un abogado, comunicólogo y doctor en Ciencias, que además es un destacado deportista de alto nivel que tiene entre sus hazañas haber cruzado dos veces a nado el Canal de la Mancha, entre Inglaterra y Francia, por lo que figura en el récord Guinness. También fue conocida su hazaña de haber sobrevivido una noche completa en la cima del Everest, que conquistó en tres ocasiones, sin tienda de campaña, sin oxígeno y a una temperatura de -45 grados. En el video que difundió desde ayer, se presenta como “un ciudadano preocupado por lo que pasa en nuestra ciudad de México, la más poblada y desafiante”, y propone un “Plan Maestro de Reingeniería Política, denominado la Prefectura Ciudadana”, que dice haber trabajado desde hace 11 años y en el que plantea la creación de una “Contraloría Superior Ciudadana para combatir la corrupción”. Además de sus tres licenciaturas y una maestría en Administración y un doctorado en Ciencias dice en su video que trabajó durante 15 años en el sector público en distintas dependencias, y ofrece que observará las leyes en materia electoral y los tiempos que marca la ley. ¿Será que el Distrito Federal, cansado de las viejas e inoperantes regencias priístas y de la corrupción en los gobiernos perredistas podría dar cabida a un candidato independiente?... Los dados cierran con Serpiente. Semana de altibajos.

 

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