AMLO o el arte de engañar con la verdad

Salvador García Soto

Como en las comedias del barroco español, donde los dramaturgos engañaban al público desviando su atención y les daban pistas reales para ocultar el desenlace y engañar al espectador diciendo la verdad, Andrés Manuel López Obrador presentó una declaración 3de3 que, de tan honesta y austera, se vuelve poco creíble y casi irreal. El dirigente nacional de Morena y futuro candidato presidencial parece practicar, con sus declaraciones patrimonial, de intereses y fiscal, ese procedimiento ingenioso del Siglo de Oro español al que llamaban “el arte de engañar con la verdad”, pues aunque da datos, cifras e informaciones que pueden ser verídicas, en el fondo también oculta mucho más de lo que dice, invitando a creerle —casi en un acto de fe— que vive como predica: en austeridad casi franciscana.

Porque aun concediéndole a López Obrador su petición de que “no me confundan con Salinas, Zedillo, Fox, Calderón, Peña Nieto y otros corruptos” y su afirmación de que “no somos iguales” porque él no vive con los lujos con los que viven esos ex presidentes, lo que sí resulta irreal y difícil de creer es que un personaje público con su trayectoria y su nivel pueda sostener con un único ingreso de 50 mil pesos mensuales un ritmo de vida como el que tiene desde hace al menos 16 años, lapso durante el cuál ha sido jefe de Gobierno del DF, dos veces candidato presidencial y promotor fundador de su partido político. Eso sin contar que tiene varios dependientes económicos entre los que se encuentra un hijo menor de edad y su esposa, de la cual también reporta ingresos mensuales similares.

La primera pregunta que surge es, ¿cómo ha recorrido el país más de tres veces durante estos 16 años visitando, literalmente, cada uno de los 2 mil 417 municipios que existen en el país hasta en tres ocasiones, según afirman sus colaboradores cercanos, con ese nivel de ingresos? Porque, aunque sea verdad que tal vez no viaje con los lujos ni el dispendio con que lo hacen otros políticos, simplemente para boletos de avión, gasolinas, camionetas, comidas, traslados, hospedaje, y sin contar los requerimientos para sus mítines y reuniones, que pueden ir desde salones, carpas, sonido y algún templete, se necesita mucho dinero. Se entiende que él no paga de su bolsa todos esos gastos, pero la pregunta que durante años no ha respondido y que tampoco responde en sus declaraciones Andrés Manuel es de dónde entonces han salido los recursos económicos para costear todos esos recorridos proselitistas, sobre todo en las etapas en que no hacía campaña formal ni ocupaba cargos políticos o de dirigencia, y quién o cómo los ha financiado.

Aunque el Instituto Mexicano para la Competitividad (Imco) y Transparencia Mexicana ya validaron la declaración 3de3 del dirigente de Morena al publicarla en su plataforma, luego de que éste hiciera las aclaraciones y aportará la información detallada que le solicitaron y que no estaba en su primer declaración, lo declarado por López Obrador deja muchas dudas y no genera credibilidad en un amplio sector de la opinión pública, por encima de los adjetivos y las descalificaciones que emitieron sus contrincantes políticos o la creencia a ciegas que le profesaron sus simpatizantes y seguidores incondicionales.

Porque decir que no tiene propiedad alguna, automóvil o algún tipo de bienes a su nombre, cuando se sabe que sus casas y departamentos, que sí las tenía, ya se las dio a sus hijos o que siempre tiene un vehículo a la puerta para moverse en muchos casos pagado con recursos públicos, es decir la verdad, pero al mismo tiempo engañar. Una de las observaciones que le hicieron el Imco y Transparencia fue que dijera dónde están las propiedades que sí declara a nombre de su esposa y sí alguna de esas propiedades o inmuebles le genera ingresos, a lo que dijo que sí hay un departamento en Puebla del que al parecer cobra una renta.

También resulta increíble que diga no tener ninguna tarjeta de crédito ni cuenta en el banco, salvo una de nómina en Banca Afirme, donde le depositan su sueldo como dirigente de Morena y donde reporta tener 100 mil pesos, que corresponderían a dos meses de trabajo. ¿Y entonces como paga sus cuentas básicas de servicios por ejemplo el celular, el cable o muchos otros servicios en los que para contratar casi es requisito tener una tarjeta de crédito?

De la corrupción a la santidad. El problema con las declaraciones de López Obrador es que, en su afán o necesidad de distinguirse de otros políticos y gobernantes que ciertamente viven con lujos y comodidades que no siempre corresponden a su nivel de ingresos ni a su trayectoria profesional, el tabasqueño se va al otro extremo y se presenta y describe, según sus informes financieros y patrimoniales, casi como un asceta que, envuelto en un halo de pureza ha renunciado a todo lo mundano y vive de una manera completamente austera no sólo él, sino también su familia.

El problema es que esa imagen no corresponde con la imagen que él mismo ha proyectado en sus actividades políticas donde, si bien se conduce con austeridad, también se le han evidenciado lujos y gastos en ropa y accesorios a él o a algunos de sus hijos. Son recordadas sus fotos con trajes de diseñador que costaban mucho más de los 50 mil pesos que hoy dice ganar o más recientemente un reloj de 139 mil pesos con el que fue captado comiendo en una fonda.

Tal vez la única parte que puede resultar más creíble de su declaración es lo que se refiere a los conflictos de interés que dice no tener en este momento porque no forma parte de ningún consejo de administración de empresa. Aún suponiendo que el Imco y Transparencia verificaron la información y la consideran real, queda la sensación de que la necesidad de mostrar tanta austeridad y de parecer tan austero no son del todo reales y que fue una declaración para la que, antes de hacerla —se tardó más de tres semanas desde que lo hicieron los otros dirigentes de partido—, todo se acomodó, sus bienes, propiedades e ingresos para que fueran reales.

Al final, como testimonio de lo polémico que siempre resulta Andrés Manuel López Obrador, y su declaración 3de3 no podía dejar de serlo, quedan las reacciones tan disímbolas y encontradas que provocó en la sociedad. “¿Cómo contrata López Obrador su celular? ¿Cómo paga la luz o el agua? ¿Cómo paga sus gastos diarios? ¿Cómo los ha pagado durante 20 años? ¿Quién le paga sus boletos de avión cuando va a Estados Unidos? ¿De qué vive y cómo se financia López Obrador?”, le preguntó el presidente del PRI, Enrique Ochoa. “Puedo decir, desde el trato que tuve con él de muchos años, que siempre ha sido un hombre honesto y austero”, lo defendió el líder perredista del Senado, Miguel Barbosa. “Es natural que haya gente que no le crea lo que reporta como patrimonio. No es para menos en un país en donde todos los días amanecen ricos nuevos, que se han enriquecido de la política”, opinó Indalecio Encinas en la página de EL UNIVERSAL. “Ninguna persona que vive del erario público es santa, te aseguro que no tienen propiedades sospechosas a su nombre, pero, debe tener prestanombres. El hombre no es santo”, dijo Martha Gómez Aceves, también en los foros de internet.

Sobre el arte dramatúrgico de “engañar con la verdad”, del que fueron apasionados defensores Lope de Vega, Miguel de Cervantes y su principal exponente, Miguel Sánchez, decía el filósofo y matemático español, también del Siglo de Oro, Juan Caramuel: “Sin duda entre los dolos más ingeniosos debe colocarse en primer lugar el que engaña con la misma verdad. Tiene lugar cuando alguien de tal manera está dispuesto que difícilmente aceptará lo que se le diga. Entonces el que quiera engañarlo, piensa así: ‘Clodio es un hombre incrédulo y desconfía de mí. Juzgará falso todo lo que le diga y, sin embargo, voy a engañarlo. ¿Cómo? Le contaré la verdad, y como no cree lo que yo digo, se engañará’”. ¿Será que López Obrador nos trata de engañar con la verdad?

Notas indiscretas… Hablando de verdades que se ocultan detrás del maquillaje. Cuentan de un gobernador del altiplano que en una ocasión, comiendo en su Casa de Gobierno con funcionarios federales, pidió permiso para ir al baño. Cuando regresaba el mandatario, otro de los comensales se levantó al sanitario y como corresponde cerró la puerta con seguro. Se disponía apenas a usar el servicio cuando tocaron fuerte la puerta del baño. “Está ocupado”, respondió el visitante, pero los toquidos se hicieron más intensos. “Es que el gobernado olvido algo, ¿va a tardar mucho?”, le preguntaron. “Pues en cuánto termine”, dijo incómodo el funcionario federal. Cual fue su sorpresa, que al acercarse a lavarse las manos en el lavabo, vio un set de maquillaje profesional, de esos que vienen encerrados en un maletín, que estaba abierto. En tres niveles había toda clase de sombras, rubores, polvos y bases para el maquillaje facial. Entendió entonces la urgencia de lo que había olvidado el gobernador, y en cuánto salió del baño, el ayudante entró apresurado a recoger el olvido… Los dados cierran con Serpiente. Semana intensa.

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