Suscríbete

Quintana Roo, entre la pepena y la ruptura

Salvador García Soto

El codiciado paraíso quintanarroense, con su corredor Cancún-Riviera Maya y toda su cauda de recursos, desarrollo y riqueza, será motivo de una feroz disputa electoral en las elecciones del próximo 5 de junio. El dominio priísta, en la gubernatura de un estado que nunca ha conocido la alternancia, podría verse amenazado si cobra fuerza la alianza PAN-PRD que llevará como candidato al ex priísta Carlos Joaquín. Quintana Roo resulta estratégico, más que por los votos de su padrón estatal, por la enorme fuente de recursos que representa un estado donde se ubica el mayor polo turístico nacional y uno de los principales destinos a nivel internacional.

Eso explica el enorme apetito que despierta el control de su gubernatura y el choque de visiones sobre el proceso electoral en marcha. Porque mientras la oposición y sus dirigentes nacionales celebran como un gran logro haber convencido al ex subsecretario de Turismo de que sea su candidato en una alianza, entre los priístas, tanto a nivel local como nacional, se minimiza el impacto de su salida y apuestan a que Carlos repetirá la historia de su media hermana, Ady Joaquín Coldwell, que también renunció al PRI en 2005 y se postuló al gobierno por una coalición (PAN-Convergencia), quedando en el tercer lugar de aquella elección.

No es eso lo que esperan Agustín Basave, líder del PRD, y Ricardo Anaya, junto con el otro gran mecenas de esta candidatura en el PAN que fue Rafael Moreno Valle. La alianza opositora busca exprimir electoralmente el apellido del también medio hermano de un ex dirigente nacional del PRI, Pedro Joaquín Coldwell, y miembro de una familia de gran influencia política y económica en Quintana Roo; quieren y buscan que Joaquín se lleve consigo el voto priísta.

Pero lo que ambiciona la oposición lo descartan los priístas. Hay voces que afirman en el viejo partido que con todo y que Carlos Joaquín renunció al PRI habrá “un real proceso de unidad en Quintana Roo”, porque creen que el ex subsecretario de Turismo no logró construir el escenario de fractura que se propuso para justificar su salida. “Se fue sin lograrlo (la fractura) porque el tiempo se le vino encima, pero no en función del plazo legal que marca el 15 de febrero para el arranque del proceso interno, sino por la urgencia de liberarse de la militancia para ser opción negociable para la alianza PRD-PAN”, dice un encumbrado priísta que pidió el anonimato.

Lo cierto es que Carlos Joaquín estiró lo más que pudo la liga y alargó los tiempos para su renuncia en el PRI en caso de que no se le obsequiara la candidatura. Con el mensaje de haber sido víctima de acoso y ataques constantes del gobernador Roberto Borge y del delegado priísta Ulises Ruiz —que incluyó la filtración de espionaje telefónico— el ex priísta buscó la mejor salida para saltar de su partido: la victimización, pero se fue antes de que iniciara el proceso interno y cuando aún estaba en pláticas y negociaciones con la dirigencia de su partido. El PRI elegirá en cuestión de horas a un candidato, al que insisten en llamar “de unidad”, porque según ellos, la de Joaquín no fue ruptura y “una golondrina no hace verano”.

Veremos cuál de las dos visiones se impone en la disputa por la gubernatura: la del priísmo que minimiza esta renuncia o la de la oposición que cree tener a “un candidato de lujo”, producto de la pepena de un ex priísta. En todo caso, el paraíso codiciado de Quintana Roo, con su millonario corredor y su lucha entre la continuidad priísta y la apuesta de alternancia opositora, será de las elecciones más llamativas de junio próximo.

NOTAS INDISCRETAS… Y hablando de Quintana Roo, la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, que encabeza el magistrado Constancio Carrasco, confirmó ayer la designación de magistrados electorales en ese estado, y en Chihuahua y Oaxaca, aprobada por el Senado. Aunque los magistrados dieron debido trámite a lo aprobado por los senadores, hubo una discusión en el Tribunal sobre la necesidad de motivar la participación de más mujeres en los procesos para elegir cargos de la Judicatura. Y es que entre los magistrados electorales aprobados, la mayoría eran hombres y sólo algunas mujeres, por lo que el Tribunal Electoral, que no tiene herramientas para revertir las decisiones que toma el Senado, tuvo que aprobar la integración mayoritaria masculina, aunque no dejó de apuntar que “si desde el principio participan el mismo número de mujeres que de hombres, es más fácil llegar a una integración con paridad de género”. ¿Lo entienden en el Senado?... Los dados mandan Serpiente. Caída Libre.

[email protected]

TEMAS RELACIONADOS

Comentarios