Las primeras dos acepciones del término “negociar” contenidas en el Diccionario de la Real Academia Española son: “tratar y comerciar, comprando y vendiendo o cambiando géneros, mercancías o valores para aumentar el caudal” y “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”. Ambas definiciones denotan una noción progresiva en este término. Esto es, una negociación tiene por objeto “aumentar” o tratar de obtener “un mejor logro”.

Por ello, nuestro país debería aceptar la “oferta” y presentar una postura para renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN). La renegociación debe ser encarada como una oportunidad y no como una amenaza.

Durante mucho tiempo, México ha utilizado, sin éxito, vías alternas para entablar una renegociación del TLCAN, dichas iniciativas han dado lugar a diálogos al margen de dicho instrumento o a nuevas negociaciones como la más reciente del Tratado de Asociación Transpacífico (TPP).

El TLCAN fue un acuerdo “de avanzada”, único en su tipo, con reglas modernas que potenció nuestras ventajas geográficas y en mano de obra, creando fuertes sinergias entre los actores de los tres países. Hoy, habría que dejar de lado los dogmas y temores sobre la eventual renegociación del TLCAN y fijar una postura clara y estratégica basada en el reconocimiento de que el TLCAN es un instrumento jurídicamente obsoleto que es necesario mejorar y actualizar.

Algunas de las áreas que México podría poner en la mesa de negociación son las siguientes:

Mejoramiento del intercambio y fortalecimiento de la integración regional a través de las Reglas de origen. Se debe propiciar una mayor integración entre las industrias de los tres países, para ello el aumento del porcentaje de contenido regional previsto por las reglas de origen es fundamental. En el mismo sentido, habría que proponer la creación de una “ventanilla TLCAN”.

A pesar de los esfuerzos por modernizar y mejorar la cooperación aduanera trilateral, es necesario perfeccionar el cruce transfronterizo. Debemos ir más allá de la “facilitación” del comercio y buscar lograr una verdadera agilización y optimización del mismo. Asimismo, deben modernizarse las disciplinas en materia de normas técnicas y normas sanitarias y fitosanitarias.

En la misma lógica de una ventanilla TLCAN, se requiere más que una buena intención para hacer compatibles, o por lo menos equivalentes, las normas técnicas y sanitarias de los tres países, así como depurar los procedimientos de aprobación y evaluación de la conformidad.

Compras del gobierno. Habría que iniciar la negociación que quedó pendiente hace 17 años para incluir las compras estatales. La inclusión de compras estatales no sólo beneficiaría a empresas mexicanas para acceder a ese mercado (que es mayor que el de compras federales), también ayudaría a poner candados a las compras estatales de los gobiernos locales en México que han generado controversia por temas de corrupción y falta de transparencia.

Servicios Profesionales. Este es un tema que el TPP no abordó y en el que México tiene un interés ofensivo. Se requiere mejorar y hacer operativos los acuerdos de reconocimiento mutuo para que los profesionistas mexicanos puedan prestar sus servicios en Estados Unidos y Canadá.

Migración. De la mano del tema anterior y dado que ya existe una libre circulación de bienes y servicios, también habría que poner sobre la mesa el inicio de un diálogo en materia migratoria.

Competencia Económica. Se requieren normas trilaterales en materia de competencia. Los buenos deseos que contenía el TLCAN, y que también replica el TPP, no son suficientes. Deben existir disciplinas para atender conductas anticompetitivas de agentes económicos, especialmente empresas cuyas operaciones afectan a los tres países.

Mejorar/Fortalecer la Estructura institucional. La Comisión de Libre Comercio integrada por los tres ministros responsables de comercio se convirtió en una instancia de papel. Las secciones del Secretariado de los tres países están en el olvido.

Solución de Controversias. Hace más de 15 años que no se inicia una controversia en el marco del TLCAN. Resulta fundamental rectificar las causas por las que el capítulo de solución de controversias no funciona, por ejemplo, el mecanismo para nombrar panelistas.

Concluyendo, es urgente desmitificar la renegociación del TLCAN. Dicho tratado es un contrato entre tres países que resulta ya obsoleto y debe revisarse. La nueva administración de Estados Unidos ya expresó su intención, México debe actuar y poner sus cartas sobre la mesa.

[1] Profesor Titular. Facultad de Derecho. UNAM. Juez del Órgano de Apelación de la Organización Mundial del Comercio Twitter: @ricardoramirezh

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