Felipe Flores, gran oportunidad para derrumbar un mito

Óscar Mario Beteta

Con la captura del ex director de Seguridad Pública de Iguala el gobierno puede resurgir de las cenizas

Desde hace una semana, el gobierno tiene una joya en sus manos. De golpe, se colocó en posición de reacreditarse y relegitimarse frente a la sociedad. Con el capital político, legal, institucional y mediático que recuperó con la captura del ex director de Seguridad Pública de Iguala, Felipe Flores Velázquez, puede resurgir de las cenizas en que quedó, y aun fortalecerse después del caso Ayotzinapa, que lo persigue como fantasma.

Esa detención, indebidamente aquilatada hasta ahora, ofrece a las autoridades un recurso invaluable para esclarecer y cerrar el todavía espinoso tema del asesinato y desaparición de los 43 estudiantes en Iguala.

Felipe Flores Velázquez, aprehendido en esa localidad gracias a la paciente y eficaz tarea de investigación del sistema de inteligencia conformado por la Policía Federal, Sedena, Semar y Cisen, sabe más que nadie sobre el caso. Con sus declaraciones puede contribuir a cerrar esa herida social para evitar que siga abierta a la manera como ha quedado por décadas la de la masacre de Tlatelolco.

El ex jefe policiaco es el único que supo minuto a minuto cada movimiento de lo que pasó en torno a los muchachos. Él recibió órdenes de su entonces jefe, José Luis Abarca, alcalde de Iguala. Él transmitió órdenes a sus subordinados. Supervisó que éstas se cumplieran al pie de la letra.

Igualmente, debe haber llevado una bitácora con todos los detalles de lo sucedido. Movimientos, participantes, traslados, supuesta entrega de los estudiantes a grupos delincuenciales, uso de la fuerza y de las armas, acciones y ex acciones, excesos, muerte, desaparición…

Todo, absolutamente todo lo que haya estado en vínculo con este asunto, está en conocimiento de ese hombre, quien seguramente debió haber mantenido un control sobre muchas cosas y personas, muchas complicidades, como para esconderse y escurrirse durante más de 24 meses.

¿En qué medida los datos de la investigación que se llevó a cabo y sobre los cuales se construyó la “verdad histórica” del ex procurador Jesús Murillo Karam, serán consistentes con las declaraciones que haga Flores Velázquez?

¿Quién, a partir del eventual empate de esas dos versiones, fue quien dio la orden de secuestrar y matar a los estudiantes, como afirma la Procuraduría General de la República, y que siguen desaparecidos?

Conocer al o a los autores intelectuales de este lamentable cuanto doloroso hecho es de trascendental importancia. Pero más lo es saber qué pasó con quienes aspiraban a ser profesores.

¿Fueron asesinados e incinerados y sus restos arrojados en un río como se asienta en la investigación oficial? ¿Están vivos todavía, como esperan sus familiares? Y si éste fuere el caso, ¿dónde se los ha retenido por tanto tiempo? ¿Llevaría al feliz final de liberarlos y concluir este negro capítulo la confesión ministerial de Felipe Flores Velázquez?

Eso daría una enorme tranquilidad a toda la población. El gobierno se cubriría de gloria. Los bonos de los gobernantes se irían al cielo. La gente olvidaría todas las afrentas de los últimos años. Volvería a creer en las instituciones y en las leyes. El PRI se recrearía en el poder en 2017 y 2018 con cierta facilidad. La impartición de justicia y la observancia de la ley reencausarían a México en la ruta del deber ser.

Y si se diera un escenario contrario, en el que ese individuo, vinculado familiarmente al ex presidente municipal de Iguala, confirmara los supuestos de la PGR, el tema también podría cerrarse sobre la base de que, lo que se ha dicho que pasó, efectivamente pasó. Éste sería una especie de “tómalo o déjalo”, pero no hay más.

Aunque en este escenario la reacción colectiva y los resultados para el gobierno no fuesen de lo mejor, su posición para convalidar la “verdad histórica” exigiría un mínimo de plausibilidad y credibilidad.

Cerrar el caso Ayotzinapa en cualquier situación es un imperativo para todos. Las frecuentes movilizaciones, presiones, extorsiones, marchas y el desgaste infame con los que los familiares de los estudiantes han acompañado sus legítimos reclamos, debe terminar a toda costa.

La gran oportunidad que tiene el gobierno federal, después de haberse asumido indirectamente como responsable de esos hechos, de acabar con lo que se perfilaba a establecerse como el mito histórico del siglo XXI, es inapreciable. Y es seguro que no la desaprovechará.

SOTTO VOCE …Muy bien recibidos los nombramientos de Raúl Cervantes Andrade y de Arely Gómez como nuevos titulares de la PGR y de la Función Pública, respectivamente. Serán un extraordinario complemento para fortalecer y concluir con el nuevo Sistema Nacional Anticorrupción… La eficacia administrativa del director del IMSS, Mikel Arriola, está a la vista con el saneamiento de las finanzas y el mejoramiento de los servicios médicos de esa institución… La apertura de la Autopista Urbana Sur es un acierto. Desahogará mucho el tráfico en la salida a Cuernavaca... Responsable y loable la lucha sostenida que lleva a cabo el jefe de Gobierno de la Ciudad de México, Miguel Ángel Mancera Espinosa, por la asignación de un mayor y mejor presupuesto.

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@mariobeteta

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