La batalla de Mosul

Nouhad Mahmoud

La largamente esperada ofensiva para recapturar la ciudad de Mosul, en el norte de Irak, del Estado Islámico se encuentra en marcha. Fue anunciada por el primer ministro iraquí, Haider al-Abadi, en la mañana del 17 de octubre. Solicitó a los residentes de la ciudad que cooperen con las fuerzas del gobierno que están participando en la operación.

Las preparaciones políticas fueron extensas entre la “coalición” que atacará Mosul con resultados modestos al final. Las dudas y la animosidad dominan entre el gobierno iraquí y el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, entre los kurdos y los líderes iraquíes, entre sunitas y las fuerzas chiítas de movilización popular apoyadas por Irán.

La semana pasada se incrementó la tensión entre Irak y Turquía. El primer ministro Al-Abadi advirtió a Turquía que estaba arriesgando una guerra regional al mantener tropas dentro de Irak, insistiendo que ha “advertido a Ankara más de una vez en contra de la intervención”. Eso vino después de que el Parlamento turco votara para expandir la presencia de Turquía en Irak por otro año “para luchar contra las organizaciones terroristas”. Ankara insiste en que sus tropas están presentes en el norte de Irak con el acuerdo del gobierno de Bagdad. El presidente Erdogan repitió la determinación de su país de participar en la batalla por Mosul.

Mosul es principalmente una ciudad sunita donde árabes, kurdos y turkmenos conviven en esa ciudad estratégica y rica en petróleo. Turquía está preocupada por cualquier cambio en su demografía. Tiene sus dudas, como los iraquíes sunitas sobre la intención sectaria del gobierno de Bagdad que está bajo fuerte influencia iraní. Incluso la población en Mosul está preocupada por la presencia de fuerzas chiítas entre la coalición de liberación. El miedo de enfrentar el destino de sus compatriotas en Al-Aubar, donde las ciudades “liberadas” fueron víctimas de venganzas sectarias y atrocidades.

Ezzedin Dowla, quien representa a la minoría turkmena de Mosul en el Parlamento iraquí, advirtió que la presencia de militantes chiítas y kurdos en las fuerzas del gobierno para liberar la ciudad podría encender tensiones sectarias. Advirtió que el suburbio de Tal Afar en Mosul, habitado por la etnia turkmena, podría ser convertida en escombros tanto por la milicia chiíta como por la kurda.

Hay otras preocupaciones sobre la intención kurda de expandir su territorio en y alrededor de Mosul en un momento en el que disfrutan del apoyo estadounidense en el territorio. Analistas políticos piensan que Estados Unidos “tendrá un delicado acto de malabarismo” para preparar las fuerzas que participarán en la operación para liberar Mosul. Sin embargo, los estadounidenses no están solos en Irak: la influencia iraní en el gobierno, sus milicias en el campo de batalla y su inquebrantable determinación tienen un rol decisivo en las decisiones y actos en Bagdad.

Después de semanas o meses, Mosul será liberada del Ejército Islámico, pero ¿a qué precio? El ministro iraquí para los refugiados, Jassem Mohamed, dijo a los periodistas que su ministerio se estaba preparando para llevar a cabo operaciones humanitarias alrededor de la batalla de Mosul. El ex embajador de Estados Unidos en Irak, Zalmay Khalilzad, estimó que las operaciones militares podrían generar más de un millón de refugiados.

Perder Mosul sería una pérdida política y estratégica significativa para el EI. Es la ciudad más grande bajo su control y su último territorio en Irak. Su pérdida es un problema económico serio.

El Departamento del Tesoro de Estados Unidos dijo que el Estado Islámico recolectó alrededor de mil millones de dólares el año pasado, la mitad siendo ingresos provenientes del petróleo y el gas, y más de un tercio provenientes de impuestos y extorsión a la población en lugares como Mosul, que ha sido una mina de oro para el EI. Liberar Mosul es un enorme golpe para las finanzas del EI.

Todavía no es clara qué tan dura será la resistencia del EI al ataque. Una apertura hacia el oeste podría ofrecerles una manera de huir de la escena hacia Siria, pero la Fuerza Aérea de la coalición no hará que su escape sea fácil, incluso si se deciden por una retirada táctica con el fin de prepararse para futuras batallas. Mosul no es el final para ellos, sino el inicio de una nueva era de su nefasta existencia y actividades.

El problema será para los victoriosos decidir el tipo de gobierno para la ciudad y quién dominará qué. Todas las partes tienen sus agendas y éstas son contradictorias. Los turcos, los kurdos, los iraníes, los sunitas y los chiítas se enfrentarán al día después de la liberación con sus diferencias. Rusia no está involucrada en Irak. Estados Unidos no ha demostrado ser hasta ahora una fuerza de equilibrio. La confrontación regional es obvia y también las víctimas, los iraquíes, hasta que encuentren una manera de unirse por sus propios intereses.

El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011

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