El futuro de Gerardo Ruiz Esparza

Mario Maldonado

Dos semanas antes de que se abriera el socavón en el Paso Exprés de la autopista México-Cuernavaca, el cual ocasionó la muerte de dos personas, me reuní con Gerardo Ruiz Esparza. El secretario de Comunicaciones y Transportes lucía tranquilo y feliz. No era para menos: habían transcurrido semanas intensas que culminaron con el virtual triunfo de su amigo Alfredo del Mazo en el Estado de México. Ruiz Esparza apoyó la candidatura del primo del presidente Enrique Peña Nieto y ayudó a ‘operar’ –como se dice en la jerga política– buena parte de su campaña.

En aquella reunión, Ruiz Esparza habló de su futuro. Sobre sus aspiraciones políticas, me dijo que llevaba 47 años ininterrumpidos en el servicio público y que lo único que quería era terminar bien su gestión al frente de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT). Esa fue la orden que le dio también a sus subsecretarios y directores: “No se distraigan, porque tenemos que concluir los pendientes”; “ordenar la casa”, como pidió el presidente Peña a su gabinete en una reunión previa. Aunque no lo dijo abiertamente, parecía que Ruiz Esparza, quien cumplió 68 años en abril de este año, pensaba más en tomarse un descanso que en otro cargo público.

Y si no lo pensaba, la crisis que enfrenta por la muerte de dos personas en una obra que otorgó y supuestamente supervisó la dependencia a su cargo terminará por sacarlo, inexorablemente, de la escena política aunque sea por un tiempo. Lo que llama la atención es su resistencia a renunciar al cargo, como se lo han pedido decenas de voces en la sociedad, los medios de comunicación y los partidos políticos. ¿Qué afecta más la imagen del secretario y del presidente Peña, quedarse al frente de la SCT o renunciar? Es una pregunta que debió analizarse en su equipo y en el Ejecutivo, pero cuya decisión fue tomada únicamente por Ruiz Esparza.

¿Por qué Gerardo Ruiz Esparza tiene tanto poder para decidir si se va o se queda? El secretario es uno de los incondicionales del presidente Enrique Peña Nieto y la lealtad mostrada desde que trabajaron juntos en el Estado de México lo ha hecho intocable. No es la primera vez que el titular de la SCT ha enfrentado escándalos, incluyendo asuntos de presunta corrupción (OHL), aunque sí es la mayor crisis de su carrera política.

Pero pensándolo bien, por qué debería renunciar el secretario Ruiz Esparza si otros altos funcionarios de la SCT involucrados en presuntos actos de corrupción y conflictos de interés siguen en sus puestos. Ahí está Benito Neme y los #Capufeleaks. Según la asociación Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, Mauricio Sánchez Woodworth, el segundo funcionario más importante de Capufe y brazo derecho de Neme, acordó cobros y entregó información a compañías que ganaron contratos por 770 millones de pesos. Por cierto, ¿alguien sabe cómo va esa investigación?

Cómo olvidar también aquel viaje a la isla Alacranes en el helicóptero que aterrizó en una zona natural protegida y en el que iban a bordo el contratista del gobierno federal, Emilio Díaz Castellanos; el senador Emilio Gamboa y el coordinador de Puertos y Marina Mercante de la SCT, Guillermo Ruiz de Teresa.

Y si abrimos el abanico, ¿por qué debería renunciar Ruiz Esparza si en escándalos de corrupción como el Odebrecht, que admitió pagar más de 10.5 millones de dólares en sobornos a funcionarios de Pemex, no se ha encontrado un solo presunto responsable, convirtiendo a México en el hazmerreír internacional por su falta de resultados?

Lo que sucede con el secretario de Comunicaciones y Transportes no es sino un caso más en el que, pese a los clamores sociales, mediáticos y de los partidos de oposición, las renuncias y castigos a funcionarios se deciden mediante cálculos políticos o se pretenden “olvidar” porque así conviene o así quiso el político en cuestión.

¿Cuál será el futuro de Gerardo Ruiz Esparza? Quizá uno parecido al del ex procurador Jesús Murillo Karam, quien sí renunció a la PGR para tomar un cargo breve al frente de la Sedatu y luego desapareció de la escena pública… solamente para regresar a “operar” en la sombra campañas y otros asuntos relevantes en el PRI.

Posdata. Y hablando de priístas, se comunicó vía telefónica el presidente del PRI, Enrique Ochoa, para precisar que no está interesado en llegar a Pemex ante una eventual salida de José Antonio González Anaya, actual director general de la empresa, quien suena como posible sucesor de José Antonio Meade en Hacienda. Esto, a propósito de lo publicado en la posdata de la columna del martes.

 

@MarioMal
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