Y pese a todo, México imanta a los fondos de inversión

Mario Maldonado

¿Qué atrae a los grandes fondos de inversión y a los gigantes petroleros a México? ¿Acaso no han escuchado que Andrés Manuel López Obrador (AMLO) quiere echar por tierra la reforma energética; que Pemex es investigado por asuntos de corrupción, que su líder sindical, Carlos Romero Deschamps, lleva años regalándose una vida de millonario con el dinero de los mexicanos; o que hay empresas como Grupo IUSA que monopolizan el negocio de medidores eléctricos mediante presuntas prácticas de simulación?

En un país donde pasa todo esto sin que haya, como ha sido el caso de Odebrecht, resultados en la mayoría de los casos, gigantes como Riverstone, Black Rock y Blackstone, tres de los fondos de inversión más grandes del mundo, están apostando fuerte al sector energético.

¿Qué hay detrás de este interés? La combinación de una economía estable, con relativamente buenas perspectivas de crecimiento y un apetito por invertir en mercados emergentes como el mexicano, donde además están subiendo las tasas de interés. Dicho atractivo, sin embargo, no se explicaría sin otros dos factores: 1. Que los contratos asignados en las rondas petroleras, así como las asociaciones de privados con Pemex y la CFE están blindándose de tal forma que no se puedan echar atrás, aun si gana un candidato como AMLO en 2018; y 2. Los representantes de estos gigantes financieros son viejos conocidos de México o han hecho negocios en el sector energético desde hace varios años.

La semana pasada, Blackstone Group, el mayor administrador de propiedades del mundo, anunció que planea construir su primera central eléctrica de gas natural en México para competir en el mercado eléctrico del país. La inversión se estima en 600 millones de dólares y se logró tras acordar con la Comisión Federal de Electricidad (CFE) el suministro a 20 años de cerca de dos tercios de la electricidad de la planta; el resto lo venderá al mercado mayorista.

Riverstone Holdings, la mayor firma de capital riesgo enfocada a energía, trae en la panza a Vista Oil and Gas, firma que busca convertirse en la primera petrolera privada en llegar a cotizar a la Bolsa Mexicana de Valores. El presidente de esta sociedad es Miguel Galluccio, ex director general de la argentina YPF, de la cual Carlos Slim se hizo accionista. El ejecutivo trabajó varios años en México, al frente de otro gigante de servicios petroleros: la francesa Schlumberger. Galluccio es un viejo conocido de Pemex y de su ex director, Emilio Lozoya.

Anteriormente Riverstone se asoció con Sierra Oil & Gas, la firma que se quedó con dos de los 14 bloques concursados en la primera licitación de la Ronda Uno. Para las siguientes fases, se alió con Carso Oil & Gas y Carso Energy, dos negocios de Carlos Slim, aunque no logró quedarse con ningún contrato.

BlackRock, la mayor administradora de activos del mundo y el principal inversionista institucional de la BMV, comenzó a hacer alianzas con Pemex en marzo de 2015, cuando acordó la compra de 45% de la segunda fase del gasoducto de Los Ramones II por 900 millones de dólares, su primera inversión en infraestructura en el país.

En octubre de ese año, Pemex y BlackRock firmaron la primera fase de desarrollo del Proyecto Golfo Centro y el Transoceánico para el transporte de gas natural. Ese mismo mes el gestor de activos cerró la compra de Infraestructura Institucional, un fondo de inversión que tiene una participación en Sierra Oil & Gas.

En BlackRock despacha Gerardo Rodríguez Regordosa, un viejo conocido del actual director general de Pemex, José Antonio González Anaya, con quien hizo mancuerna en la Secretaría de Hacienda. Por el contrario, el actual director de PMI Comercio Internacional, la subsidiaria de Pemex, es Isaac Volin, exdirector de BlackRock México.

Muchas inversiones y mejores relaciones de los representantes de estos poderosos fondos de inversión que, junto con petroleras como Eni, Total, Repsol, Shell, Lukoil, Chevron y otras, aprovechan la apertura del negocio petrolero, de gas y electricidad.

Interconexión cero. Ayer en Los Pinos, el presidente Enrique Peña Nieto y parte de su gabinete ‘celebraron’ el cuarto aniversario de la reforma de telecomunicaciones. Ahí estuvieron el titular de la SCT, Gerardo Ruiz Esparza; el secretario de Hacienda, José Antonio Meade, y el presidente del IFT, Gabriel Contreras. También estuvo el líder de la Canieti, Mario de la Cruz, y otros empresarios como Kelly King, CEO de AT&T en México. Vale la pena rescatar un par de frases del representante de AT&T, las cuales tienen que ver con un tema que preocupa a la industria y que va en contra del espíritu de la reforma: el cabildeo de las empresas de Carlos Slim con los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación para echar abajo la llamada “interconexión cero” que se aprobó en las leyes secundarias y que impulsó varias de las inversiones en el sector, entre ellas los 7.5 mil millones de dólares de AT&T. “La decisión de AT&T para ingresar al mercado mexicano fue resultado directo de la reforma de telecomunicaciones, el régimen asimétrico y la promesa de certeza a largo plazo que trajo este nuevo marco regulatorio. El compromiso del gobierno mexicano fue fundamental en nuestra decisión de invertir en México. Y confiamos que en las decisiones que están por venir, se seguirán cuidando los intereses de los usuarios”, sentenció King.

 

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