Lo que "Pepe Toño" y Peña no dijeron el sábado

Mario Maldonado

El sábado pasado, el presidente Enrique Peña Nieto y el director general de Pemex, José Antonio González Anaya, perdieron una oportunidad de oro para hablar de uno de los temas que mantienen a la empresa más grande de México estancada: la corrupción. Por el contrario, aprovecharon la conmemoración de la Expropiación Petrolera, en Ciudad del Carmen, Campeche, para mandar mensajes políticos. “Por irresponsabilidad, apostándole al aplauso fácil, o por desconocimiento”, hay quienes quieren echar atrás la reforma energética y las asociaciones con privados, criticó el presidente en respuesta a Andrés Manuel López Obrador, la principal amenaza del PRI de cara a 2018.

Así, acompañados de Carlos Romero Deschamps, uno de los personajes más cuestionados y oscuros de la historia de Pemex, a quien le paladea mostrar su riqueza, el Presidente y el director general de la empresa productiva del Estado omitieron hablar de uno de los escándalos que la tienen en la mira de las autoridades internacionales: el presunto pago de sobornos de la constructora brasileña Odebrecht a funcionarios de la petrolera mexicana. El asunto se vuelve más relevante cada vez que en el resto de los países (un total de 12, la mayoría latinoamericanos) se dan a conocer detenciones o se abren procesos en contra de los responsables, mientras que aquí las investigaciones fluyen a cuenta gotas.

El problema es que este asunto —como la mayoría de los que no dejan avanzar a Pemex— también es político, puesto que involucra a las dos administraciones anteriores: la de Emilio Lozoya y la de Juan José Suárez Coppel. Hay quien dice que el Presidente está esperando los primeros resultados de las investigaciones que lleva a cabo la Secretaría de la Función Pública, a cargo de Arely Gómez, y la Procuraduría General de la República, que encabeza Raúl Cervantes, para dar luz sobre el tema. El razonamiento es llegar a las últimas consecuencias si los 10.5 millones de dólares que presuntamente pagaron los de Odebrecht se los entregaron a funcionarios de Pemex durante la administración de Felipe Calderón, y relajarlas si fueron durante el tiempo en el que Lozoya encabezó a la empresa.

Lo cierto es que la administración de José Antonio González Anaya no quiere involucrarse directamente con la investigación. No necesariamente porque el actual director se lleve bien con el anterior (Pepe Toño es parte del equipo de Luis Videgaray, quien rompió con Emilio Lozoya previo a su salida de Pemex en febrero de 2016), sino porque el escándalo afecta a la empresa y fortalece a los adversarios políticos del PRI, principalmente a López Obrador.

Asimismo, hay otras señales de que Pepe Toño quiere evitar a toda costa confrontarse con la administración anterior. Por ejemplo, la venta de las plantas que compró Emilio Lozoya a Alonso Ancira (AHMSA) y a Fabio Covarrubias (Fertinal) por más de 530 millones de dólares, y que la Auditoría Superior de la Federación cuestionó, ahora está en entredicho. Lo mismo sucede con la venta de las aeronaves que adquirió Pemex mediante un acuerdo con la Secretaría de la Defensa Nacional, los contratos de arrendamiento de autos y camionetas y otras adquisiciones que se hicieron durante la administración pasada y que forman parte de la demanda de juicio político que diputados de Morena y el PAN pretenden emprender en contra del ex director de Pemex.

José Antonio González Anaya ha sido un eficiente administrador, como lo fue durante su paso por el IMSS, y entre sus logros están las asociaciones con la iniciativa privada (en Trión, el primer farmout logrado con una empresa privada; y con Chevron en un bloque de las licitaciones de la Ronda 1.4), así como su capacidad para lidiar con el recorte de más de 100 mil millones de pesos, casi 20% del presupuesto de la empresa, y darle la vuelta a la utilidad operativa de la empresa, que sumó 364 mil millones de pesos en 2016, como resultado de la reducción de los costos.

No obstante, esto no ha sido suficiente para sacar a Pemex de su crisis, la cual tiene que ver ciertamente con factores externos (como los precios del crudo a escala internacional y los acuerdos de producción de las potencias petroleras) e internos (como su sindicato, el uso político de sus recursos y la corrupción). Si la administración de Pepe Toño no actúa en casos como el de Odebrecht y reduce los privilegios del sindicato (Jubilado de Pemex gana más que Peña Nieto http://eluni.mx/2mS0taq) y de su líder multimillonario, pasará a ser una más en la que, por omisión, se dejó hundir a Pemex.

Twitter: @MarioMal

Correo: [email protected]

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios