El secretario que no creía en las amenazas de Trump

Mario Maldonado

Ildefonso Guajardo es uno de los funcionarios más leales a Enrique Peña Nieto. No importa si el humor social está a punto de ebullición, para el titular de la Secretaría de Economía siempre hay un buen momento de halagarlo. El lunes pasado, por ejemplo, atribuyó al Presidente la “rapidez con la cual se pudo llegar a consensos” con los empresarios para firmar el acuerdo que busca suavizar el impacto del gasolinazo, aunque la Coparmex terminó por echarle a perder la fiesta al quedarse fuera y criticar la medida por ‘improvisada’, ‘insuficiente’ e ‘incompleta’.

La relación de Guajardo con Peña Nieto data de varios años atrás, pero se estrechó durante su campaña a la presidencia de México, en la que encabezó la coordinación de vinculación empresarial; luego fue vicecoordinador de Política Económica en el Equipo de Transición y es secretario de Economía desde el inicio de la administración. Guajardo es un incondicional del Presidente y por eso permanecerá al frente la dependencia que renegociará el TLCAN y lidiará con las cancelaciones de inversiones y los impuestos fronterizos que planea aplicar Trump.

Sin embargo, Guajardo no ha sido acertado en muchas de sus decisiones ni en sus declaraciones en torno a la relación de México con Estados Unidos, principalmente de cara al nuevo capítulo de terror que se abrirá con la llegada de Trump a la presidencia el próximo 20 de enero. El titular de Economía era de los funcionarios que aseguraban que el Trump candidato no sería el mismo que el Trump presidente. “No es lo mismo ser res que carnicero”, solía decir con su acento regiomontano. Hasta que la realidad le chocó en la cara y el magnate comenzó a disuadir a empresas estadounidenses de invertir en México.

Cuando la fabricante de equipos de aire acondicionado, Carrier, anunció que no trasladaría a México su planta de Indiana, como se había planeado, Guajardo dijo que no se trataba de una política pública, sino de una “victoria pírrica” para Donald Trump. Esa decisión, inducida por el magnate, no restaría atractivo a México para seguir atrayendo inversión extranjera, agregó. Eran inicios de diciembre y el presidente electo de Estados Unidos comenzaba a cumplir sus amenazas de campaña, para sorpresa de muchos funcionarios del gabinete presidencial que, optimistas o ingenuos, creían que los acercamientos de Luis Videgaray con el yerno de Trump, Jared Kushner, apagarían el fuego al menos hasta la toma de posesión.

No obstante, el tercer día del 2017, Trump volvió a darle a Guajardo y al gabinete de Peña Nieto otra dosis de realidad y persuadió a la automotriz Ford de cancelar sus planes de inversión por mil 600 millones de dólares en una nueva planta en San Luis Potosí, México. En su lugar, la compañía invertirá 700 millones de dólares en la expansión de la planta en Flat Rock, Michigan.

Guajardo, quien como lo mayoría del gabinete se encontraba de vacaciones, salió a los medios al día siguiente a insistir en que era una decisión de negocio de Ford, asociada a un cambio en la demanda de autos en Estados Unidos. “La decisión de Ford no va a influir en otras empresas… no se producirá una reacción en una cascada”, repetía en las entrevistas, mientras Trump publicaba en Twitter que apenas era el comienzo de lo que estaba por venir.

Y así fue: Trump amenazó a GM con imponerle un gran impuesto si decide fabricar su modelo Chevy Cruze en México y a la japonesa Toyota si mantiene sus planeas de invertir mil millones de dólares en Baja California para producir el Corolla y exportarlo a Estados Unidos.

Contrario a lo sospechado por el secretario de Economía, las reacciones de otras automotrices comenzaron a fluir. El presidente de Fiat Chrysler, Sergio Marchionne, admitió que la empresa podría salir de México si los aranceles fijados por el gobierno de Trump son demasiado altos.

Vaya escenario que se está configurado para el encargado de liderar la renegociación del TLCAN con el equipo de Trump. Si bien Luis Videgaray será un actor protagónico en la revisión del acuerdo comercial más importante de México, su trabajo será más a nivel personal, buscando influir a través de las buenas relaciones con empresarios y políticos estadounidenses, entre ellos Jared Kushner, el yerno de Trump, quien lo felicitó cuando fue nombrado canciller.

Para suerte de todos, en las meses de renegociación participarán asesores como Jaime Zabludovsky, Herminio Blanco y Luis de la Calle, además de que se está conformando una delegación de empresarios como Armando Garza Sada, de Alfa; Alejandro Ramírez, de Cinépolis; Claudio X González, de Kimberly Clark México; Valentín Diez Morodo, del Comce; y otros que han hecho grandes inversiones en Estados Unidos para presionar al gobierno.

Posdata. Y mientras Donald Trump toma posesión como nuevo presidente de Estados Unidos, el 20 de enero, Ildefonso Guajardo estará del otro lado del Atlántico, en Davos, Suiza. Acudirá a la reunión del Foro Económico Mundial que será, seguramente, una de las más desangeladas de los últimos años, eclipsada por lo llegada al poder del mandatario que promete hacerle la vida de cuadritos a México.

Twitter: @MarioMal

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