‘Empresaurios’, ‘bisneros’ y ‘lores’

Mario Maldonado

Hace dos años, y luego de haber entrevistado a decenas de empresarios de todo tipo a lo largo de casi un lustro, me propuse escribir un texto sobre la nueva generación de hombres de negocios del país. Me intrigaba saber quiénes y cómo eran los emprendedores y empresarios que estaban haciendo las cosas de forma diferente en México, quiénes estaban revolucionado los sectores económicos con proyectos disruptivos y quiénes, aun heredando grandes compañías, estaban innovando para convertirlas en empresas más competitivas a escala global.

Por aquellos días, en una charla con Alejandro Legorreta, el CEO del fondo de inversión Sabino Capital y presidente del Value Investment Forum (VIF), hablamos del perfil de esta nueva generación. “Son empresarios más preparados, con mayor vocación social, que apuestan a la innovación como herramienta para competir; son más globales y se interesan por mejorar el ecosistema de negocios del país, pero a través de buenas prácticas”, elaboró Alejandro.

Ya en ese entonces traía en mente echar a andar proyectos que acompañaran el crecimiento de esta nueva generación de empresarios y, sobre todo, que contribuyeran a mejorar el entorno de negocios del país. Así, los emprendedores del presente –o sea, los empresarios del futuro–, tendrían mejores oportunidades para desarrollar sus startups.

Uno de estos proyectos comenzó a tomar forma hace un año y derivó en Opciona, “una organización de sociedad civil mexicana, apartidista e independiente, dedicada a construir ciudadanía para detonar el potencial de México”, de la cual Alejandro Legorreta es presidente.

Y precisamente de esta organización emanó un segundo proyecto que vio la luz hace unos días: el Corrupcionario (Grijalbo), un libro que compendia 300 términos y frases de uso común que describen e ilustran (con grandiosos cartones) “un fenómeno tan internalizado en nuestra sociedad como lo es la corrupción”.

“Se trata de un ejercicio de reflexión a través del humor”, me dijo ayer Alejandro Legorreta. “¿Cómo podemos hacer para llegar a la gente y hacerla consciente de que la corrupción está ‘en ellos, en nosotros, en todos’, y que tenemos que hacer algo para que no nos siga arrastrando como sociedad?”, se preguntaba. “Pues a través del humor”, concluyó hace no mucho durante un viaje con el actor Diego Luna, quien le propuso sumarse al proyecto.

“Coincido con los que dicen que la corrupción es un problema sistémico, un problema derivado de las acciones y decisiones diarias de millones de mexicanos. Si bien el presidente Peña se equivocó al llamarlo un problema cultural —grave cosa, porque habría que acabar con nuestra cultura para erradicar el problema—, sí creo que es un asunto de educación y convivencia; la ignorancia y la indiferencia se manifiestan una vez más como las enfermedades sociales más peligrosas que nos aquejan”, escribe Luna en el prólogo del libro.

Y ayer, precisamente, el presidente Peña Nieto volvió a soltar una frase casi digna del Corrupcionario: “(En materia de corrupción) no hay alguien que se atreva a arrojar la primera piedra. Todos han sido parte de un modelo que hoy se intenta desterrar y cambiar”, lanzó durante la inauguración de la Semana Nacional de Transparencia 2016.

Buena parte de la percepción de corrupción que tienen los mexicanos está relacionada con el gobierno y la clase política (definida en el Corrupcionario como las personas que “ni tienen clase ni hacen política, al menos no en beneficio de la ciudadanía), también está altamente ligada con la iniciativa privada.

O más bien con los ‘empresaurios’ (empresario anacrónico que coexiste con los dinosaurios de la política, con quienes comparte cadena alimenticia, formas y principios, empenzando por las corruptelas, moches y favores como forma de hacer bisnes); los ‘bisneros’ (personaje que se hace pasar por político o empresario, y que cree que para ser un hombre “de Estado” o “de negocios” basta hacer bisnes y negociazos a través de moches, palancas y demás actos de corrupción); y los ‘lores’ (mirreyes que, al ser captados en flagrancia en un acto ilícito, suben de rango a lores. Los hay de todos tipos: el Lord me la pelas, el Lord Ferrari, el Lord por tus huevos y, claro, el inolvidable y entrañable Lord Darth Vader).

“Por cada político corrupto hay uno o varios ‘empresarios’ corruptos”, dice Alejandro Legorreta. Qué bueno que así como definió aquella vez a los empresarios de la nueva generación, ahora les puso nombre a quienes se hacen pasar por hombres de negocios, disfrazados de ‘empresaurios’, ‘bisneros’ y ‘lores’.

100 AÑOS DE EL UNIVERSAL . Felicidades a EL UNIVERSAL por sus 100 años y a todas las generaciones de excepcionales periodistas que ha formado durante este primer siglo de vida.

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