Las FARC y esos malditos plebiscitos

Luis Cárdenas

¿No habría sido más lógico preguntarle al pueblo hace cuatro años si querían que se trabajara por un acuerdo en lugar del ridículo del domingo?

Desde antes de Poncio Pilato, echar las culpas al pueblo ha sido la mejor herramienta para deslindarse de responsabilidades gubernamentales, a fin de cuentas el pueblo es sabio, el pueblo es bueno y el pueblo no se equivoca, muy poco importa que el pueblo no esté educado, que pueda ser encausado mediante filias o fobias ideológicas o que no tenga la más remota idea de lo que se le consulta.

En el famoso Brexit, que nadie pensaba como una realidad, el sabio pueblo votó con el hígado, compró mentiras que nada tenían que ver con el asunto (como aquella de los millones de euros que se ahorrarían sin los inmigrantes luego del referéndum) y orillaron a Gran Bretaña a una de sus peores crisis económicas y políticas, seguramente David Cameron jamás consideró de forma seria la posibilidad de una derrota, en la calentura de la democracia se vale de todo con tal de ganar simpatías y popularidad… Hasta que llega la factura.

Una decisión de Estado, me dijo ayer Brenda Estefan, es una decisión DE (mayúsculas, sentido de pertenencia, propiedad, exclusividad) Estado, de Gobierno, de los representantes a los que se les paga y confía para tomar las decisiones difíciles, aunque estas sean impopulares pero siempre con la mira en el beneficio de las mayorías, asumiendo los costos y riesgos que éstas conllevan, sino ¿para qué carajos queremos entonces a un gobierno?

Sé que el planteamiento puede malinterpretarse y dar un salto ilógico hacia el fascismo y la dictadura, donde el pueblo no vale, donde la batuta es llevada por un enfermo de poder cuyos designios, por más irracionales que éstos sean, se vuelven realidad en contra de todos, pero, justamente por eso, existen divisiones de poder y órganos representativos, como el Congreso, para formar un equilibrio ante la tentación del poder absoluto.

Juan Manuel Santos llevó uno de los mejores acuerdos de Paz en la historia, luego de 52 años de secuestros, atentados terroristas y decenas de miles de muertos, la nueva generación de las FARC, que nació en la guerra, y la nueva clase política, que también nació en la guerra, llegaron a la conclusión de que la vía armada no era la solución para absolutamente nada, tardaron cuatro años, con la ayuda de La Habana y Raúl Castro, en proponer un esquema de penas alternativas, de que los menores reclutados regresaran a la vida pacífica, de que se desactivaran las minas antipersonales, de que se desarticularan sembradíos de drogas que sirven al crimen organizado, de que se buscara la vía política sobre las armas… Y todo se fue al carajo.

La negociación fue de Estado, los acuerdos fueron de Estado, las firmas, presentadas ante la ONU, fueron de Estado, ¿no habría sido más lógico preguntarle al pueblo hace cuatro años si querían que se trabajara por un acuerdo en lugar del ridículo del domingo?

Es el problema de usar los plebiscitos como herramienta de marketing.

DE COLOFÓN. Ayer, con Loret, de calle, ganó Ricardo Anaya en el debate, ¿no que sería un gran debatiente el priísta?

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