Grito abandonado

Luis Cárdenas

La capa caída siempre es la opción fácil pero, ¿que tal si después del ¡Viva México, cabrones!, nos dierámos cuenta de quiénes son al final los verdaderos cabrones?

Nuevamente una cena suspendida. A final de cuentas, ¿qué tanto nos importa que la élite del país deguste un manjar en el marco de nuestra independencia mientras pasa los bocados viendo fuegos artificiales?, ¿o será que de plano somos, nos piensan, tan mezquinos como para no soportar un banquete en el país de los 50 millones de pobres?, ¿le tienen miedo a Twitter?, ¿a los memes?

No hay cena de gala, hay niños de primaria, no hay cena de gala, hay un grito austero (adjetivo progre), no hay cena de gala pero habrá un gran ahorro para la arcas de la nación, ¿cuánto cuesta una cena, menos de un millón de los 239 mil millones del recorte?

Aunque Miguel Ángel Osorio Chong ha dicho que este no es el peor momento del sexenio (ojalá no vengan peores), este grito se le antoja a muchos un tanto depresivo, de capa caída, de poca credibilidad, de errores que no son errores sino decisiones incomprendidas, este grito se antoja abandonado, confiscado a la cicatería que busca la silla como una obsesión de 2018, parece un grito opaco, parece un grito donde no hay nada que festejar, secuestrado por el mal humor social.

Y sí, no les falta razón a los malhumorados: la economía, la inseguridad, los malditos narcos y los execrables corruptos, la desorientación del país, los desbocados y los obsesos del poder y los dejados del sistema y los antisistema populistas y los de la varita mágica que regurgita frijol con gorgojo y los revolucionarios de un mouse desgastado en likes que no moverán ni un muslo del sofá y los deprimidos y los depresivos y los que todo lo ven, los que todo lo vemos, mal... y los que no aplaudimos, sí, no les falta razón, sobran los pretextos para la postración y para la melancolía.

Pero a este país no se lo lleva el carajo aunque nos empecinamos en la jodidez. A pesar de todos los males somos la treceava economía y tenemos una influencia importante en el globo, la libertad de expresión existe a la mar, hay democracia, carísima e ineficiente, pero hay democracia, hay castigo, al menos moral, para los corruptos, hay un nuevo sistema de justicia penal, que tal vez se tarde dos décadas en dar frutos, pero que ha dado el primer paso, hay un turismo pujante, somos un paraíso aspiracional para el otro lado del planeta aunque se ubique más el nombre de Cancún que el de México en algunas remotas latitudes, sí, aunque nos gane el pesimismo también hay cosas buenas.

La capa caída siempre es la opción fácil, pegarle al gobernante, siempre inepto, siempre incapaz, siempre culpable, es la opción fácil, la del dogmático, la del maniqueo: ellos, los poderosos, son malos, yo, el ciudadano, siempre seré el bueno, la victimización (autovictimización), es la opción fácil.

¿Y que tal si después del ¡Viva México, cabrones!, nos dierámos cuenta de quiénes son al final los verdaderos cabrones?

DE COLOFÓN. Empezaron por la finca pero viene mucho más, buscarán (ya lo encontraron, dicen) en su pasado priísta un golpe tan fatal que lo mandará para siempre a La Chingada.

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