Escuela de valores

Heriberto Murrieta

El PVEM, que pretende prohibir a los niños ir a festejos taurinos, no sabe que el aficionado taurino suele ser una persona culta, preparada y mesurada

El Partido Verde Ecologista de México lanzó recientemente una propuesta para prohibir la asistencia y participación de niños en festejos taurinos y a la vez terminar con las academias de enseñanza del toreo. La politización oportunista del tema taurino sigue en aumento. Es una desgracia que la desinformación y las ideas equivocadas impulsen a este partido a promover un movimiento en contra de la Fiesta de los toros.

Cada padre de familia tiene el derecho de educar a sus hijos como mejor le parezca. El Verde desconoce que la Fiesta es una escuela de valores. La afición a los toros por lo general empieza en la niñez. Por supuesto que no deja de ser impresionante ver a un hombre frente al toro y observar la sangre que corre durante el festejo, pero si los niños cuentan con una orientación inteligente y sensible por parte de sus padres, se pueden convertir en los buenos aficionados del mañana.

Impedir la entrada a los menores de edad a las plazas de toros bloquearía el surgimiento de nuevos aficionados y posibles toreros. Los niños deben saber que el toreo no es una experiencia perturbadora, sino un espectáculo de gran belleza y contenido estético que exalta el valor, la creación artística, el sentido de competencia, la disciplina, el deseo de superación y un profundo respeto al toro.

El toreo no fomenta ni es un detonador de la violencia. No existe ninguna conexión documentada entre la afición a las corridas y la violencia. La violencia y la delincuencia proliferan en las calles por la desigualdad social, la corrupción, la inmensa cantidad de pobres, la falta de valores, la necesidad económica, la explosión demográfica y los malos gobernantes, no por la existencia de las corridas de toros. Los niños toreros no son asesinos en potencia. La Fiesta no es cruel, puesto que la crueldad supone placer en quien causa dolor y ni toreros ni aficionados disfrutan con el sufrimiento del toro (cohibido por cierto por la generación de betaendorfinas, según confirman diversas tesis veterinarias). El toreo no es sádico ni fomenta el maltrato animal. La corrida no consiste en lastimar al toro. El aficionado taurino suele ser una persona preparada, culta y mesurada, a diferencia de algunos anti taurinos, que en distintas ocasiones han agredido física y verbalmente a quienes difieren de su punto de vista.

Por otra parte, tampoco es buena idea acabar con las escuelas taurinas, donde se enseña la técnica y se pulen las cualidades de los principiantes. Lejos de aniquilarlas, lo que hace falta es crear más para que becerristas y novilleros tengan argumentos que les permitan crecer en la difícil profesión.

Las intenciones liberticidas del Partido Verde atentan pues, contra el derecho de los padres de llevar a sus hijos a los toros. Antes que pensar en la incongruencia ecologista de exterminar la raza del toro de lidia (que eso ocurriría si logran acabar con la tauromaquia), no sería mala idea que los ‘verdes’ se enfocaran en las terribles condiciones de muchos rastros certificados y clandestinos donde los animales viven en condiciones deplorables y se les mata, ahí sí, a mansalva, a diferencia del toro, que vive en las ganaderías a sus anchas durante cuatro años y tiene la oportunidad de ser indultado en la plaza.

 

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