La masacre de Iguala, por uno de sus protagonistas

Héctor De Mauleón

"Pateé a un estudiante y le pregunté quién los había mandado, me respondió y le marqué una X en la espalda con pintura de aerosol"

Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo, se convirtió en uno de los hombres más buscados por el gobierno de México cuando las declaraciones de varios miembros de Guerreros Unidos lo señalaron como jefe de sicarios del grupo criminal, y responsable del “operativo” que culminó con la desaparición de 43 estudiantes de la normal de Ayotzinapa el 26 de septiembre de 2014.

El Cepillo se escondió en Cuernavaca y luego se fue en un Estrella Blanca a Sonora. Agentes de la Patrulla Fronteriza lo detuvieron cuando intentaba internarse en Lukeville, Arizona. Su propósito era dirigirse a Iowa, donde radica uno de sus hermanos.

Ese hermano había huido a su vez de Iguala porque un jefe de La Familia Michoacana, El Perico, lo amenazó de muerte. Rodríguez Salgado dijo después que por aquella amenaza ingresó como halcón a Guerreros Unidos. De acuerdo con su relato, “mi hermano optó por irse a Estados Unidos, por lo que por ese motivo y para sentirme apoyado y para que no me hicieran daño los de La Familia Michoacana, decidí unirme a Guerreros Unidos”.

La Patrulla Fronteriza lo deportó sin advertir que había tenido en una estación migratoria a uno de los hombres más buscados de México. El Cepillo regresó al país por Ciudad Acuña. Un giro de 2 mil 900 pesos le permitió trasladarse a Morelos. Ahí lo detuvieron.

El 26 de septiembre de 2014, El Cepillo ocupaba, según su propia declaración —y la de varios miembros del grupo criminal—, uno de los principales puestos operativos de Guerreros Unidos: había pasado de simple halcón a jefe de sicarios desde que su organización arrebató a La Familia Michoacana el control de Cocula.

Entre sus nuevas responsabilidades, dijo, estaba la de detener y “entrevistar” a tripulantes de autos sospechosos. “Los llevábamos al monte. Ahí los entrevistábamos nuevamente para asegurarnos de que sí eran ‘contras’ y se le informaba a El Gil [el jefe de plaza] y éste daba la orden de matar… Quien se encargaba de las ejecuciones era Patricio Reyes Landa, alias Pato”, declaró.

Rodríguez Salgado relató que la noche de la tragedia, policías municipales le entregaron a un grupo de “detenidos”: “Dijeron que esos eran los ‘paquetes’ que nos iban a entregar”. Según su declaración, se trataba de entre 38 y 41 alumnos normalistas, que acomodaron en una camioneta, “unos boca abajo y otros de lado, formando una especie de torre”.

La declaración de El Cepillo se cuenta entre las más polémicas del expediente. Se halla consignada de este modo:

“Nos trasladamos al basurero de Cocula, y antes de llegar al basurero pateé a uno de los estudiantes que iba abajo de mí y le pregunté que quién los había mandado y me dijo: ‘Nos mandó El Carrete, de Cuernavaca’, y en ese momento le marqué una X en la espalda con pintura de aerosol”.

Una vez en el basurero, dijo Rodríguez Salgado, “me dirigí nuevamente al sujeto que marqué con la X y le pregunté quién lo había mandado y me contestó: ‘Nos mandó El Carrete, de Cuernavaca”. El Cepillo agregó que aquel estudiante le había confesado que El Carrete —líder de una organización rival, Los Rojos— le había pagado “al director de la escuela normal rural de Ayotzinapa para que en compañía de Los Rojos viniéramos a hacer desmadres a Iguala, y es por culpa de ellos que estamos aquí”.

“Le encargué al Pato que se hiciera cargo de todo, de entrevistas y de darles piso, y que destruyera todo, que lo quemara, celulares y pertenencias de los detenidos”, se lee en su declaración.

Antes de irse, relata El Cepillo, advirtió que “El Pato ya había acostado a cuatro detenidos y les disparó en la nuca, con su arma corta”.

El Cepillo se dirigió después a la casa del jefe de plaza, El Gil, quien, según dijo, se encontraba con el subdirector de la policía de Cocula, César Nava. Le comentó a Nava lo que el estudiante le había dicho y Nava respondió que “uno de los estudiantes que andaba haciendo desmadres en Iguala en una Urvan blanca también era de Los Rojos, igual que su hermano, que fue uno de los cuatro que mataron en Carrizalillos”.

La declaración de El Cepillo: una pieza más para aclarar o enredar el rompecabezas que es la tragedia de Iguala.

@hdemauleon

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