La mente de Benjamín Serment

Héctor De Mauleón

Benjamín Serment sentía aversión por su padre. Esto fue lo que confesó el hijo del cineasta León Serment durante la valoración siquiátrica a que fue sometido a su llegada al Reclusorio Norte, según el informe médico que se halla en poder de autoridades penitenciarias. “Mi padre no sabía lidiar con conflictos, sentía aversión al mismo”, declaró.

El caso Serment es oscuro, inquietante. Comienza la noche del pasado 27 de agosto, cuando el cineasta caminaba con su hijo y su esposa, Adriana Rosique, a un costado del Periférico: habían salido a acompañar a Adriana a las puertas de un Uber.

Benjamín relató que al volver a casa fueron asaltados por dos personas que golpearon despiadadamente a su padre. A la policía judicial le “brincó”, sin embargo, el hecho de que la víctima mostraba 46 cuchilladas —algo totalmente infrecuente en un asalto callejero.

A través de las cámaras de vigilancia, los investigadores pudieron establecer que, después de cometida la agresión, los asesinos, un hombre y una mujer, se dirigieron a dos cajeros automáticos a retirar efectivo, y adquirieron varios artículos con las tarjetas de la víctima en una tienda de conveniencia.

Para la Procuraduría, esto probaba que los agresores tenían en su poder el número de identificación de las tarjetas de León.

Veinte días más tarde se informó que Adriana, la viuda de Serment, se había suicidado. Su cuerpo apareció colgado de una ventana.

Benjamín Serment declaró que esa madrugada había salido de la casa para llevar a su novia a un hospital. De nuevo, una cámara de videovigilancia demostró que Benjamín no había asistido a hospital alguno: por el contrario, había deambulado con su novia por calles próximas a la casa.

La cámara captó, mientras tanto, que un hombre y una mujer abrían sin mayores obstáculos la puerta de la vivienda: Benjamín la había dejado entornada. El análisis del rostro de uno de los intrusos coincidía con el captado en la tienda de conveniencia. La conclusión se abrió paso: el asesino intelectual de León Serment y su esposa era su propio hijo.

Benjamín ha negado ser el asesino de sus padres. De hecho, en la valoración siquiátrica siguió sosteniendo que su madre era “finada por suicidio”.

Según este documento, Benjamín Serment tiene “antecedente de varios cuadros depresivos desde la adolescencia”:

“Refiere que tras mínimos estresores iniciaba con tristeza, anhedonia, sensación de minusvalía, alteraciones en el ciclo del sueño y apetito”. Estos episodios se prolongaban durante dos o tres semanas.

Refirió también “mala dinámica familiar”: en varias oportunidades sus padres lo corrieron de la casa. Hubo una crisis ocurrida hace año y medio, con motivo de la muerte de su abuelo, la separación de sus padres y el abandono de sus estudios de Química.

Este fue el cuadro: “tristeza, anhedonia, dificultad para centrar la atención y concentración, con ideas de minusvalía y culpabilidad, alteración del ciclo del sueño y apetito, cursando con episodios de ansiedad, llegando a presentar en diversas ocasiones crisis de pánico; con rumiación suicida, síntomas que agravaron gradualmente manifestando ideas de desesperanza, ideas de muerte y planeación suicida con cianuro”.

Tres meses antes del asesinato comenzó a asistir al siquiatra. Le diagnosticaron un nuevo episodio depresivo y le recetaron escitalopram y clonazepam. La respuesta, se lee en la valoración, fue parcial.

Benjamín Serment dijo que tras ser culpado del homicidio de su padre los síntomas se agravaron. Que sigue con ideas suicidas y tiene un plan semiestructurado, “pero comenta que dependiendo de su situación legal será que cometería el acto suicida”.

El informe asienta que “el masculino de 22 años de edad” se halla en mal estado de aliño, con la ropa rota y expresión facial de hostilidad, y aunque coopera parcialmente con el interrogatorio se muestra hostil ante algunas preguntas. Entre otros rasgos muestra “juicio disminuido, aspecto triste, poca resonancia afectiva, comprensión disminuida, lenguaje verbal emitido en tono, volumen y velocidad disminuidas y parcial conciencia de enfermedad”.

La valoración advierte que Serment padece un episodio depresivo grave, con un riesgo suicida alto, y recomienda “vigilancia estrecha”.

“Me sigo sintiendo muy mal, estoy triste, estoy aquí encerrado, ya lo planeé alguna vez y si me culpan y me sentencian lo único que puedo hacer es matarme, hay muchas maneras”, advirtió Serment a los médicos que lo valoraron.

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@hdemauleon

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