Dos personas saben bien lo que sucedió en Iguala

Héctor De Mauleón

La noche de Iguala —en la que desaparecieron 43 estudiantes de la Normal Rural de Ayotzinapa— tiene dos personajes cruciales. El jefe de sicarios de Guerreros Unidos, Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo, y el jefe de halcones de la misma organización, Patricio Reyes Landa, El Pato.

Estos personajes aparecen tantas veces en el expediente, que a veces parece más revelador lo que otros detenidos han dicho de ellos, que lo que ambos admitieron sobre sí mismos. Hay que tomar con pinzas la declaración de El Pato, pues comienza afirmando que lo torturaron el día de su detención.

La madre de Reyes Landa, por ejemplo, declaró a las autoridades (Tomo 8, foja 248 del expediente público) que luego de la detención de su hijo, y al estar haciendo las labores de limpieza de su casa, encontró dos envoltorios enterrados dentro de un bote de plástico “como de veinte litros”.

Como la mujer sabía que su hijo Patricio “al parecer se dedicaba a hacer cosas indebidas”, decidió llamar a la policía “para señalarles lo que había encontrado”.

En el bote había un arma de fuego, varios cartuchos, un cargador para pistola, “y lo que me parece son radio transmisores”, declaró la señora.

La mujer agregó que al descubrir aquello salió a la calle, detuvo una patrulla y mostró a dos agentes el hallazgo, para deslindarse “de cualquier responsabilidad en la que me pudieran involucrar”.

“Deseo encontrar la paz para mi familia y no quisiera que detuvieran a alguien inocente”, dijo.

La declaración tiene relevancia, porque un integrante de Guerreros Unidos, Jonathan Osorio Cortés, alias El Jona, relató que cuando la desaparición de los alumnos fue difundida en el noticiero de López Dóriga, los sicarios recibieron dos órdenes: quemar sus celulares “con todo y chip” en la casa de Patricio Reyes Landa, e ir a limpiar el lugar donde los alumnos habían sido incinerados (según El Jona: el basurero de Cocula).

El líder de Guerreros Unidos en la región, Gildardo López Astudillo, El Gil, declaró que conoció prácticamente al mismo tiempo a El Pato Reyes Landa, y a quien luego sería su jefe de sicarios: Felipe Rodríguez Salgado, El Cepillo. Dijo que antes de que todos se volvieran mafiosos solía comprarles a ambos cabezas de ganado bovino. Dijo que antes de ser reclutados, El Pato y El Cepillo se dedicaban algunas veces a la albañilería.

De acuerdo con El Gil, la noche del 26 de septiembre de 2014, los normalistas fueron entregados a El Cepillo en el lugar conocido como Loma del Coyote.

Jonathan Osorio Cortés declaró por su parte que el día de la tragedia, El Pato le mandó un mensaje para que fuera a su casa “porque le habían dado el reporte de que se habían metido los contras, es decir Los Rojos”, y que El Cepillo ordenó que los sicarios llevaran sólo “cortinas” (es decir, armas cortas).

Osorio Cortés ha dado una amplia descripción de las actividades que aquella noche habrían realizado El Pato y El Cepillo. Afirma en su declaración que vio llegar a El Cepillo a Loma del Coyote en una camioneta en la que venían varias personas que gritaban “que se estaban asfixiando, que les faltaba aire”, y que más tarde vio a El Pato interrogar a esas personas, preguntarles “en qué organización estaban”.

En esas declaraciones se ve a El Cepillo, jefe de sicarios, y a El Pato, jefe de halcones, conducir lo que según el único relato disponible hasta el momento ocurrió en Cocula: el asesinato y quema de los alumnos.

Otro miembro del clan, Agustín García Reyes, El Cheje, relató que al ser reclutado por los Guerreros Unidos el encargado de explicarle las reglas fue El Pato y que el encargado de pagar su sueldo solía ser El Cepillo.

Aquella noche El Pato fue a recogerlo y El Cepillo le ordenó: “Jálense para el basurero”.

Según El Cheje, El Pato fue uno de los encargados de bajar al fondo del basurero de Cocula a los estudiantes que aún estaban vivos.

En otra parte del expediente se lee que después de interrogar y asesinar al estudiante conocido como El Cochiloco, El Cepillo “se hartó y dijo que se retiraba… que se terminara el jale porque él tenía que reportar al jefe Gil lo que había pasado”.

Si estos documentos no mienten, dos personas saben bien a bien lo que sucedió en Iguala.

@hdemauleon, [email protected]

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