La Constitución está perdida, sin brújula

Héctor De Mauleón

Nadie sabe quién redacta, cómo se discute, ni cómo se llega a acuerdos. Cada uno de los miembros de la Secretaría Técnica jala por su cuenta

El texto preliminar de la Constitución de la Ciudad de México deberá ser presentado el próximo mes de junio por el grupo de 28 notables encargado de elaborarlo.

En ese equipo nombrado por Miguel Ángel Mancera el 5 de febrero pasado se encuentran, vale la pena recordarlo, Miguel Barbosa, Cuauhtémoc Cárdenas, Ana Laura Magaloni, Clara Jusidman, Marta Lamas, Miguel Concha, Alejandro Encinas, María Rojo, Ifigenia Martínez, Mauricio Merino, Juan Villoro, Francisco Valdés Ugarte, Pedro Salazar, entre otros. Los trabajos son coordinados por una Comisión Ejecutiva en la que están Manuel Granados, Porfirio Muñoz Ledo y Rogelio Muñiz.

Aunque los notables han logrado establecer, de manera general, un conjunto de temas —algunos de los cuales fueron dados a conocer el día de ayer en este espacio— no hay todavía una propuesta única, sobre la que todos estén trabajando.

Algunos de ellos se quejan de que a dos meses de la instalación del grupo no ha comenzado a redactarse formalmente un solo párrafo del proyecto que será presentado en junio.

La sensación de que se está perdiendo el tiempo en discusiones eternas, en las que se trata, por ejemplo, de definir qué es una Constitución, ha hecho que otros prefieran enviar desde sus oficinas sus propias propuestas. La queja general es que se habla mucho, se opina sin límites. No existe una metodología clara de trabajo.

Nadie sabe quién redacta, cómo se discute, ni cómo se llega a acuerdos. Por lo demás, cada uno de los miembros de la Secretaría Técnica jala por su cuenta.

Las reuniones, relatan los notables, consisten en una lluvia de ideas que se llevan a casa con la tarea de establecer grupos temáticos. Hasta el momento, la discusión se ha centrado en torno a una serie de derechos: a la vida digna y al bienestar social, al agua y al saneamiento, a la alimentación, a la vivienda, a la salud, a la educación y también al derecho de las familias, de personas en situación de vulnerabilidad, del derecho a la ciencia, a la innovación tecnológica y al desarrollo urbano equitativo y sustentable.

Otros temas presentes en la agenda son el de la protección a los animales, el derecho a la vía pública y los espacios públicos, a la movilidad humana sustentable y al desarrollo de pueblos y comunidades indígenas, así como de pueblos y barrios originarios.

De aquí al 28 de junio, los notables tendrán que desahogar una larga agenda, según la propuesta de calendario elaborada por ellos mismos.

En esa agenda quedan pendientes temas como el de las garantías (la exigibilidad y justiciabilidad de derechos), el régimen de gobierno, el pacto fiscal de la ciudad, la coordinación metropolitana, la procuración e impartición de justicia y seguridad ciudadana.

Falta definir también aspectos relacionados con la democracia directa y participativa, los organismos constitucionales autónomos, la organización política de las alcaldías, las relaciones laborales entre la ciudad y sus trabajadores, el servicio profesional de carrera y la transparencia y rendición de cuentas.

Quedan pendientes también el tema de las relaciones entre el gobierno de la ciudad y los poderes federales, la función electoral y la estabilidad constitucional.

Mientras tanto, los notables no han logrado redactar un solo párrafo definitivo del proyecto constitucional.

Por otra parte, los documentos de trabajo emanados de las sesiones se hallan cargados de derechos; brillan en cambio, por su ausencia, los deberes humanos: en esos documentos no existe atisbo de las obligaciones.

Quedan menos de tres meses. Existe el riesgo de que el proyecto que se presente el próximo mes de junio sea un simple compendio de buenas intenciones y correcciones políticas. Una más de las “ficciones legales” que habitan nuestra historia.

Lo mejor que podrían hacer Porfirio, Manuel Granados, Rogelio Muñiz y sus acompañantes es dejar de lado las disquisiciones técnicas y filosóficas. De lo contrario el proyecto de Constitución pinta para convertirse, según me escribió ayer alguien, no en un barco en el que vamos todos, sino en una lancha rápida hacia ninguna parte.

@hdemauleon

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