El evangelio en torno a Cocula

Héctor De Mauleón

Recuerdo el tiempo en el que era un pecado mortal dudar del evangelio del doctor Torero: quien no comulgaba con su “verdad científica” era lanzado de inmediato al infierno en donde arden los réprobos vendidos al poder.

El doctor José Luis Torero, lo recordará el lector, es el perito de la Universidad de Queensland que visitó 20 minutos el basurero de Cocula y, según las palabras de uno de sus más ardientes apologetas, concluyó “ante los ojos del mundo” —perdón por la redacción que se avecina, pero así escribe el apologeta—, “que en el basurero no fue incinerado ni los 43 estudiantes, ni un grupo importante, ni uno solo: ‘No hay ninguna evidencia que indique la presencia de un fuego de la magnitud de una pira para la cremación inclusive de un solo cuerpo’” (Newsweek en Español, 13 de septiembre de 2015).

No tardaron en aparecer científicos que dudaron de la versión del perito peruano. Uno de estos señaló que el informe del doctor Torero tenía tantas desatenciones “que si fuese un artículo científico y lo sometiera a una revista especializada sería ‘rechazado’”. Ese mismo científico señaló un “error fatal”: Torero se había equivocado al señalar la dirección del viento: la noche de la tragedia de Iguala el viento no había corrido de sureste a noroeste, como pretendía el peruano, sino rumbo al noreste.

Desde luego, también dichos científicos fueron lanzados al infierno en donde arden los réprobos vendidos al poder. Torero era la ciencia. Todos los demás, una pandilla de cadeneros.

El martes pasado, sin embargo, después de una investigación de más de un año, el Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF), cuyas conclusiones pondrían en graves aprietos la “verdad histórica” de la PGR (que sostiene que los alumnos fueron asesinados y calcinados en el basurero), logró detectar, en el mismo sitio donde según Torero no había “ninguna evidencia que indique la presencia de un fuego de la magnitud de una pira para la cremación inclusive de un solo cuerpo”, los restos de por lo menos 19 individuos “en estado de multifragmentación severa, y afectados en su totalidad por alteración térmica o exhibición al fuego”. Ahí, indican los forenses argentinos, fueron quemados los restos de muchas personas durante los últimos años.

Ignoro cuánto cobró el doctor Torero por su visita de 20 minutos, y por un dictamen que tan rotundamente contradice el propio EAAF. Después de esto, ¿Torero debería ser incluido en los nuevos peritajes del caso Iguala?

Para la PGR, por lo demás, la investigación del EAAF tiene visos de ser una bomba. Después de un año de recolectar datos, los forenses aseguran que en el basurero no hay evidencia científica de un incendio de la magnitud necesaria para calcinar los cuerpos de 43 personas, y afirman que tampoco hay elementos para relacionar los restos de los 19 individuos antes mencionados con los estudiantes desaparecidos.

El EAAF señala que en el lugar hay vegetación que empezó a germinar dos meses antes del supuesto incendio, y que la zona está llena de tocones en los que no hay signo alguno de fuego. Según ellos, no se ha encontrado tampoco evidencia que permita establecer algún tipo de correspondencia entre los restos hallados en el basurero y los procedentes de una bolsa extraída en el río San Juan. Ni siquiera la evidencia balística hallada en el lugar, afirman, coincide con las armas que los sicarios de Guerreros Unidos dijeron portar la noche en que desaparecieron los alumnos.

Si esto es así, la PGR está hoy contra las cuerdas y el expediente del caso Iguala contendría 150 tomos de fabricaciones y mentiras. Por lo pronto tenemos un conjunto de testimoniales que afirman que hubo una quema masiva en el basurero y un conjunto de pruebas que afirmarían que no.

Y mientras tanto, sin que nadie haya leído el nuevo informe, sin que nadie haya analizado los peritajes, se ha expedido ya un nuevo evangelio. Cuando la reportera María Idalia Gómez pidió pruebas de sus dichos a los expertos, recibió gritos y silbidos, muchos de los cuales venían de periodistas, sus propios compañeros. Gómez intentó hacer profesionalmente su trabajo, y los representantes del “periodismo compa” no dudaron en lanzarla al infierno en donde arden los réprobos vendidos al poder. ¡Aleluya, aleluya!

@hdemauleon

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