El parque flotante de Mancera

Héctor De Mauleón

A la “histórica” Avenida Chapultepec no le queda casi nada histórico: una veintena de arcos del antiguo acueducto colonial, y algunas casas en ruinas, de principios del siglo XX, que apenas alcanzan a ser contadas con los dedos.

A la “histórica” Avenida Chapultepec no le queda casi nada histórico: una veintena de arcos del antiguo acueducto colonial, y algunas casas en ruinas, de principios del siglo XX, que apenas alcanzan a ser contadas con los dedos.

Durante 130 años, la calzada por la que Maximiliano viajaba de Chapultepec al Zócalo antes de que se le ocurriera abrir un parque lineal llamado Paseo de la Reforma, ha sido sometida a destrucciones incesantes. Nadie movió un dedo nunca para impedirlo. Nadie se opuso jamás a la construcción, sistemática y minuciosa, de uno de los panoramas urbanos más hostiles y desoladores.

En esa avenida existen once carriles —imaginen el trabajo de cruzarla—, y sin embargo los autos marchan siempre a vuelta de rueda. De mañana, de tarde, de noche, los autos pasan por Chapultepec siempre a vuelta de rueda.

No tenía en la cabeza el infierno que es Avenida Chapultepec, hasta que el gobierno de la ciudad anunció que iba a convertirla en un parque lineal elevado y se desató en medios y redes una disputa aceda. En esa disputa ha habido opiniones razonadas e interesantes, preocupaciones ciudadanas legítimas, y también una inmensa serie de gritos, berridos y absurdos, enunciados por profesionales de las buenas causas y por gente a la que le dijeron que Miguel Ángel Mancera iba a empezar a vender la ciudad de México.

Todo esto me hizo salir a pasear por el tramo de Avenida Chapultepec que ahora nadie quiere perder: el tramo en que se construirá el polémico Corredor Cultural Chapultepec.

Así que salí por la glorieta del Metro Insurgentes, tomada desde hace años por vendedores de pornografía, y caminé hacia el poniente, donde se extiende ese abominable desastre urbano que en mis tiempos se llamó “la salida del Metro Chapultepec”.

No lo recuerdo con claridad. Pero a juzgar por el aspecto de la avenida, debió ser terrible lo que el terremoto del 85 hizo allí. Treinta años después hay un montón de lotes baldíos, un montón de estacionamientos y un montón de edificios que parecen cajas de zapatos a las que les pusieron ventanas. Esos baldíos, esos estacionamientos y esas cajas de zapatos suelen ser vestigios de lugares por donde pasó el temblor. En donde están esos mazacotes se alzó alguna vez una casa, un edificio.

Las pocas construcciones del principios del XX que se mantienen en pie, o están abandonadas y grafiteadas, o se han convertido en “bares” y fondas. O bien se encuentran en completa ruina (dos ejemplos patéticos, los números 376 y 378).

Algunas construcciones más ostentan la leyenda: “Este predio está amparado por SB” (Súper Barrio): es decir que las habitan “paracaidistas”. Uno atraviesa tiendas de pinturas, talleres mecánicos, locales de venta de refacciones, agencias de autos, un sanatorio, un hospital, alguna pastelería, una pollería… lo que se quiera. Pero uno atraviesa sobre todo estacionamientos, y bardas detrás de las cuales no existe nada, y casas en ruinas, y edificios que solo acentúan el desastre del paisaje.

Llama la atención la cantidad de predios vacíos: Chapultepec es una calle desperdiciada. Lo único que uno puede hacer al pasar por ahí es desear alejarse lo más pronto posible. Hablamos de un lugar para pasar, y no de uno para estar. Esa condición de las calles como sitios exclusivos para el tránsito nos ha hecho perder la ciudad.

He visto el proyecto, los planos, la maqueta de lo que quiere ser el Corredor Cultural Chapultepec. En esos documentos vi un plan ambicioso de renovación urbana dentro de una ciudad que pide a gritos ser renovada. Vi un kilómetro en el que habrá 61 mil 298 metros de espacio público, vi 23 mil 300 metros de áreas verdes, vi 28 mil 251 metros de nuevas banquetas. Vi canchas, gimnasios, mesas para jugar ajedrez, una sala de cine al aire libre, una biblioteca digital, huertos urbanos y árboles —como si el Bosque de Chapultepec, en vez de reducirse, se internara en lo gris de la ciudad. Todo esto sin cambiar el uso de suelo, porque lo que se construya seguirá siendo propiedad de la ciudad. Todo esto sin que la ciudad gaste un centavo.

No me parece que detrás se halle la intención disfrazada de volver la avenida un centro comercial. Los comercios ocuparán sólo el 18.5% del espacio y serán instalados sobre todo donde hoy existe un estacionamiento de la SSPDF.

Ignoro si el experimento va a resultar: me gustaría una Avenida Chapultepec diferente. En todo caso, el GDF debe abrirse a las inquietudes de quienes han lanzado propuestas inteligentes y presentado reparos ciudadanos legítimos. Podemos estar frente a una nueva forma de ocupar la ciudad.

@hdemauleon

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