¿No que pagaríamos menos de luz, presidente?

Elisa Alanís

¿Tanto lío para hacer a un lado a LYFC y al SME para seguir con las mismas prácticas y abusos? ¿Será como la promesa de que pagaríamos menos con la reforma energética?

Cuando Calderón extinguió Luz y Fuerza del Centro, y la Comisión Federal de Electricidad asumió la operación, se generaron expectativas de un mejor servicio.

Es frustrante cuando las esperanzas se esfuman. Cuando la corrupción e ineptitud de servidores públicos se materializan en injusticias.

La historia que escuché da coraje. Es de esas experiencias que se empecinan en hacer del día a día de millones de mexicanos una monserga.

“En 2014 el gasto por consumo de energía en casa fue de 550 pesos promedio al bimestre. La situación cambió en 2015, cuando llegó un recibo por 6 mil 570. ¡Lo de un año! Mi medidor se saltó de las ocho mil a las diez mil unidades. Acudí inmediatamente a la CFE que está en Arroz y Campesinos, Iztapalapa. Tomaron lectura. Lo revisarían. En junio llegó otro recibo. ¡Por el vataje que antes me cobraran 500 pesos, ahora fueron cerca de dos mil. Que por el consumo histórico! (En todo 2015 promediaron los 6 mil 570 pesos y quitaron el subsidio). Me informaron que debía cambiar de medidor. Para ello, necesitaba hacer una instalación especial. Cumplí las indicaciones. Seis meses después lo colocaron. ‘Usted no pague nada en lo que se arregla su asunto’, me dijo Yazbeth, la jefa de oficina. En el aparato nuevo coloqué un número asignado por CFE. Esta medida evitaría que me dejaran sin electricidad mientras pasaban 60 días, medían y hacían el ajuste. Llegó Lucía, una nueva jefa, y con ella un veredicto final: ‘No procede su queja. Pague todo lo que debe porque le vamos a cortar la luz’, sentenció. ‘Pero señorita, si ustedes me pidieron cambiar el medidor. He venido durante un año no menos de ocho veces, mientras determinan dónde estuvo la falla’, comenté. La respuesta de la empleada fue ‘¿Quién se lo dijo? Yo no, yo acabo de llegar. No aplica’”.

Hasta aquí dejo la narración de Lola. En su hogar, donde sólo viven ella de 77 años y su marido de 78, el audeudo asciende a más de 15 mil pesos. Ambos han sido ejemplares. Reciben su pensión de jubilados. Están dispuestos a pagar… lo justo.
 Yo pregunto:

¿Tanto lío para hacer a un lado a LYFC, al SME, tanto cacarear bondades de la CFE, para seguir con las mismas prácticas y abusos?

¿No aplica? ¿Pues qué es lo que sí aplica, señor director de la Comisión, Enrique Ochoa? ¿Qué puede hacer esta mujer de la tercera edad?

¿Qué dice la propuesta del presidente Peña? ¿La que acaba de firmar sobre justicia cotidiana?

¿Será como la promesa de que pagaríamos menos con la reforma energética?

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