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Lorenzo Córdova, Juan Molinar y la méndiga historia

Elisa Alanís

A Juan Molinar Horcasitas y a Lorenzo Córdova la historia no los recordará como los buenos académicos y consejeros electorales que fueron, que son, que pudieron ser

No es lo mismo Lorenzo Córdova que Juan Molinar Horcasitas. Obvio. Pero los dos han sido noticia en las últimas horas y tienen algo trágicamente en común: La historia no los recordará como los buenos académicos y consejeros electorales que fueron, que son, que pudieron ser.

Molinar pudo haber dejado este mundo siendo recordado por su libro El Tiempo de la Legitimidad. Espléndido texto de lectura y consulta obligada. O bien, por haber formado parte del idealizado Consejo General del IFE de la transición democrática. El famoso consejo del maestro José Woldenberg que tuvo la fortuna de nacer con la reforma que lo ciudadanizó y la suerte de consolidarse con el aceptado triunfo de la oposición. Mejor imposible.

Hasta ahí, el destino fue gentil. Pero, ni era tan ciudadano ese grupo, ni estaban tan dispuestos, algunos de sus miembros, a permanecer en el “clóset político”. Juan Molinar fue llamado por el canto de las sirenas del PAN en el poder.

Y ahí, marcó su epitafio.

En estos momentos le dan el último adiós. Murió de esclerosis lateral amiotrófica a los 59 años de edad. Los panistas están de luto y resaltan sus atributos. Sin embargo, revisando la información que de su muerte se escribe, sobresale el Molinar Horcasitas ex director del IMSS y titular de la SCT involucrado en la tragedia de la guardería ABC.

Libró el dictamen que sobre el caso había elaborado el ministro Arturo Zaldívar. Sólo Juan Silva Meza y Olga Sánchez Cordero se manifestaron a favor de esa investigación en donde se señalaba de manera clara a Juan Molinar, Daniel Karam y Eduardo Bours entre los funcionarios que vulneraron los derechos fundamentales de las víctimas. La Corte era la última esperanza para enfrentar la negligencia y el abuso de poder, dijo Zaldívar. No fue así.

Molinar libró cualquier responsabilidad por la terrible muerte de 49 pequeños en el incendio de aquel 5 de junio de 2009, pero no el juicio de la opinión y la memoria.

El destino de Lorenzo Córdova aún no está escrito, pero tendrá que cargar con el estigma de racista. Lorenzo, excelente académico, librepensador, de familia defensora de derechos humanos, heredero de la escuela de Turín, consejero, él sí, independiente (y por lo mismo golpeado), verá manchada su reputación democrática por las burdas ofensas conferidas a un dirigente indígena en una conversación privada, apropiada de manera ilegal.

Si somos arquitectos de nuestro propio destino, no siempre somos los mejores proyectistas.

La méndiga historia, que le llaman.

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