¿Qué rayos querían que hiciera?

Ciro Gómez Leyva

Subraya el pobre compromiso de políticos y partidos en el tema de la seguridad

Cuidadoso de no caer en la tentación de poner palomitas o taches, de redimir o condenar, Luis Astorga recorre los seis años del gobierno de Felipe Calderón con la solvencia y distancia de un sociólogo político de excelencia y entrega al conocimiento el primer gran libro, el primer análisis de verdad sobre la llamada guerra contra el narco, la guerra contra el crimen.

¿Qué querían que hiciera? (Grijalbo) es el título de este libro sobre la inseguridad y la delincuencia en México de 2006 a 2012. Y aunque Astorga (Sinaloa, 1953, especialista en el estudio del tráfico de drogas), advierte desde los párrafos iniciales que su trabajo no es exhaustivo, termina aportando con creces lo que prometió en la introducción: lo que ha habido y hubo entre el campo de la política y el de la delincuencia organizada, no lo que pudo haber sido y no fue.

Con una estructura suelta y atractiva, recupera las entusiastas palabras de los gobernadores y presidentes municipales a quienes las Fuerzas Armadas literalmente llegaban a salvarles la vida. Desmenuza el discurso presidencial y sus lemas capitales, como limpiaremos a México, liberaremos Michoacán, enfrentaremos a los criminales así sea con piedras. Hace un repaso crítico de la Estrategia Nacional de Seguridad, la Ley Antilavado, la Ley General de Víctimas... Se ocupa de Javier Sicilia y Ciudad Juárez; del aumento de la violencia homicida (“El balance es lamentable”), las luchas de las bandas criminales entre sí, los narcomensajes, la repartición de halagos y culpas.

Es muy duro y a la vez científicamente comprensivo con Calderón, a partir del criterio de que lo vivido esos seis años forma parte de un proceso complejo que implica nuevos aprendizajes. “Las decisiones presidenciales en asuntos de seguridad deben entenderse en su historicidad y no como ocurrencias”, detalla. Y luego de subrayar el pobre compromiso de políticos y partidos en el tema de la seguridad, acusa al Presidente de haber sobrevalorado las capacidades de las fuerzas federales: “Se esperaba una blitzkrieg, una guerra relámpago, y resultó una guerra prolongada con los horrores que conlleva; más corrupción, muertes violentas, detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas”.

¿Tenía otra opción el Presidente?, se pregunta recurrentemente a lo largo de 228 páginas. Quizá no, termina respondiendo, si se asume que su obligación era imponer la ley y someter a los criminales. De ahí el título, que retoma una de las muchas reacciones de Calderón ante los cuestionamientos por esta guerra: “¿Qué querían que hiciera? ¿Qué los saludara? ¿Qué los invitara a pasar? ¿Qué les llevara un café?”

El control más eficaz de la delincuencia organizada, concluye Astorga, se da en países autoritarios o en democracias avanzadas. México ya no era lo autoritario de antes, pero entre 2006 y 2012 seguía lejos de consolidar una democracia.
Un libro que hacía falta.

MENOS DE 140. Muy mal cayeron en ICA las palabras de El Bronco en contra de Bernardo Quintana por el asunto del acueducto Monterrey VI.

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