La policía que se quedó chaparra

Alejandro Hope

El país necesita una PF grande, pero eso cuesta más de lo que se le ha asignado en 4 años

Durante años, la Policía Federal (PF) no hizo sino crecer. En 2006, tenía 12 mil 907 integrantes. Para 2012, el estado de fuerza se había triplicado, llegando a 36 mil 940 elementos. El presupuesto siguió una trayectoria similar. Entre 2006 y 2012, los recursos dedicados a esa corporación casi se quintuplicaron en términos reales.

Esa fase de expansión, sin embargo, llegó a su fin en 2012. En los últimos cuatro años, el número de elementos ha crecido apenas 2.5%. Eso significa que hay apenas 900 policías federales más que al inicio de la actual administración. El presupuesto también se ha estancado: el gasto asignado a la PF es apenas 6% mayor en términos reales al de 2012.

¿Es necesariamente malo haber puesto un freno al crecimiento? No. La expansión acelerada en el sexenio de Felipe Calderón acarreó muchos problemas. Las capacidades administrativas de la corporación no crecieron al mismo ritmo que el presupuesto y el número de elementos. Por ejemplo, se hicieron comunes las historias de policías federales que no recibían viáticos durante meses y que tenían que pagar de su bolsa el alojamiento en un operativo.

Las capacidades de control interno también se quedaron atrás. Para 2013, la Unidad de Asuntos Internos tenía un rezago de 25 mil expedientes. Asimismo, se multiplicaron las anécdotas sobre corrupción y derroche en la PF.

En ese escenario, era tal vez necesario un periodo de consolidación.

El problema es que los años de crecimiento (casi) cero no han sido aprovechados para mejorar la calidad de la corporación.

Las dificultades administrativas persisten: en Acapulco, por ejemplo, la PF se tardó casi un año en saldar una deuda de 32 millones de pesos con los hoteles donde se hospedaban sus elementos.

Los instrumentos de control interno siguen siendo débiles. La Unidad de Asuntos Internos ha perdido plazas, su titular fue despedido de mal modo a principios de año y persiste un rezago importante en la atención de expedientes. No se ha creado tampoco ningún mecanismo de supervisión externa, a pesar de la existencia de varios proyectos en la materia.

¿Y la Gendarmería? Resultó una pantomima. Un número importante de sus 5 mil elementos provienen de otras divisiones de la PF. Está desplegada de manera similar al de la corporación en su conjunto y sus métodos de operación, como quedó de manifiesto en Nochixtlán, no son muy distintos al de otras unidades.

En resumen, tenemos una Policía Federal que ya no crece, pero tampoco mejora. Con ello, se ha cerrado la ruta más viable para sacar en el mediano plazo a las Fuerzas Armadas de tareas de seguridad pública.

Es indeseable reiniciar una expansión vertiginosa. Pero eso no significa que no deba haber un crecimiento gradual y sustentable de la corporación. Para nadie que siga el sector es un secreto que la PF está rebasada. Si necesita atender los bloqueos de maestros en Oaxaca, descobija a Guerrero. Si hay una emergencia en Tamaulipas, debe sacar elementos de Jalisco.

Esto no puede seguir así. El país necesita a una Policía Federal grande, potente, de alta calidad y sujeta a estrictos controles democráticos. Y eso, nos guste o no, cuesta más de lo que las autoridades han estado dispuestas a gastar en los últimos cuatro años.

EN OTRAS COSAS. Un dato del Cuarto Informe de Gobierno: en 2015, se presupuestaron 10.4 miles de millones de pesos para financiamiento conjunto (transferencias federales y gasto estatal) de programas de seguridad pública. De ese total, se gastaron sólo 7.7 miles de millones de pesos. Una muestra más de que nuestro problema de seguridad no es de dinero, sino de ideas, capacidad de ejecución y voluntad política.

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@ahope71

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