¿Y si Trump gana? (II)

Alejandro Hope

Si Trump se convierte en presidente de EU, la política exterior mexicana tendrá que adquirir un vigor que no le hemos visto en décadas

El lunes, listé algunas posibles consecuencias para México si Donald Trump se convierte en el próximo presidente de Estados Unidos. El escenario es profundamente desalentador, por decir lo menos. Si se materializa, el país tendría que tomar medidas defensivas de amplio calado (movilizar personal de seguridad a la frontera, desplegar recursos financieros para atender a migrantes deportados, etcétera).

Pero, probablemente, esas acciones no serían suficientes. El país podría verse obligado a jugar a la ofensiva, es decir, imponer costos a Trump por acosar a México y los mexicanos. ¿Cómo podría hacerse eso? Van algunas ideas:

1.— Diseñar represalias estratégicas: Trump se ha comprometido a imponer sanciones a México (restringir remesas, incrementar el costo de visas, establecer tarifas comerciales, etcétera) para obligarlo a “pagar por el muro”. Si lo hace, México debe tratar de responder, dólar por dólar. Por ejemplo, se podrían imponer aranceles compensatorios sobre algunos productos de Estados Unidos, estratégicamente seleccionados para golpear a sectores importantes para Trump y sus aliados. Además, las autoridades mexicanas podrían restringir el acceso a empresas estadounidenses en licitaciones de infraestructura o en subastas de petróleo y gas.

2.— Desplegar una estrategia judicial agresiva. El gobierno mexicano podría hacer uso de la justicia de Estados Unidos para proteger los intereses nacionales y a los migrantes mexicanos. Podría demandar a diversas agencias estadounidenses por violaciones a derechos civiles. Podría ayudar a ciudadanos mexicanos a demandar al gobierno de Estados Unidos por acoso. Asimismo, se podría llevar al gobierno de Estados Unidos ante paneles de arbitraje de la OMC y del TLCAN por la imposición de tarifas discriminatorias.

3.— Apoyar vigorosamente a las comunidades mexicanas y mexicano-estadounidenses. Esto podría incluir iniciativas que ayuden a los ciudadanos de origen mexicano a registrarse para votar y a los mexicanos con residencia permanente a convertirse en ciudadanos de Estados Unidos.

4.— Reducir la cooperación en temas estratégicos. El gobierno de México ha jugado un papel crucial en la contención de la migración de centroamericanos a Estados Unidos. Eso podría cambiar (rápidamente). En materia de combate al narcotráfico, podría reducirse la colaboración con agencias de Estados Unidos. El acceso de personal estadounidense a operaciones en México podría ser limitado y diversas extradiciones, bien seleccionadas, podrían retrasarse.

5.— Llevar la disputa al ámbito global. Las políticas propuestas por Trump no sólo perjudicarían a México, sino también a la mayor parte de América Latina. Y tampoco encontrarían muchos partidarios en Europa o Asia. Si se materializa la ofensiva prometida, México debería llevar su caso enérgicamente a organismos multilaterales. Una administración Trump debería ser obligada a pagar un costo diplomático por complacer a sus seguidores.

Todas estas ideas pueden resultar desatinadas, contraproducentes o francamente inviables. Pero hay un hecho indudable: México no se puede permitir el lujo de ser la piñata de Donald Trump durante ocho años, ni permanecer cruzado de brazos si millones de compatriotas al norte del Río Bravo son objeto de acoso sostenido. Nos guste o no, si Trump finalmente se convierte en presidente de Estados Unidos, la política exterior mexicana tendrá que adquirir un vigor que no le hemos visto en décadas.

EN OTRAS COSAS. Tres alcaldes asesinados en diez días. El caso más reciente, en Huehuetlán, Puebla. Los tres atentados tienen lógicas distintas, pero todos surgen de la misma fuente: la debilidad estructural de las instituciones municipales.

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