Cuando usted lea este artículo ya estaremos en el 2016. Cuando usted lea este artículo, España seguirá con la misma incertidumbre política que el pasado año. Cuando usted lea este artículo, muchos españoles seguiremos pensando que los resultados de las elecciones celebradas el pasado mes de diciembre, han sido negativos para todos. El panorama que se abre es tan incierto como ominoso.

En España, lamentablemente no tenemos políticos de altura. Es triste reconocerlo, pero es así. Tres de los cuatro líderes de los partidos políticos que obtuvieron mayor número de diputados —Mariano Rajoy, del Partido Popular; Pedro Sánchez, del PSOE; Pablo Iglesias, de Podemos— siguen remando hacia su vereda y poco les preocupa lo que vaya a pasar con España. El presidente en funciones, Mariano Rajoy, y el líder del PSOE, Pedro Sánchez, obtuvieron los peores resultados en toda la historia de sus respectivos partidos políticos.

La pérdida de más de 60 diputaciones por parte del PP y la sangría de 20 del PSOE, hubieran sido motivo suficiente para que ambos líderes hubieran dimitido esa misma noche. Sin embargo, no sólo no ocurrió eso sino que horas más tarde de saberse los nefastos resultados, tanto Rajoy como Sánchez dijeron que volverían a presentarse si hubiera una repetición de elecciones y, desde luego, continuarían siendo los jefes de sus respectivas “tribus”.

La indignidad, la obstinación por el poder y, en definitiva, de conservar sus puestos de trabajo —de ellos y de todos sus correligionarios, que son muchos— están muy por encima de la buena gobernación de España.

Pero no sólo eso. En ambos partidos todos siguen en sus puestos como si no hubiese que depurar responsabilidades. Y el colmo de la falta de vergüenza política y personal es que las cabezas más conspicuas del Partido Popular y del PSOE no reconocieron los negativos resultados. Algunos llegaron a decir que no habían sido tan malos. Seguramente los que quieren conservar su escaño de diputado o su silla en el ejecutivo de alguna de esas fuerzas para ganarse el pan, entre otros motivos, porque sólo saben hacer eso y además lo hacen mal.

Con Podemos de extrema izquierda y su líder Pablo Iglesias, se observa el ansia del asalto, no a los cielos, como dijo Iglesias en algún mitin de manera poética, pero sí al Palacio de la Moncloa. Para ello tienen que dinamitar a su enemigo, que no es la derecha de Rajoy, sino el propio PSOE, que su desgaste es tan notorio como latente.

Iglesias pide como condición para investir al actual líder socialista Pedro Sánchez como presidente del gobierno, que los catalanes puedan decidir si quieren seguir perteneciendo al reino de España o, por lo contrario, buscan la independencia. Esa es la única línea roja que ningún partido quiere atravesar.

El socialista —presionado por su partido— ha dicho que está dispuesto a negociar muchos asuntos, excepto la unidad territorial del Estado español. Y esto lo ha hecho forzado por importantes socialistas que tienen mucho que decir. Pedro Sánchez hubiera pactado hasta eso. Sin embargo, sabe que de embarrarse en un asunto tan delicado, su liderazgo en el partido desaparecerá más rápido que unos dulces a las puertas de una escuela. De hecho, el liderazgo de Pedro Sánchez al frente del PSOE está tan cuestionado que no sería extraño que la actual presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, le sucediera en breve.

Hubiera deseado desde el primer momento una depuración de políticos del Partido Popular y del PSOE. Hubiera deseado que hubieran reseteado su democracia y sus ideales internos. Pero no ocurrió nada de eso, porque eso de mandar debe ser muy goloso.

El único que hasta ahora está teniendo una alta visión política es el joven Albert Rivera y su partido Ciudadanos. Es el único que dice que está dispuesto a apoyar un gran acuerdo entre PP, PSOE y su propia fuerza política para dar estabilidad a España. Sin embargo eso, a los oídos socialistas, es como hablarle a una pared.

El Partido Socialista quiere llegar a la Moncloa por encima de España. Sabe que no tiene mas que esta oportunidad y no la va a desaprovechar.

Rajoy quiere seguir en la Moncloa por encima de todo y hará lo indecible por perpetuarse cuatro años más, aunque para ello tenga que sacrificar reformas y leyes que no saldrían por un parlamento tan fragmentado.

Pablo Iglesias, por encima de todo, quiere asaltar la Moncloa y para eso busca que se repitan los comicios electorales, algo muy posible si no se llega a un gran acuerdo para investir a un presidente.

A Iglesias y su partido Podemos le vendría muy bien esa repetición de las elecciones.

Su partido podría fagocitarse a los socialistas embarrados en quistes y corruptelas para convertirse en el auténtico adversario político del Partido Popular y de Mariano Rajoy que se revuelve contra quien sea para que nadie cuestione su lánguida capacidad de liderazgo.

Es un auténtico rompecabezas que lo único que está consiguiendo es que el inversionista y los mercados vuelvan a recuperar el miedo de invertir en un país como España, que salía poco a poco de su recesión. Al final, cuando usted lea este artículo, la única víctima será la ciudadanía española.

alberto.pelaezmontejos@gmail.com Twitter @pelaez_alberto

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