Cooperación futil

Nouhad Mahmoud

El presidente Barack Obama, el activista brillante y el líder carismático, no podrá escapar de su histórica responsabilidad en la catástrofe siria

La guerra se está librando en y alrededor de Aleppo. Se trata de romper el sitio de la parte este de la ciudad más grande de Siria. Las fuerzas de Bashar al-Assad y sus aliados, apoyados por un bombardeo aéreo intenso de la fuerza aérea rusa, lograron su objetivo de rodear la sección tomada por los rebeldes, amenazando con hambruna a un cuarto de millón de civiles.

Los rusos fueron rápidos en anunciar una iniciativa humanitaria al abrir cuatro corredores para que salga la población sitiada, garantizándole un salvoconducto. El movimiento ruso fue recibido con escepticismo y llamadas a poner la operación bajo los auspicios de las Naciones Unidas. Nada fue materializado, especialmente con la ausencia de un alto al fuego entre los combatientes.

La situación fue revertida el pasado fin de semana, cuando los rebeldes pudieron abrirse paso a través de las líneas de las fuerzas del régimen en el suroeste de Aleppo, abriendo el camino a la parte oriental y amenazando el largamente tomado Aleppo occidental con un contrasitio. No está claro si los rebeldes pueden sostener sus nuevas posiciones y por cuánto tiempo, considerando las 600 incursiones de aviones rusos y sirios sobre la ciudad durante el fin de semana. Una vez más Aleppo parece ser decisivo en el duelo. Su destino tendrá un impacto en la guerra siria en este episodio.

Durante todo el tiempo de las intensas batallas, las conversaciones ruso-estadounidenses se estaban llevando a cabo sin tener efecto sobre el terreno ardiente en Siria. Mientras sirios y rusos estaban golpeando Aleppo de manera indiscriminada, incluyendo ataques a seis hospitales en y alrededor de la ciudad, el secretario de Estado de EU, John Kerry, se estaba preguntando sobre los corredores humanitarios rusos y si son un truco. Amenazó diciendo que “tiene el riesgo de romper completamente el nivel de cooperación entre los dos países”. Esto en momentos en que la gente ve en el discurso ruso una pantalla para sus continuas acciones y planes militares.

La administración de Obama parece estar determinada a seguir jugando al tonto en su trato con los rusos en Siria, y todo vino en detrimento de la población siria que ha pagado hasta ahora con medio millón de muertos y 10 millones de desplazados en su propio país y en el extranjero. El presidente Obama, el activista brillante y el líder carismático, no podrá escapar de su histórica responsabilidad en la catástrofe siria.

No apoyó a la oposición considerándolos terroristas o un grupo de amateurs que no pueden confrontar un ejército extenso y profesional, apoyado por milicias experimentadas. Los hechos demostraron que estaba equivocado. Solamente la intervención rusa en septiembre de 2015 salvó al régimen de Al-Assad.

No reaccionó en contra de la intervención iraní masiva, ni contra la movilización de miles de combatientes de Paquistán hacia Líbano, rompiendo todas las reglas en desafío a las resoluciones del Consejo de Seguridad.

Se opuso a la creación de zonas seguras para los refugiados dentro de Siria, de tal manera que sus crisis está ahora amenazando la seguridad y el equilibrio social en países vecinos y lejanos.

Tomó una posición neutral respecto a una intervención rusa determinada y decisiva y luego envió a John Kerry para comenzar negociaciones inconclusivas, que sirvió como una pantalla diplomática para las acciones militares rusas hasta este momento. Concedió al presidente ruso Vladimir Putin pleno poder en Siria, prediciendo que iba a quedarse atrapado en su atolladero, probándose nuevamente equivocado.

A la oposición siria se le negó el apoyo moral, político y militar. Nunca pidieron “botas estadounidenses sobre el terreno”, aun cuando los rusos tienen ahora 4 mil militares en tierra en su base en Latakia.

Defendiendo en un principio su ‘legado’ de retirar tropas estadounidenses de zonas de guerra en Afganistán y el Medio Oriente, se encontró actualmente, y debido a las circunstancias, enviando miles a Irak y algunos cientos, hasta ahora, a Siria.

A pesar de sus continuos contactos y conversaciones con Moscú, el presidente Obama ha expresado últimamente sus preocupaciones sobre un acuerdo duradero con su contraparte: “No confío en que podamos confiar en los rusos de Vladimir Putin… siempre que estás intentando llegar a cualquier tipo de acuerdo con un individuo como ese, o un país como ese, tienes que ir con algo de escepticismo”. Lo dijo cuando su administración estaba negociando con el gobierno de Putin sobre un plan para compartir inteligencia y coordinar bombardeos aéreos en contra del Estado Islámico y otros grupos militantes de la oposición siria, una jugada que debilitará aún más a los rebeldes y dará más poder al presidente Al-Assad, sin ninguna garantía de invertir esta buena voluntad en un proceso político.

Supuestamente en este mes debía verse un borrador para una nueva Constitución siria, y algunos avances diplomáticos, pero el enviado especial de las Naciones Unidas para Siria, Staffan de Mistura, dijo la semana pasada que apuntaba a convocar una nueva ronda de negociaciones de paz hacia finales de agosto, silenciosamente borrando la fecha límite anterior del primero de agosto, con el fin de alcanzar un acuerdo para una transición política.

Las negociaciones ruso-estadounidenses están consumiendo tiempo preciado sin resultados concretos en el terreno, debido a la diferencia en la agenda para ambas partes. Los estadounidenses quieren encaminar el diálogo sirio sin ofrecer el necesario apoyo a la oposición. Los rusos están comprometidos en apoyar al régimen de Al-Assad en lograr sus objetivos militares, lo cual dará lugar a un hecho consumado y a una solución “política” de acuerdo al gusto de Al-Assad.

Mientras tanto, ambas súper potencias están fingiendo concentrar su lucha en contra del terrorismo. Interesantemente, el mundo estaba preocupado algunos años atrás por un grupo sombrío llamado Al-Qaeda. Ahora estamos enfrentando grandes ejércitos de milicias sectarias y nacionalistas que están deambulando sin control sobre territorios en el Levante y el norte de África con mayor poder y amenazas cada día.

El autor fue embajador de Líbano en México entre 1999 y 2011

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