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Texto y fotografía actual: Carlos Villasana y Ruth Gómez
Diseño web: Miguel Ángel Garnica
Después de dedicarse a la venta de pan duro, en 1954 don Javier bautizó a su primer carrito nevero como "Javiercito". Lo cargó con nieves de arroz, fresa, mamey y melón para salir a vender a las calles de la colonia Tránsito, en la ciudad de México. Él procuró enseñarle a sus hijas el oficio, pero a ninguna le apasionó como para dedicarse a ello; sin embargo, su nieto Jorge, entonces de nueve años generó un gran interés por aprender el trabajo de su abuelo, a quien solía acompañar en el carrito nevero.
Jorge, hoy de 42 años, se describe como un comerciante. Cuando alcanzó la mayoría de edad tuvo que tomar las riendas del negocio nevero porque don Javier cayó enfermo. Un día, su abuelo le dijo que se sentía mal y que era su decisión, si él quería, seguir con el carrito de nieves. Así lo hizo durante los siguientes 14 años.
"Mi ruta eran las escuelas cercanas a los negocios de pescado de La Viga, luego me iba a pasear entre las calles de Xocongo, Boturini, Topacio y Taller. Mi carrito cargaba cuatro kilos entre helado y nieve, más el peso del hielo, la tina de madera mojada y, a veces, alguna de mis hijas. Era un tipo sidecar y era el mismo que utilizaba mi abuelo. Antes de que falleciera, me dijo que de herencia me iba a dejar dos botes de nieve para que viviera de eso si yo quería, y mírame, así fue", relata para EL UNIVERSAL.
Así, la imagen comparativa muestra a don Javier en compañía de "Javiercito", su carrito nevero, en uno de sus recorridos para la venta de nieves del año 1954. Tiempo después, "Javiercito" sería utilizado por Jorge, su nieto, para seguir la tradición familiar.
Jorge recuerda que poco a poco sus nieves se iban haciendo del gusto de la gente, tanto así que lo empezaban a buscar en los lugares donde usualmente se estacionaba. Alegremente comparte que antes de que él llegara a una esquina ya había gente formada esperándolo y que le hacían señas para que se "apurara".
Los domingos se estacionaba frente a la taquería El Abanico, también en la colonia Tránsito, donde los comensales lo buscaban para "el postre". Narró que un día, en el que no se pudo dar abasto con las largas filas que lo esperaban, se dio cuenta que ya no era suficiente deambular con su carrito y que necesitaba un lugar donde la gente llegara. Motivado y emocionado por el gusto de la gente hacia sus nieves se decidió a rentar un local.

Son los años ochenta y el señor del carrito de las paletas y helados "Ray's" recorre los alrededores del Bosque de Chapultepec haciendo sonar sus campanitas para atraer clientes. Inolvidable e inconfundible sonido, todo un clásico. ¿De qué tiene? Crédito: Col. C. Villasana/R. Torres
Nieves Jorge
A partir de mucho esfuerzo y sacrificio, Jorge abrió su nevería. "Al principio pensé ponerle el nombre de mi abuelo, pero una vez él me dijo: ‘cada quien tiene su sazón, su mano’. Entonces mejor le puse Nieves Jorge, porque respeto tanto sus nieves que no le podía poner su nombre a algo que no es lo mismo", dijo. Sin embargo, la fotografía de su abuelo ocupa un lugar principal en una de las paredes del establecimiento.
Su clientela creció como espuma y la integran conocidos de su abuelo, aquellas personas que lo buscaban en las calles, nuevas personas que pasan de casualidad por la colonia, así como los comensales ocasionales de la taquería El Abanico, pues ahora son vecinos.
Incluso, la charla con Jorge fue constantemente interrumpida por taxistas que pasaban rápidamente por un raspado para refrescarse o que simplemente tocaban el claxon para saludar, a lo lejos, a la familia.

Jorge en compañía de su familia. 2016
Para la elaboración de una de sus nieves, Jorge se lleva aproximadamente 90 minutos y, siguiendo los consejos de su abuelo, le pone mucha fruta, "porque es todo lo que le da sabor y color". Ofrece 24 sabores de nieves con recetas propias y de su abuela, como la de melón, zapote o sandía. De acuerdo con él y su familia en temporadas de calor las más solicitadas son las de sandía o tamarindo.
Tras diez años de estar establecidos, el negocio se ha ampliado en cuanto a su oferta de productos, por lo que sí los visitas en la calle Francisco J. Clavijero #220, en la colonia Tránsito podrás encontrar nieves, paletas, 42 sabores de helados, raspados, sangrías preparadas, flotantes, nieve de mango con chamoy y postres. Pues como Jorge lo dice: "Cuando ya tienes un local debes de tener variedad. Siempre adecuarte al tiempo".

La tradición de hacer nieves de sabor lo dice claro: tienen que ser a mano, muy dulces y en barriles con hielo. Esta imagen es de marzo de 1984 y vemos a trabajadores de la nevería El Güero.
En una zona con varios locales de comida —y otro de nieves— Jorge no se siente amenazado ni en competencia, porque "todos los que tenemos localitos tenemos clientela y todos le damos trabajo a más gente, y eso es lo bueno", mencionó.
Jorge se despidió de EL UNIVERSAL diciendo que "todas las colonias están definidas por lo que hace su gente y también la colonia marca quién eres. Yo sé que estaba destinado a ser nevero, porque no hubo otra cosa que me gustara más".
Fotografías antiguas: Nieves Jorge, Colección Carlos Villasana Torres y Archivo EL UNIVERSAL.
Foto principal: Nevero de los años 70. En su carrito de la empresa Ray´s luce un letrero que dice: “NO SE ACEPTAN DÓLARES” . Archivo EL UNIVERSAL.
Fuente: Nieves Jorge.
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