Propuesta a Denise Dresser

Sara Sefchovich

En una entrevista reciente, la politóloga Denise Dresser habla de la tarea que se ha impuesto a sí misma: luchar contra lo mal gobernado que está México, contra la corrupción y a favor de la rendición de cuentas y la transparencia.

Para lograr esos objetivos, no quita la vista de lo que hacen el Presidente y el grupo que lo rodea, los legisladores, los partidos, el Ejército y la policía. A todos ellos los encuentra responsables de lo que sucede, desde por no hacer leyes adecuadas hasta por no respetar los derechos humanos, desde por ser corruptos hasta por ser ineficientes. Y los denuncia una y otra vez.

Sin embargo, me llama la atención que no habla de la sociedad, como si ella no tuviera que ver con esto. Por allí alguna vez dice “la población”, para referirse a los ciudadanos.

Que se pueda separar a nuestros gobernantes y políticos de la sociedad es muy grave. Significa no reconocer de dónde salen las maneras de comportarse que tanto criticamos. Y sobre todo, que tanto queremos modificar.

Porque los funcionarios, burócratas, policías y jueces no salen de la nada. Salen de nuestra sociedad, están entre nosotros, son nosotros. ¿Nos hemos preguntado cómo nos comportaríamos si estuviéramos en el escritorio del funcionario, en una ventanilla de atención al público o con el poder de un uniforme y una pistola al cinto?

Tenemos la costumbre de decir que el otro no cumple, es corrupto, miente, no respeta la ley, desperdicia agua o tira basura. Nunca vemos nuestra parte en este modo social de funcionar.

Pero ¿quién puede tirar la primera piedra de que nunca hizo o aceptó corrupción?, ¿de que nunca desobedeció la ley o la interpretó como mejor le acomodaba? ¿de que nunca engañó en su trabajo, escuela, familia?

Para que las cosas sean como son en nuestro país, es porque existe un piso social que las sustenta, una práctica socialmente compartida y aceptada y firmemente establecida que lo permite. Como dice Ariel Dorfman: “Los modelos de comportamiento no se encuentran flotando en una entidad abstracta y lejana, (sino que) anidan en esto que somos nosotros mismos”.

De nosotros sale el empresario que consigue facturas falsas para bajarle a sus impuestos, el vecino que se cuelga de la luz para no pagar su recibo, el comerciante que adquiere mercancía de contrabando porque es más barata, el empleado que tapa a su compañero cuando falta al trabajo, el futbolista que engaña con su edad para estar en el equipo, el taxista que lleva colgada en el espejo del auto la identificación para el chofer de la unidad que sin embargo no es él, el contador que encuentra maneras para engañar al fisco, el pobre que no quiere responder a la encuesta con la verdad sobre sus ingresos para que no lo saquen de los programas del gobierno, y el rico que tampoco quiere responder con la verdad para que no le cobren lo que corresponde.

¿Cuántos se amparan en la oscuridad de la noche para quemar basura? ¿O dan mordida para que pongan su expediente hasta encima y aceleren su trámite? ¿O mienten sobre el origen de su dinero, sobre si tienen un vicio y hasta sobre sus intenciones de voto?

En una encuesta, sólo 14% de los ciudadanos dijeron que había que ser “respetuoso de la ley” y ellos mismos consideraron que “entre el 80 y 100% de los ciudadanos son corruptos”.

Entonces no nos engañemos. Como bien dice una cantante de moda: “Este edificio no se construyó solo. Todos en mayor o menor medida hemos hecho que la situación de México esté como está”.

De modo pues que si bien es muy importante vigilar y denunciar a los de arriba, si queremos resolver el problema de fondo, tendríamos que empezar desde abajo. Sin eso, simplemente cambiarán los funcionarios, pero todo seguirá igual: la corrupción, el mal gobierno y hasta la delincuencia en sus muchas modalidades.

Escritora e investigadora en la UNAM.

[email protected]
www.sarasefchovich.c om

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