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Bienvenida embajadora, disculpe el tiradero

Mario Melgar-Adalid

Señora embajadora Roberta Jacobson:

Hoy llega finalmente a nuestro país después de un largo proceso, tan largo que tengo que recordar que el último enviado del gobierno estadounidense a México fue Anthony Wayne hace casi un año. Los mexicanos deben celebrar que la embajada esté nuevamente ocupada, dado lo complicada de la agenda bilateral.

No piense que es queja o reclamo, los mexicanos tampoco han estado muy eficaces en la designación de embajadores en EU. Primero quedó vacante la embajada mexicana en Washington. Había que nombrar ministro de la Suprema Corte al embajador y aunque cientos de miles se opusieron a la utilización de la Corte como trampolín u oasis político (ni cuotas, ni cuates), el embajador Medina Mora se convirtió en ministro.

Diez meses sin embajador es mucho tiempo, pero es explicable por la oposición a su candidatura de algunos senadores republicanos, particularmente del senador Marco Rubio, que no le gustó su gestión para reanudar la relación de EU con Cuba.

Pues ya está aquí y debe celebrarse. Le decía que perdone el tiradero, esto significa algo así como sorry for the mess. Se lo digo porque usted viene precedida de una bien ganada fama de conocedora de América Latina, tanto así que ocupaba la posición más elevada en el Departamento de Estado sobre Asuntos Latinoamericanos. Tuvo cercanía con México en 2002, cuando fue directora de asuntos mexicanos y luego vio cuestiones relacionadas con el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN).

Me refiero a su experiencia latinoamericana porque en Estados Unidos se cree que México es Latinoamérica. Ustedes ven esta región como un costal a donde pueden meter a los países caribeños, a los centroamericanos y a los sudamericanos como si fueran papas de la misma familia. No es quitarle a México su tradición latinoamericanista, pero México está mucho más cerca de Estados Unidos que de Argentina, Chile, Paraguay o Uruguay que comparten rasgos y geografía comunes. Más cerca de Texas, mucho más que de Perú o Bolivia y no se diga de los países que representan la izquierda histórica y descarriada: Venezuela, Brasil, Ecuador, Nicaragua y hasta Cuba.

México está más cerca de Estados Unidos que de Brasil con quien muy pocas cosas compartimos, salvo la corrupción de los gobiernos y de sus funcionarios.

Llega en un momento importante. Por primera vez México está en la agenda política de Estados Unidos, lo que no es motivo de orgullo mexicano. Apenas antier en Alburquerque, Nuevo México, ondearon banderas mexicanas en una protesta política contra Trump. Mala estrategia de los manifestantes ondear banderas extranjeras. ¿Qué sucedería en México si algunos manifestantes ondearan la de las barras y las estrellas? El candidato republicano volvió a referirse a los mexicanos como criminales.

Muchos preguntan ¿por qué Donald Trump?, pero la pregunta debería ser ¿Porqué se tardó tanto? El mundo ve desde hace años múltiples versiones de Trump: los opositores a la migración en Europa, como el Partido Popular Danés, Marine Le Pen en Francia, también con una política xenófoba y antimigrante. La derecha en Austria toma ideas de Hitler para parar la inmigración y proteger la identidad cultural y la paz social. Trump no es nuevo, estaba dormido.

Bienvenida a México embajadora Jacobson, todos en México esperamos se ubique al lado de buenos embajadores de Estados Unidos: Jeffrey S. Davidow, John D. Negroponte, Tony Garza y Anthony Wayne. Del otro lado, el de los villanos, están varios: Henry Lane Wilson, que instrumentó el golpe y asesinato de Francisco I. Madero, y John Gavin. En el siglo XIX, al inicio de nuestras tormentosas relaciones, Joel R. Poinsett, que lo único bueno que dejó fue el nombre que le impuso a la flor de nochebuena que se encontró en Taxco, Guerrero.

En algún momento de nuestra historia atribuíamos a los embajadores estadounidenses poderes sobrenaturales. En la novela de Martín Luis Guzmán, La sombra del caudillo, después de la masacre en Huitzilac, el diputado Axkaná González escapa, llega a la carretera y es salvado nada menos que por el embajador Dwight W. Morrow que lo sube a un enorme Packard. La figura es clara: Estados Unidos salva lo que queda de la Revolución Mexicana.

Ahora no es tan dramático el escenario, pero la realidad mucho peor. Espero que tenga una larga y fructífera gestión en México. Digo larga porque si gana Trump, quién sabe a quien manden o si manden representante de EU ante este país, más cerca de Estados Unidos que de Latinoamérica.

Miembro del SNI.

@Dr.MarioMelgarA

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