México y el mundo

Leonardo Curzio

Dos datos de esta encuesta me inquietan (y mucho) porque ambos reflejan una tendencia contra intuitiva (en plena y creciente globalización y movilidad internacional) a encerrarnos en nuestra propia realidad

¡Tenemos ya la nueva entrega de la muy esperada encuesta “México, las Américas y el Mundo”, que publica periódicamente el CIDE! Son muchos los datos que pueden espigarse de este ejercicio, por tanto su consulta es muy recomendable. Empecemos por lo más positivo. Son numerosas las tendencias que permiten celebrar que en los últimos 10 años se ha consolidado en nuestro país una sociedad moderada, razonable y estable en sus opiniones sobre la vinculación de nuestro país con el exterior. Me alegra, por ejemplo, comprobar que se conserva aquello que habían detectado encuestas anteriores. Uno de los más impresionantes es el apoyo mayoritario de la población a la idea de usar el poder suave (y en especial la cultura y la lengua) para proyectarnos en el exterior y también me parece celebrable que a pesar del parroquianismo del debate político nacional seguimos siendo un país receptivo a lo que viene del exterior.

Sin embargo, nada es perfecto. Dos datos de esta encuesta me inquietan (y mucho) porque ambos reflejan una tendencia contra intuitiva (en plena y creciente globalización y movilidad internacional) a encerrarnos en nuestra propia realidad. El primero tiene que ver con la reducción del contacto que los mexicanos tenemos con el exterior. En el espacio de 10 años, es decir entre 2004 y 2014, se redujo (para mi sorpresa) en ¡11 por ciento! el número de compatriotas que viajan al exterior. Habrá que ver las estadísticas de salidas del país, pero la tendencia parece clara. En 2014 solamente 1 de cada 5 connacionales pudo viajar a otros países, lo cual se explica por muchas razones, pero también explica muchas otras. Es verdad que entre los líderes el número de personas que ha salido sube al 91 por ciento, empero la cifra de quienes no tienen contacto allende las fronteras sigue siendo reducido. A la par de los viajes también se redujo el llamado contacto indirecto con el exterior. Cae, por señalar un caso, el número de mexicanos que declara tener parientes viviendo en el exterior (¿inversión de los flujos migratorios?) e incluso se contrae el número de familias que reciben remesas.

Siguiendo esta tendencia a retrotraernos de lo que ocurre fuera, también se encoge el porcentaje de ciudadanos (45 por ciento) que se muestra interesado en temas internacionales. Matizo y preciso por aquello de que (según algunos colegas) tenemos públicos muy atentos a lo nacional y desatentos a lo internacional. Mi experiencia como conductor de noticias es que los círculos bien informados no discriminan por región, sino por relevancia temática. En otras palabras, no es que lo nacional apasione y lo internacional se descarte; simplemente hay información relevante y otra contextual. Ahora bien, no llevo agua a mi molino y reconozco que en este caso las audiencias que se dicen atentas a lo local suben al 60 por ciento, es decir 15 por ciento más que en el primer caso. No sé bien cómo interpretar que 4 de cada 10 mexicanos no estén atentos a la información (ni nacional ni global) pero bien visto, no está mal que cerca de la mitad de la población encuestada muestre interés en temas internacionales en una sociedad que experimenta pocos contactos directos e indirectos con el exterior. Sólo por contextualizar, la mitad de los encuestados no sabe qué es la UE (Unión Europea) y cerca del 30 por ciento no sabe qué es la ONU (!!!!).

Con tan pocas interacciones con el exterior es comprensible que buena parte de la población no tenga parámetros para evaluar cosas que impactan en su calidad de vida, como la eficacia y modernidad de la infraestructura y la calidad de los servicios.

La cultura, decíamos antes, sigue siendo muy valorada por el mexicano para proyectarse al exterior y además el orgullo de pertenecer a una cultura carismática es muy elevado. El 90 por ciento, por ejemplo, considera que el orgullo de ser mexicano se debe reflejar en hablar bien español. Tampoco está mal recordarlo en estos tiempos en los que nuestras élites se solazan despedazando la lengua con una palabrería pueblerina y plúmbea en la que abundan los barbarismos, algunos tan innecesarios como “un vuelo libre de humo” (en vez del castizo se prohíbe fumar) “correr por la presidencia” (en vez de postularse) o “checar migración” que hace daño a los oídos, cuando podríamos decir algo tan elemental como revisión de pasaportes.

Felicito a Guadalupe González, David Crow, Jorge Schiavon, Gerardo Maldonado y Rodrigo Morales (www.lasamericasyelmundo.cide.edu).

Analista político

@leonardocurzio

TEMAS RELACIONADOS
Guardando favorito...

Comentarios