El fin de la globalización sin identidad nacional

José Luis de la Cruz Gallegos

La salida de Gran Bretaña de la UE ha confirmado que la mayor parte de su sociedad no percibe los beneficios de pertenecer a la misma

El proceso de integración y globalización ha sido cuestionado desde una nación que durante siglos engendró connotados economistas y gobiernos que impulsaron e impusieron el libre comercio y la integración económica.

La salida de Gran Bretaña de la Unión Europea ha confirmado que la mayor parte de su sociedad no percibe los beneficios de pertenecer a la misma, su apuesta es que podrán estar mejor si recuperan el pleno control político y económico de su nación.

Sin lugar a dudas que detrás del resultado del Brexit se encuentra un intenso trabajo político de grupos nacionalistas que aprovecharon el mal desempeño económico de la Unión Europea: desde 2007 la recesión y el bajo crecimiento han ocasionado un retroceso en el bienestar de los británicos.

La migración de extranjeros hacia la Gran Bretaña también ha mermado las oportunidades de encontrar un trabajo digno para una parte de la población, particularmente para la de menores ingresos.

Lo anterior se combinó con el hecho de que Gran Bretaña estaba en la Unión Europea pero sin adoptar al euro como moneda. Desde un inicio sus autoridades optaron por mantener un margen de autonomía, un escape ante la eventualidad de que las cosas no salieran bien para la Unión. Dicho escenario se convirtió en realidad.

Como en otras naciones desarrolladas, la brecha entre los segmentos de menores y mayores ingresos se ha ampliado, implicando una disminución de la clase media, la que genera estabilidad social en cualquier nación.

El desencanto por la globalización no es privativo de Gran Bretaña. De acuerdo al Premio Nobel de Economía Angus Deaton “la globalización que ha rescatado a muchos en los países pobres ha dañado a algunas personas en los países ricos” ( Do we need to rethink the Robin Hood principle?).

El cuestionamiento social al modelo que durante los últimos 40 años impulsó a la globalización comenzó en los países menos desarrollados; sin embargo, sus planteamientos permanecieron marginados al ser considerados como voces de un pasado nacionalista o proteccionista atrasado, que no tenía cabida en la modernidad de la globalización económica.

El resultado en Gran Bretaña, el ascenso de Donald Trump y del mismo Bernie Sanders en Estados Unidos, que seguramente propiciará cambios en la plataforma política de Hillary Clinton, del avance ciudadano en España y el nuevo gobierno en Canadá muestran que las naciones desarrolladas tienen una población que, desde diversos ángulos, cuestiona el modelo de globalización aplicado.

A diferencia de lo que ocurre en los países menos desarrollados, que no tienen un sistema democrático pleno, en el caso de las naciones antes citadas se tendrán que aplicar cambios que tomen en consideración la opinión ciudadana.

Sin lugar a dudas que veremos un incremento de voces que llamen a la separación. Francia, Escocia e Irlanda del Norte ya han comenzado a sentirlo. En el primer caso la corriente de ultraderecha desea que el país galo se salga de la Unión Europea y en los otros dos la apuesta es para abandonar la Gran Bretaña. El tiempo dirá cómo terminan estos procesos y cuántos más se agregan. Algo es evidente, se avecinan tiempos de cambio e incertidumbre.

La incidencia sobre los mercados financieros, el comercio internacional y la economía global no será menor. Tan sólo Estados Unidos tiene una profunda relación con la Unión Europea, si esta última entra en una crisis mayor se frenará el intercambio con los estadounidenses.

Para el caso de México hay varios mensajes. El primero es que terminó la época de pensar que los tratados comerciales resolverán lo que no hace una política económica orientada al desarrollo interno productivo y generador de buen empleo. El segundo es que se debe considerar la opinión de la sociedad, es parte de la democracia.

El tercero es que el mayor efecto de lo que ocurre con Gran Bretaña no será directo, llegará a través de los mercados financieros y de Estados Unidos, seguramente con un menor crecimiento de dicha economía.

Finalmente el mensaje de fondo es que México debe reconsiderar su estrategia de integración global, la apertura romántica irrestricta terminó. Los países con los mejores resultados utilizan el comercio internacional y la vinculación económica para engrandecer a su nación, no sólo para ser parte de las Cadenas Globales de Valor.

Director del Instituto para el Desarrollo Industrial y el Crecimiento Económico

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