Evolución de la planeación gubernamental

Jorge A. Chávez Presa

A la memoria de Tomás Torres Mercado, gran amigo y compañero de la 58 Legislatura, que inesperadamente nos dejó. Mi más sentido pésame a su familia.

 

¿Hay algo bueno que esté haciendo la administración del presidente Peña Nieto? Definitivamente sí, y se está haciendo en materia de planeación para el sector de energía del país.

Con un perfil muy bajo y en eventos austeros en exceso, en las últimas dos semanas la Secretaría de Energía ha hecho públicos dos planes fundamentales para el desarrollo económico del país. El Plan Quinquenal de Expansión del Sistema de Transporte y Almacenamiento Nacional integrado de Gas Natural y el Plan Quinquenal de Licitaciones para la Exploración y Extracción de Hidrocarburos, ambos para el periodo 2015-2019.

De no haberse abolido con la revolución energética los monopolios de Estado en la exploración, producción y transformación de los hidrocarburos, así como en la industria eléctrica, las intenciones y planes para desarrollar nuestro sector energético estarían guardados como secreto de Estado. Era un sinsentido concentrar todos los riesgos de abastecimiento de energéticos en dos monopolios, aunque fueran del Estado, y más aún sujetar el crecimiento de las actividades de energía a la misma restricción presupuestaria que a la educación pública y salud.

La importancia, tamaño y la extensión territorial donde se extiende la economía mexicana, demanda la participación de muchos jugadores que compitan para poder desarrollar mercados que hagan competitivas al resto de las actividades productivas que más contribuyen al crecimiento y generación de empleos. Los productores en los mercados energéticos, por requerir montos importantes de inversión en infraestructura, requieren del Estado información valiosa y relevante que permita procesos interactivos entre el gobierno federal, los estados y los participantes de la industria, para actualizar los planes y así tomar nuevas decisiones o ajustar decisiones. Y eso es lo que pretenden estos planes quinquenales.

La transformación y desarrollo del sector energético sólo puede lograrse si hay buenos ejercicios de planeación por parte de quien tiene la rectoría, esto es el Estado mexicano. La planeación es un insumo fundamental para lograr buenos resultados y con ello alcanzar o reafirmar la confianza y la credibilidad gubernamental.

La planeación tiene que ser realista, y por ello, la nueva planeación gubernamental que se hace en el sector energético contempla ajustarse cada año a una realidad cambiante con un horizonte de cinco años hacia adelante. Esta es la gran diferencia que tiene la planeación en el sector energético y que difiere, afortunadamente, a la de la Ley de Planeación que data del 5 de enero de 1983. Recordemos que esta ley, la cual sobresale por su obsolescencia, rige a la planeación de la administración pública federal.

La Ley de Planeación se hizo para un México que ya no existe. Pensada como un instrumento para llevar a cabo la planificación centralizada, que en ese entonces pudo haber tenido sentido, pues el Estado era propietario de los medios de producción que contribuían con cerca del 38 por ciento del PIB, en la actualidad no le sirve a los gobiernos del siglo XXI.

Desde luego que el gobierno federal debe hacer planeación, pero no con un marco jurídico caduco. Desde hace ya varios lustros la Secretaría de Energía ha venido preparando las prospectivas de energía eléctrica y de gas natural, entre otras, con horizontes de 10 años de planeación ajustadas cada año, para ir determinando necesidades de demanda que debían ser correspondidas por la oferta determinada a su vez por los monopolios de Estado.

El gobierno del presidente Peña Nieto tiene la gran oportunidad de dejar como legado una administración pública moderna, sensible a las demandas de la población en servicios fundamentales como educación a todos los niveles, salud, procuración de justicia, por citar sólo algunos donde hay una gran insatisfacción. Si tan sólo para estas funciones a las que se destina la mayor parte del presupuesto de egresos, hubiera planeación moderna como la que hay ahora en el sector energético, el gobierno federal podría mejorar su desempeño. Y algo aún más importante, mostraría que sí tiene el interés de reducir las carencias en educación y salud, las cuales forman parte de la medición multidimensional de la pobreza que se hace en México.

 

Economista.

@jchavezpresa

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